¿Qué significa el nombre Elías?

El nombre hebreo אֵלִיָּהוּ (Eliyyahu) puede expresarse como “mi Dios es YHWH” o “el Señor es mi Dios”. Su propia identidad resume el conflicto de su ministerio. Israel no discutía únicamente acerca de prácticas religiosas; debía decidir a quién reconocería como Dios y de quién esperaba lluvia, fertilidad, justicia y vida.

En el Nuevo Testamento su nombre aparece en griego como Ἠλίας (Ēlías), según el texto crítico vigente. La forma griega conserva la memoria del profeta en relatos como la transfiguración, las referencias de Jesús a la viuda de Sarepta y las comparaciones con Juan el Bautista. Elías se convierte así en figura de continuidad entre la ley, los profetas y la proclamación del Reino, aunque no debe confundirse con Juan, tema ya desarrollado en otro artículo del portal.

¿De dónde era Elías?

1 Reyes 17:1 lo llama “Elías tisbita, de los moradores de Galaad”. La localización exacta de Tisbe es discutida, pero Galaad se encontraba al oriente del Jordán. La narración no ofrece genealogía, nombre de sus padres ni relato de vocación. El profeta entra abruptamente ante Acab con una palabra sobre la sequía.

Ese comienzo concentra la atención en el mensaje, no en el prestigio familiar. Elías comparece “ante” el Señor y, por esa razón, puede comparecer ante el rey. La autoridad profética no procede de la corte ni de una institución que controle su palabra; nace de haber sido enviado por Dios.

¿En qué contexto histórico desarrolló su ministerio?

Elías actuó en el siglo IX a. C., durante la dinastía de Omrí y, de manera especial, el reinado de Acab. Israel experimentaba expansión política, urbanización y vínculos internacionales. El matrimonio de Acab con Jezabel, princesa sidonia, fortaleció alianzas fenicias y acompañó la promoción del culto a Baal.

Los libros de Reyes interpretan aquella política desde la alianza. El problema no era el contacto cultural en sí, sino la sustitución del Señor y la institucionalización de una lealtad rival. Baal era asociado con tormenta, lluvia y fertilidad. Por eso una sequía anunciada por Elías cuestionaba directamente la supuesta capacidad del dios patrocinado por la corte.

Marco Referencia bíblica Importancia para Elías
Reinado de Acab 1 Reyes 16:29–34 Expansión oficial del culto a Baal
Sequía 1 Reyes 17–18 Confrontación sobre lluvia, fertilidad y soberanía
Persecución de Jezabel 1 Reyes 18–19 Amenaza contra profetas y crisis de Elías
Injusticia contra Nabot 1 Reyes 21 Dimensión social y política de la profecía
Sucesión de Eliseo 1 Reyes 19; 2 Reyes 2 Continuidad de la misión más allá del profeta

La perspectiva de Reyes es teológica, pero no por ello indiferente a la historia. Inscripciones y arqueología iluminan la importancia de la casa de Omrí y sus relaciones regionales, mientras el texto bíblico evalúa la dinastía según su fidelidad al pacto. Una lectura madura escucha ambas clases de evidencia sin reducir la narración a crónica política ni separarla de su mundo real.

¿Por qué Elías anunció una sequía?

Elías juró que no habría rocío ni lluvia sino por su palabra. Deuteronomio había presentado la lluvia como bendición de la alianza y la sequía como consecuencia de abandonar al Señor. El anuncio confronta a Acab en el terreno donde Baal parecía más poderoso.

La sequía no debe convertirse en fórmula para explicar todo desastre climático como castigo específico. En 1 Reyes cumple una función narrativa y pactual concreta. También alcanza al profeta y a personas vulnerables, de modo que el relato no trivializa sus efectos. Dios sostiene vida en medio de la crisis, primero junto al arroyo Querit y luego en Sarepta.

¿Cómo fue alimentado junto al arroyo Querit?

El Señor ordenó a Elías esconderse junto al Querit. Allí bebió del arroyo y recibió pan y carne por medio de עֹרְבִים (orevim), generalmente traducido “cuervos”. Cuando el arroyo se secó, la palabra divina volvió a ponerlo en camino.

La escena enseña dependencia. El profeta capaz de enfrentar al rey no controla el agua ni su siguiente provisión. Debe recibir sustento mediante criaturas consideradas poco honorables y aceptar que un refugio temporal no es destino permanente. La espiritualidad profética incluye escuchar cuándo quedarse y cuándo partir.

