¿Qué significa la palabra Pentecostés?
El nombre griego es Πεντηκοστή (Pentēkostḗ) y significa “quincuagésima”. Designaba la fiesta celebrada cincuenta días después de la Pascua, conocida en la Biblia hebrea como fiesta de las Semanas, שָׁבֻעוֹת (šāḇuʿôt), según la forma conservada en la Biblia Hebraica Stuttgartensia. Era una celebración de cosecha y peregrinación. Hechos sitúa el derramamiento del Espíritu dentro de esa memoria bíblica: el Dios que liberó y sostuvo a Israel cumple ahora su promesa de renovación.
La fecha explica por qué Jerusalén estaba llena de visitantes. La lista de partos, medos, elamitas, habitantes de Mesopotamia, Judea, Capadocia, Ponto, Asia, Egipto, Roma y otras regiones no es decoración exótica. Presenta simbólicamente un mundo amplio reunido para escuchar. El anuncio comienza en Jerusalén, pero desde su primera manifestación está orientado hacia las naciones.
¿Qué ocurrió el día de Pentecostés?
Los discípulos estaban juntos cuando se oyó un estruendo “como” de viento impetuoso y aparecieron lenguas “como” de fuego. Las comparaciones importan: Lucas describe una experiencia divina con lenguaje analógico, no ofrece un informe meteorológico. Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas conforme el Espíritu les concedía expresarse.
“Espíritu” es πνεῦμα (pneûma), término que puede significar espíritu, viento o aliento. “Lenguas” es γλῶσσαι (glôssai), palabra que también designa idiomas. El relato subraya que los peregrinos oían las maravillas de Dios en sus propias lenguas. Por eso Pentecostés no glorifica una uniformidad cultural. Dios hace comprensible la buena noticia dentro de la diversidad y convierte la diferencia lingüística en espacio de encuentro.
¿Pentecostés revierte la torre de Babel?
Existe una relación temática útil con Génesis 11, pero debe expresarse con cuidado. En Babel, la arrogancia humana y la concentración del poder desembocan en dispersión e incomunicación. En Pentecostés, personas dispersas escuchan una misma obra divina sin perder sus idiomas. No aparece una lengua sagrada que elimine las demás. La unidad proviene del mensaje y del Espíritu, no de la homogeneización.
La comparación ayuda a comprender que la misión cristiana debe traducir, escuchar y respetar. El evangelio no exige que cada pueblo deje su lengua para acercarse a Dios. Desde su comienzo público, la Iglesia recibe la tarea de hablar de manera que el otro pueda entender. Esa vocación cuestiona tanto el aislamiento como la imposición cultural.
¿Cómo interpreta Pedro el acontecimiento?
Algunos observadores atribuyen lo ocurrido al vino. Pedro responde que se está cumpliendo la palabra del profeta Joel: Dios derramará su Espíritu sobre toda carne. Hijos e hijas profetizarán; jóvenes y ancianos recibirán visión; incluso siervos y siervas participarán. “Derramar” indica abundancia y disponibilidad divina, no una recompensa reservada a una élite.
Pedro conduce luego la atención hacia Jesús de Nazaret, acreditado por obras poderosas, crucificado y resucitado por Dios. Pentecostés no convierte al Espíritu en tema aislado de Cristo. El Jesús exaltado recibe del Padre la promesa y derrama lo que la multitud ve y oye. El discurso termina llamando al arrepentimiento y al bautismo, con la promesa del don para los oyentes, sus hijos y quienes están lejos.
¿Qué significa recibir el Espíritu Santo?
En Hechos, recibir el Espíritu es ser incorporado a la vida y misión de Dios. Produce valentía para testificar, capacidad de discernir, oración, generosidad y apertura hacia personas antes consideradas fuera. No se reduce a una sensación intensa ni a una señal única. El mismo libro narra diferentes secuencias al describir cómo samaritanos, gentiles y discípulos de Juan entran en la experiencia del Espíritu.
El término “don”, δωρεά (dōreá), resalta gratuidad. El Espíritu no se compra, controla ni utiliza para prestigio personal. Simón el mago aprenderá esa lección en Hechos 8. Pentecostés desmonta jerarquías de acceso: mujeres y hombres, jóvenes y ancianos reciben capacidad para dar testimonio. La autoridad que nace allí debe expresarse como servicio.
¿Qué relación tiene Pentecostés con el nacimiento de la Iglesia?
Es correcto hablar de un momento fundacional, siempre que no se desconecte de lo anterior. Ya existía una comunidad reunida por Jesús, había promesas proféticas y los discípulos perseveraban en oración. Pentecostés la equipa públicamente y produce una expansión visible: quienes acogen la palabra son bautizados y se integran a una forma concreta de vida.
Hechos 2:42 resume esa vida mediante cuatro prácticas: enseñanza de los apóstoles, κοινωνία (koinōnía, comunión o participación), partimiento del pan y oraciones. El Espíritu que inspira palabra también crea responsabilidad material. Los creyentes atienden necesidades, comen con alegría y alaban a Dios. Una espiritualidad que solo busca intensidad individual queda por debajo del significado narrativo de Pentecostés.
¿Qué enseña Pentecostés a la Iglesia actual?
En primer lugar, enseña dependencia: la misión no comienza con técnicas, sino con la promesa y presencia del Espíritu. En segundo lugar, exige inteligibilidad: anunciar implica hablar de modo que personas reales comprendan, sin pedirles que abandonen innecesariamente su identidad cultural. En tercer lugar, une carisma y carácter comunitario: la experiencia espiritual se verifica también en comunión, aprendizaje y generosidad.
Pentecostés tampoco autoriza triunfalismo. El Espíritu llevará a los testigos ante oposición, corregirá prejuicios y abrirá rutas imprevistas. La señal no convierte a la Iglesia en dueña de Dios; la hace servidora de una noticia destinada a todos. Su pregunta permanente es si sus palabras y prácticas permiten oír las maravillas de Dios en el lenguaje de quienes están cerca y lejos.
Referencias
- Biblia. Éxodo 23:14-17; Joel 2:28-32; Hechos 1:4-8; 2:1-47.
- Biblia Hebraica Stuttgartensia. Forma hebrea שָׁבֻעוֹת (šāḇuʿôt).
- United Bible Societies. The Greek New Testament, sexta edición (UBS6/GNT6).
Luis Romero · Teólogo y magíster en Educación