¿Por qué Tomás no creyó el primer anuncio?
Juan 20:24 informa que Tomás, uno de los Doce, no estaba con los discípulos cuando Jesús llegó. El Evangelio no explica su ausencia, de modo que no corresponde atribuirla a rebeldía o abandono. Cuando sus compañeros declaran «hemos visto al Señor», él pide ver la marca de los clavos y poner la mano en el costado. Busca continuidad entre el crucificado conocido y el Resucitado anunciado.
Su reacción es más fuerte que una pregunta casual: «si no viere... no creeré». No obstante, los otros discípulos también creyeron después de recibir una manifestación. María reconoció a Jesús al oír su nombre; el grupo se alegró cuando vio sus heridas. El contraste no es entre once personas sin necesidad de evidencia y un escéptico aislado, sino entre quienes ya encontraron al Señor y quien todavía depende de su testimonio.
El estudio narrativo de Johnson Thomaskutty sitúa la escena dentro del desarrollo completo de Tomás: lealtad en Juan 11, pregunta en Juan 14, resistencia y confesión en Juan 20, permanencia comunitaria en Juan 21. Esa trayectoria impide convertir un momento en toda su identidad. https://doi.org/10.4102/hts.v76i1.5632
¿Qué hizo Jesús ante su duda?
Ocho días después, Tomás estaba nuevamente con los discípulos. Jesús se presentó, ofreció paz y repitió con precisión las condiciones que Tomás había formulado: dedo, manos y costado. La iniciativa pertenece a Cristo. No ridiculiza al discípulo ni celebra su resistencia; se acerca para conducirlo a la fe: μὴ γίνου ἄπιστος ἀλλὰ πιστός (mḕ gínou ápistos allà pistós), «no seas incrédulo, sino creyente».
El adjetivo ἄπιστος (ápistos) señala falta de fe, mientras πιστός (pistós) puede significar creyente o fiel. La orden presenta una dirección: Tomás no debe instalarse en la incredulidad. El texto tampoco afirma expresamente que tocara las heridas. Después de la invitación, pasa directamente a su respuesta. La evidencia culmina en reconocimiento personal, no en una inspección narrada.
| Elemento | Lo que dice Juan 20 | Lo que no debe añadirse |
|---|---|---|
| Ausencia | Tomás no estaba con ellos | No explica por qué faltó |
| Demanda | Pide ver y acercar su mano | No demuestra desprecio por Jesús |
| Encuentro | Jesús lo invita a comprobar | No afirma explícitamente que tocó |
| Resultado | Confiesa al Señor y Dios | No permanece definido por la duda |
¿Qué significa «Señor mío y Dios mío»?
Tomás responde Ὁ κύριός μου καὶ ὁ θεός μου (Ho kýriós mou kaì ho theós mou). Κύριος (kýrios) es «Señor» y θεός (theós) es «Dios»; μου (mou) hace personal la confesión. Juan afirma que respondió «a él», por lo que no es una exclamación vaga. El discípulo reconoce en Jesús resucitado la identidad proclamada desde el prólogo: «el Verbo era Dios».
Las heridas permanecen visibles en aquel que recibe el título divino. La resurrección no sustituye al crucificado ni borra la historia de su entrega. Tomás comprende que el mismo Jesús que murió vive y está presente. Esa continuidad ofrece contenido a la fe pascual: no se cree en una idea general de inmortalidad, sino en la victoria de Dios manifestada en el crucificado resucitado.
La bienaventuranza «dichosos los que no vieron y creyeron» mira hacia quienes recibirán el testimonio escrito. Inmediatamente, Juan explica que seleccionó signos para que los lectores crean y tengan vida. Tomás no es humillado; su encuentro se convierte en puente para generaciones que no estarán físicamente en aquel aposento.
¿Qué enseña Tomás a quienes tienen preguntas?
La escena legitima la pregunta honesta, pero no convierte la duda en virtud autosuficiente. Cristo escucha, se revela y llama a una decisión. La fe cristiana puede examinar testimonios y reconocer dificultades; su meta, sin embargo, es confiar en Jesús. Tomás avanza porque permanece accesible al encuentro y dentro de la comunidad.
También enseña que la Iglesia debe acompañar sin fabricar certezas. Los discípulos ofrecen su testimonio; no pueden obligarlo a creer ni reemplazar su respuesta. Ocho días después, siguen reunidos con él. Una comunidad madura anuncia lo que ha recibido, deja espacio para el proceso y espera que Cristo sea reconocido.
La duda de Tomás tampoco debe usarse para desacreditar a quienes atraviesan preguntas intelectuales o espirituales. Jesús distingue entre el estado presente y la dirección posible: llama al discípulo a llegar a ser creyente. El acompañamiento cristiano puede hacer lo mismo, tomando en serio la dificultad sin convertirla en sentencia definitiva. El relato ofrece paciencia y desafío al mismo tiempo.
Para conocer su trayectoria completa puede consultarse Quién fue Tomás el apóstol. Su valentía previa aparece en «Vayamos también nosotros para que muramos con él», y las tradiciones posteriores se evalúan en Cómo murió Tomás apóstol.
Referencias
- Nestle-Aland. Novum Testamentum Graece. 28.ª ed. revisada. Stuttgart: Deutsche Bibelgesellschaft, 2012.
- Brown, Raymond E. El Evangelio según Juan. Madrid: Cristiandad, 1979.
- Léon-Dufour, Xavier. Lectura del Evangelio de Juan. Salamanca: Sígueme, 1995.
- Mateos, Juan, y Juan Barreto. El Evangelio de Juan. Madrid: Cristiandad, 1982.
- Schnackenburg, Rudolf. El Evangelio según san Juan. Barcelona: Herder, 1980.
- Carson, D. A. El Evangelio según Juan. Barcelona: Andamio, 2003.
- Keener, Craig S. The Gospel of John: A Commentary. Peabody: Hendrickson, 2003.
- Thomaskutty, Johnson. «Characterisation of Thomas in the Fourth Gospel». HTS 76.1 (2020). https://doi.org/10.4102/hts.v76i1.5632
- Cooper, Adam. «Thomas the Twin: Constructing an Apostolic Personality». New Blackfriars 106.3 (2025): 208-224. https://doi.org/10.1017/nbf.2025.3
- Thompson, Marianne Meye. John: A Commentary. Louisville: Westminster John Knox, 2015.
Luis Berner Romero Sánchez
Teólogo y magíster en Educación