¿Por qué Dios envió a Elías a Sarepta?

Sarepta pertenecía a Sidón, región vinculada con Jezabel y con el culto a Baal. Allí Dios dispuso que una viuda alimentara a Elías. La paradoja es intencional: fuera de Israel, en territorio asociado con la religión rival, una mujer empobrecida responde a la palabra y experimenta provisión.

La viuda posee apenas un puñado de harina y un poco de aceite. Elías no llega como benefactor autosuficiente; necesita su hospitalidad. A la vez, comunica la promesa de que la harina y el aceite no faltarán. Profeta y viuda quedan vinculados por una dependencia que desarma fronteras de poder, nacionalidad y género.

Cuando el hijo muere, la mujer protesta y Elías lleva su dolor ante Dios. La oración no es distante: pregunta, clama y se identifica físicamente con la vida amenazada. La restauración del niño confirma que el Señor da vida incluso en territorio atribuido a Baal. Hebreos 11:35 recordará a mujeres que recibieron a sus muertos mediante resurrección, tradición que incluye este episodio. Un estudio reciente analiza esa recepción de 1 Reyes 17 en la esperanza de Hebreos. https://doi.org/10.1177/0142064X241304361

¿Qué papel desempeñó Abdías en la historia?

Abdías era mayordomo de Acab y temía profundamente al Señor. Durante la persecución de Jezabel escondió a cien profetas en cuevas y los alimentó. Su presencia evita una oposición simplista entre un único héroe fiel y una nación totalmente apóstata.

Elías sirve desde la confrontación pública; Abdías protege vidas desde una posición dentro de la administración. El relato no declara idénticas sus estrategias, pero reconoce la fidelidad de ambos. Dios conserva testigos en lugares visibles y discretos. La queja posterior de Elías —“solo yo he quedado”— necesitará ser corregida por esta realidad y por los siete mil que no doblaron la rodilla ante Baal.

¿Qué ocurrió en el monte Carmelo?

El Carmelo fue escenario de una decisión pactual. Elías preguntó al pueblo cuánto tiempo seguiría “cojeando entre dos pensamientos”. El verbo פֹּסְחִים (posejim) sugiere vacilación o salto entre alternativas. El problema era el corazón dividido: si el Señor es Dios, deben seguirlo; si Baal lo es, seguir a Baal.

Elías propuso una prueba con dos sacrificios y sin fuego humano. Los profetas de Baal clamaron durante horas, pero no hubo voz ni respuesta. Elías reparó el altar del Señor con doce piedras, incluso cuando el reino estaba dividido, y oró para que el pueblo supiera que Dios volvía su corazón.

El fuego no convierte la escena en exhibición de poder personal. La oración busca restauración de la alianza. Después, el pueblo confiesa: “El Señor es Dios”. El episodio completo, incluida la violencia contra los profetas de Baal, pertenece a un contexto antiguo de conflicto religioso y judicial; no autoriza a comunidades cristianas a ejercer violencia contra quienes creen de otro modo.

¿Por qué Elías oró por lluvia?

Una vez restaurada públicamente la confesión del Señor, Elías subió a la cima, se inclinó y envió repetidamente a su criado a mirar hacia el mar. La pequeña nube que finalmente aparece anuncia lluvia abundante. Santiago 5:17–18 recordará que Elías era un ser humano semejante a nosotros y que oró con fervor.

El detalle corrige la imagen de un profeta mágico. Elías escucha la promesa, ora, espera y persevera. La lluvia procede de Dios, no de una técnica. La oración participa en la voluntad divina sin convertirse en mecanismo para manipularla.

¿Por qué huyó Elías después del Carmelo?

Jezabel juró matarlo, y Elías huyó hacia el sur. El contraste es abrupto: después de enfrentar a centenares en público, teme una amenaza personal. Llega al desierto, se sienta bajo un arbusto y pide morir. La narración no ridiculiza su agotamiento.

Dios responde primero con sueño, alimento y agua. Antes de corregir la percepción del profeta, atiende su cuerpo. Este orden tiene valor pastoral: crisis espiritual, cansancio físico, miedo y aislamiento pueden entrelazarse. El relato no ofrece un diagnóstico clínico moderno, pero sí rechaza la idea de que el sufrimiento se resuelve únicamente con reproches religiosos. Estudios interdisciplinarios han destacado el valor preventivo de esta secuencia de descanso, nutrición, presencia y propósito. https://doi.org/10.3390/rel12040238

¿Qué sucedió con Elías en Horeb?

Fortalecido por el alimento, caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios. Allí entró en una cueva y escuchó la pregunta: “¿Qué haces aquí, Elías?”. Respondió narrando su celo, la ruptura de la alianza y su convicción de estar solo.

Hubo viento poderoso, terremoto y fuego, pero el texto afirma que el Señor no estaba en ellos. Después vino קוֹל דְּמָמָה דַקָּה (qol demamah daqqah), frase difícil que puede traducirse “voz de silencio tenue”, “sonido de suave quietud” o, tradicionalmente, “silbo apacible y delicado”. No significa que Dios nunca actúe en fenómenos poderosos; Sinaí y el Carmelo muestran lo contrario. Enseña que su presencia no queda prisionera del espectáculo.

El encuentro no termina en contemplación privada. Dios envía a Elías de regreso con tareas políticas y proféticas: ungir actores de juicio y llamar a Eliseo. También revela que conserva siete mil fieles. Horeb reorienta una vocación herida. La investigación narrativa ha señalado que este viaje, marcado por miedo y desaliento, es central para comprender el crecimiento del profeta. https://doi.org/10.1177/0146107917746577

¿Qué relación tuvo Elías con Eliseo?

Elías encontró a Eliseo arando y echó sobre él su manto. El gesto señaló llamado y sucesión. Eliseo respondió dejando su trabajo, despidiéndose de su familia y siguiendo al profeta como servidor.

La relación muestra que el ministerio no debía terminar con una personalidad carismática. Elías debía compartir camino y preparar continuidad. En 2 Reyes 2, Eliseo pide una “doble porción” de su espíritu, expresión relacionada con la herencia del primogénito y no necesariamente con superar a su maestro en una medida matemática.

¿Cómo confrontó Elías la injusticia de Nabot?

1 Reyes 21 narra que Acab deseó la viña de Nabot. Nabot se negó a vender la heredad familiar; Jezabel organizó falsas acusaciones, y Nabot fue ejecutado. Acab tomó posesión del terreno, pero Elías apareció con una palabra de juicio.

Esta escena demuestra que el conflicto profético no se limita al culto. Adorar al Señor implica respetar vida, verdad y herencia. Una monarquía que confisca mediante mentira y asesinato practica idolatría política. Elías defiende la alianza en favor de una víctima que ya no puede hablar.

Acab se humilló al escuchar la sentencia, y Dios tomó en cuenta esa respuesta, aunque las consecuencias sobre su casa no desaparecieron. La narración une justicia y misericordia sin trivializar el crimen. El profeta denuncia con valentía, pero el juicio sigue perteneciendo a Dios.

¿Qué enseña el conflicto con Ocozías?

En 2 Reyes 1, Ocozías busca orientación de Baal-zebub, dios de Ecrón, después de sufrir una caída. Elías confronta la consulta: ¿acaso no hay Dios en Israel? El problema vuelve a ser la fuente última de confianza.

El relato incluye fuego que consume a dos grupos militares y un tercer capitán que se acerca con humildad. Es una narración severa de autoridad profética dentro de un conflicto real. Jesús rehúsa que sus discípulos imiten ese fuego contra una aldea samaritana en algunas tradiciones textuales de Lucas 9, lo que obliga a interpretar la historia de Elías dentro del desarrollo canónico y del camino de Cristo.

¿Cómo terminó el ministerio terrenal de Elías?

2 Reyes 2 describe una última ruta por Guilgal, Betel, Jericó y el Jordán. Elías golpea las aguas con su manto y cruza con Eliseo. Luego un carro y caballos de fuego los separan, mientras Elías sube al cielo en un torbellino. El carro no debe confundirse con el medio exacto de ascenso; el texto dice que el torbellino lo llevó.

Eliseo recoge el manto y cruza nuevamente el Jordán. La continuidad del poder de Dios responde a la pregunta de las comunidades proféticas: “¿Dónde está el Señor, el Dios de Elías?”. El Dios de Elías sigue actuando cuando el profeta ya no está presente. La sucesión impide convertir al mensajero en centro definitivo.

¿Por qué Malaquías promete el regreso de Elías?

Malaquías 4:5–6 anuncia que Dios enviará al profeta Elías antes del día grande y terrible del Señor, para volver el corazón de padres e hijos. Elías llega a representar la esperanza de renovación profética y reconciliación antes de la intervención divina.

El judaísmo desarrolló una rica expectativa alrededor de su regreso. En el Nuevo Testamento, Juan el Bautista ministra “con el espíritu y el poder de Elías” y cumple una función preparatoria, sin afirmar simplemente que sea Elías reencarnado. Esta relación ya cuenta con desarrollo propio en otra página y aquí solo se señala para ubicar la recepción del profeta.

¿Qué lugar ocupa Elías en la vida de Jesús?

Jesús recuerda que Elías fue enviado a una viuda de Sarepta cuando había muchas viudas en Israel. La referencia de Lucas 4 destaca la libertad de la gracia divina y confronta el privilegio cerrado. La reacción de Nazaret muestra cuán provocador resulta reconocer la misericordia de Dios fuera de las fronteras esperadas.

En la transfiguración, Moisés y Elías conversan con Jesús. Representan, entre otros sentidos posibles, la ley y los profetas que dan testimonio del Hijo. Pedro propone tres tiendas, pero la voz dirige la atención hacia Jesús: “A él oíd”. Elías es honrado sin ocupar el lugar central.

Al pie de la cruz, algunos confunden el clamor de Jesús con un llamado a Elías. Esa expectativa popular confirma la fuerza de su memoria. Sin embargo, el Evangelio conduce al lector hacia la muerte y resurrección de Cristo, no hacia un rescate espectacular del profeta antiguo.

¿Cómo presenta Santiago a Elías?

Santiago 5:17 lo llama ὁμοιοπαθὴς ἡμῖν (homoiopathēs hēmin), “de naturaleza semejante a nosotros”. La frase es crucial. La eficacia de su oración no depende de que fuera sobrehumano. Elías comparte la condición humana y ora dentro de una relación de justicia y dependencia.

La mención de sequía y lluvia sirve para animar a una comunidad a orar, confesar y cuidar al extraviado. No promete que toda petición producirá el fenómeno solicitado. Enseña que Dios escucha y que la fragilidad del orante no invalida la oración fiel.

¿Fue Elías un profeta sin defectos?

No. Mostró valentía, obediencia y compasión, pero también miedo, percepción limitada y deseo de morir. Creyó estar solo cuando Dios conservaba miles. En Horeb, su respuesta a la pregunta divina se repite, señal de que el proceso interior no se resuelve instantáneamente.

La Biblia no necesita destruir su autoridad para reconocer sus límites. Esa honestidad protege a las comunidades contra el culto a la personalidad. Los líderes pueden servir con fidelidad y, al mismo tiempo, necesitar corrección, descanso y relevo.

¿Qué rasgos definen el ministerio de Elías?

Primero, la centralidad de la palabra del Señor. El profeta aparece, se mueve, se esconde, regresa y confronta conforme a esa palabra. Segundo, la defensa de la alianza contra la idolatría. Tercero, el cuidado de la vida: recibe alimento, comparte provisión con una viuda, clama por un niño y denuncia el asesinato de Nabot.

Cuarto, la oración. Elías no manipula a Dios; intercede y espera. Quinto, la formación de sucesión mediante Eliseo. Sexto, la capacidad de volver al camino después del agotamiento. Su grandeza no consiste en no quebrarse, sino en dejarse alimentar, escuchar y enviar nuevamente.

Rasgo del ministerio Episodio representativo Aprendizaje principal
Dependencia de la palabra Querit y Sarepta El profeta se mueve conforme al envío divino
Lealtad pactual Monte Carmelo Dios reclama un corazón no dividido
Defensa de la justicia Viña de Nabot Culto y respeto por la vida son inseparables
Vulnerabilidad humana Desierto y Horeb El servidor fiel también necesita cuidado
Formación de relevo Llamamiento de Eliseo La misión no pertenece a una sola persona

¿Qué puede aprender hoy una comunidad de Elías?

Puede aprender a discernir los ídolos que prometen seguridad a cambio de lealtad. Baal no es simplemente una estatua antigua; el texto cuestiona cualquier poder económico, político o religioso al que se atribuya lo que pertenece a Dios. También enseña que fidelidad cultual y justicia social no pueden separarse: el Carmelo y la viña de Nabot forman parte del mismo ministerio.

La comunidad aprende además a cuidar a sus servidores. El desierto de Elías advierte contra exigir rendimiento permanente. Alimentación, sueño, presencia, escucha y responsabilidades sostenibles son dimensiones humanas de la vocación. La fe no niega el cuerpo ni convierte el agotamiento en culpa.

Finalmente, Elías invita a preparar relevo. Ningún liderazgo es indispensable. Dios conserva personas que el profeta no conoce y continúa su obra mediante otros. La misión se recibe como don, se ejerce con valentía y se entrega con humildad.

¿Qué simboliza el manto de Elías?

El manto, אַדֶּרֶת (addéret), aparece en momentos decisivos. Elías cubre con él su rostro ante la presencia divina en Horeb, lo arroja sobre Eliseo como señal de llamado y lo usa para golpear las aguas del Jordán antes de su partida. Después, Eliseo lo recoge y repite el gesto. La prenda no funciona como objeto mágico independiente; hace visible vocación, autoridad recibida y continuidad del servicio.

En Horeb, cubrir el rostro expresa reverencia. En el campo de Eliseo, el manto interrumpe una vida ordinaria y convoca una decisión. En el Jordán, enlaza a maestro y discípulo con las grandes travesías de Israel. Un mismo objeto participa así en escucha, llamado y sucesión.

La comunidad puede aprender a distinguir entre signo y fuente. El poder no reside en la tela, sino en el Dios que llama. Conservar símbolos sin obediencia produce superstición; despreciar todo símbolo puede olvidar que la fe bíblica se comunica mediante cuerpos, lugares y objetos. El manto sirve mientras apunta más allá de sí mismo.

¿Qué mujeres son decisivas en el ciclo de Elías?

Jezabel y la viuda de Sarepta ocupan posiciones opuestas en la trama. Jezabel dispone de poder real, sostiene profetas de Baal y persigue a los profetas del Señor. La viuda carece de seguridad, pero abre su casa y responde a una palabra que sostiene vida. El contraste no enfrenta simplemente a una “mujer mala” con una “mujer buena”; contrapone usos del poder y respuestas a Dios.

La viuda habla, objeta, obedece, acusa al profeta cuando muere su hijo y finalmente confiesa. No es figura pasiva. Su casa se convierte en lugar de revelación, y su palabra ayuda al lector a interpretar lo ocurrido. Jezabel, por su parte, no debe utilizarse para formular estereotipos contra las mujeres. Reyes critica sus acciones políticas, religiosas y judiciales concretas, especialmente la persecución y la conspiración contra Nabot.

Leer a ambas con cuidado impide que el protagonismo de Elías borre a quienes definen el conflicto. También recuerda que la fidelidad o la injusticia no pertenecen automáticamente a un género, nacionalidad o posición social. La narración evalúa decisiones, lealtades y frutos.

¿Cómo se relacionan palabra y milagro en su ministerio?

Los milagros del ciclo nunca son trucos aislados. El alimento junto al Querit confirma cuidado; la harina y el aceite preservan una casa; la restauración del niño revela que el Señor da vida; el fuego del Carmelo llama al pueblo a volver; la lluvia termina la sequía; la división del Jordán prepara transición. Cada señal está inserta en una palabra y en una necesidad.

Por eso la Biblia no invita a buscar espectáculo como fin espiritual. Incluso en el Carmelo, la oración de Elías explica el propósito: que el pueblo conozca al Señor y que su corazón sea vuelto. Horeb añade una corrección decisiva al mostrar una presencia que llega en tenue quietud. Milagro y silencio pertenecen al mismo Dios.

Enseñar estas escenas requiere evitar promesas automáticas. La viuda recibe provisión, pero luego enfrenta la muerte de su hijo; Elías ve fuego y lluvia, pero después entra en crisis. Los actos poderosos no eliminan toda aflicción ni garantizan una experiencia emocional constante. Son señales de la fidelidad divina dentro de una historia todavía quebrantada.

¿Qué modelo de liderazgo ofrece Elías?

Elías enseña que liderar comienza por estar ante Dios. Su fórmula “vive el Señor, en cuya presencia estoy” sitúa al mensajero bajo una autoridad superior a la del rey y a la suya propia. Esa ubicación permite hablar con libertad, pero también exige obedecer cuando Dios manda esconderse, viajar o regresar.

Su liderazgo contiene coraje moral. Se enfrenta a Acab, denuncia el asesinato de Nabot y llama al pueblo a decidir. Sin embargo, no debe copiarse como temperamento agresivo. La autoridad profética está atada a una palabra recibida y a la defensa de la alianza, no al gusto personal por confrontar.

También ofrece una advertencia: el líder puede interpretar la misión como si dependiera exclusivamente de él. En Horeb, Dios corrige esa percepción mediante los siete mil y Eliseo. Preparar sucesión, reconocer fidelidades discretas y aceptar límites son actos espirituales, no señales de debilidad.

¿Cómo se debe predicar a Elías sin convertirlo en héroe invencible?

Conviene narrar el ciclo completo. Si solo se predica el Carmelo, puede quedar una figura de éxito espectacular; si solo se predica el desierto, se pierde su valentía pública. La Biblia coloca ambas escenas una junto a la otra para mostrar que la fidelidad no cancela la fragilidad.

También se debe mantener a Dios como protagonista. Los cuervos, la viuda, el fuego, la lluvia, el alimento y la voz tenue manifiestan distintas formas de providencia. Elías responde, ora y actúa, pero no controla ninguna de ellas. La predicación fiel evita técnicas para “activar” milagros y dirige la confianza hacia el Señor.

Finalmente, hay que tratar la violencia con responsabilidad. Describir el contexto de Reyes no significa ofrecer el Carmelo como patrón de convivencia religiosa. La iglesia confiesa al Dios de Elías siguiendo a Jesucristo, quien vence mediante entrega, verdad y resurrección. La valentía profética continúa, pero sus armas no son coerción ni daño al adversario.

¿Por qué Elías sigue siendo importante?

Elías encarna la pregunta fundamental: ¿quién es verdaderamente Dios? Su nombre, su confrontación con Baal, su defensa de Nabot, su oración y su escucha en Horeb responden de formas complementarias. El Señor gobierna la lluvia, sostiene al extranjero, da vida, exige justicia y habla también en la quietud.

Su historia evita una espiritualidad unilateral. Hay momentos para confrontar y momentos para callar; para estar ante multitudes y para descansar bajo un arbusto; para actuar solo y para llamar a un compañero. El Dios de Elías no abandona a su siervo en ninguna de esas etapas.

Para profundizar en los episodios principales, consulta Elías y la viuda de Sarepta, Elías y los profetas de Baal y Elías en el Horeb. La relación profética posterior se desarrolla específicamente en Juan el Bautista y Elías y puede ampliarse con el perfil Quién fue Juan el Bautista, sin confundir la identidad de ambos personajes.

Preguntas frecuentes

¿Elías escribió algún libro de la Biblia?

No se conserva un libro bíblico atribuido directamente a Elías. Su ministerio aparece narrado sobre todo en Primera y Segunda de Reyes, mientras textos posteriores como Malaquías, los Evangelios y Santiago interpretan su legado. Su autoridad se expresa mediante palabra profética, acciones simbólicas, confrontación, oración y formación de sucesión.

¿Cuánto tiempo duró la sequía anunciada por Elías?

Primera de Reyes describe la sequía dentro del ciclo de los capítulos 17 y 18, mientras Lucas 4 y Santiago 5 hablan de tres años y seis meses. La cifra subraya la gravedad de la crisis y el vínculo entre palabra profética, oración y regreso de la lluvia bajo la soberanía divina.

¿Elías murió antes de subir al cielo?

Segunda de Reyes 2 no narra una muerte ordinaria de Elías. Afirma que un torbellino lo llevó al cielo mientras un carro y caballos de fuego separaban a maestro y discípulo. El énfasis recae en la partida extraordinaria y en la continuidad del ministerio mediante Eliseo, quien recoge el manto.

¿Juan el Bautista era literalmente Elías?

El Nuevo Testamento relaciona a Juan con “el espíritu y el poder de Elías” y con la misión preparatoria anunciada por Malaquías, pero no lo presenta como una reencarnación. Juan cumple una función profética semejante al llamar al arrepentimiento y preparar al pueblo para la llegada del Señor.

Luis Berner Romero Sánchez · Teólogo y Magister en Educación

Referencias

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  • Nestle-Aland. Novum Testamentum Graece, 28.ª edición revisada.
  • Sicre, José Luis. Profetismo en Israel. Verbo Divino.
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  • Brueggemann, Walter. 1 & 2 Kings. Smyth & Helwys.
  • Cogan, Mordechai. I Kings. Yale University Press.
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