Lucas combina investigación cuidadosa, calidad narrativa y profundidad teológica. Su prólogo declara que el autor consultó tradiciones transmitidas por testigos y decidió escribir un relato ordenado para que Teófilo conociera la solidez de lo aprendido. El lector no recibe una colección improvisada de recuerdos, sino una narración deliberadamente organizada. Cada viaje, comida, parábola, controversia y oración contribuye a revelar quién es Jesús y qué significa seguirlo.
¿Qué es el Evangelio de Lucas?
Lucas es el tercer evangelio del Nuevo Testamento y la primera parte de una obra en dos volúmenes que continúa en Hechos de los Apóstoles. El primer volumen narra lo que Jesús comenzó a hacer y enseñar; el segundo describe cómo su mensaje, impulsado por el Espíritu Santo, se extiende desde Jerusalén hasta Roma. Esta continuidad permite leer el ministerio de Jesús y la misión de la iglesia dentro de una misma historia de promesa y cumplimiento.
El término «evangelio» procede del griego εὐαγγέλιον (euangélion), “buena noticia”. En Lucas, esa buena noticia no es una idea abstracta: Dios visita a su pueblo, levanta al Salvador prometido, perdona pecados, restaura vidas y abre su reino a las naciones. El relato conserva el arraigo judío de Jesús y, simultáneamente, muestra el alcance universal de su misión.
Lucas posee 24 capítulos. Comparte numerosos episodios con Marcos y Mateo, pero también conserva materiales propios: el anuncio a Zacarías, el nacimiento de Juan, la visita de los pastores, el niño Jesús en el templo, la resurrección del hijo de la viuda de Naín, el buen samaritano, Marta y María, el rico insensato, el hijo perdido, el rico y Lázaro, Zaqueo y el camino a Emaús, entre otros.
¿Quién escribió el Evangelio de Lucas?
El texto no identifica a su autor dentro del relato. La tradición cristiana antigua lo atribuyó a Lucas, colaborador de Pablo y llamado «el médico amado» en Colosenses 4:14. Desde finales del siglo II, testimonios como el Fragmento Muratoriano e Ireneo relacionan el tercer evangelio y Hechos con este Lucas. La unidad de estilo, vocabulario y propósito entre ambos volúmenes apoya que proceden de un mismo autor.
La investigación moderna distingue prudentemente entre la atribución tradicional y lo que puede demostrarse directamente. El prólogo revela a un autor culto, capaz de escribir griego elaborado, investigar tradiciones previas y ordenar un relato extenso. Conoce las Escrituras de Israel, el ambiente mediterráneo y la vida de comunidades donde creyentes judíos y gentiles debían comprender su lugar en la historia de Dios.
No es necesario convertir la pregunta por el autor en una oposición entre fe y estudio histórico. La tradición merece consideración, mientras que la ausencia de una firma exige modestia. Lo decisivo para la interpretación es atender a la voz narrativa que el texto efectivamente ofrece: un autor que busca certeza responsable, conecta a Jesús con Israel y dirige la mirada hacia una misión universal.
¿Para quién fue escrito Lucas?
El prólogo se dirige a «excelentísimo Teófilo». Su nombre, Θεόφιλος (Theóphilos), puede significar “amigo de Dios” o “amado por Dios”, pero la forma de tratamiento sugiere una persona real de cierta posición social. Teófilo ya había recibido enseñanza cristiana; el relato pretende confirmar su fundamento.
La dedicatoria individual no limita la audiencia. Como ocurría con otras obras antiguas, el destinatario podía facilitar la circulación del escrito entre comunidades. Lucas presupone lectores familiarizados con la fe cristiana, pero necesitados de comprender la relación entre Jesús, Israel, las Escrituras, el Espíritu, la iglesia y las naciones.
El evangelio resulta particularmente significativo para comunidades diversas. Presenta samaritanos como ejemplos inesperados, destaca la fe de extranjeros, recuerda la presencia de mujeres entre los discípulos y confronta el uso egoísta de la riqueza. Sin borrar diferencias culturales, reúne a todos alrededor de la iniciativa misericordiosa de Dios.
¿Cuándo y dónde se escribió?
Las propuestas de fecha suelen situarse entre los años 70 y 90 d. C., aunque existen posiciones anteriores y posteriores. Quienes defienden una fecha después del año 70 observan la relación literaria con Marcos y la descripción de la caída de Jerusalén. Quienes proponen una fecha temprana destacan el final abierto de Hechos y la ausencia de referencias explícitas a ciertos acontecimientos posteriores.
El evangelio no proporciona una ciudad de composición. Se han sugerido lugares de Grecia, Asia Menor, Siria y Roma, pero ninguna propuesta puede considerarse segura. La prudencia histórica exige distinguir entre datos, probabilidades y conjeturas.
La fecha aproximada ayuda a imaginar los desafíos de la audiencia, pero no debe dominar la lectura. Lucas orienta al lector hacia acontecimientos que considera decisivos: la actuación de Dios en Jesús, la interpretación de las Escrituras y el nacimiento de una misión sostenida por el Espíritu.
¿Qué significa el prólogo de Lucas 1:1-4?
El prólogo emplea el estilo de la historiografía y la literatura culta de la antigüedad. El autor reconoce que otros ya habían intentado narrar los acontecimientos cumplidos «entre nosotros». Afirma haberlos investigado cuidadosamente desde el principio y se propone escribirlos ordenadamente. La fe cristiana aparece vinculada con memoria, testimonio y transmisión responsable.
Lucas llama «testigos oculares y servidores de la palabra» a quienes transmitieron la tradición. No sostiene que él mismo presenciara cada hecho. Su autoridad narrativa descansa en haber recibido, examinado y organizado testimonios anteriores. El verbo παρηκολουθηκότι (parēkolouthēkóti) expresa haber seguido o investigado algo atentamente. La palabra ἀσφάλεια (aspháleia) en Lucas 1:4 comunica firmeza, seguridad o confiabilidad respecto de la enseñanza recibida.
Esta declaración no convierte el evangelio en una biografía moderna ni elimina su intención teológica. En el mundo antiguo, narrar fielmente y explicar el significado de los hechos no eran tareas incompatibles. Lucas selecciona y dispone el material para conducir al lector hacia una comprensión confesional de Jesús. Su investigación sirve a la certeza de la fe, no a una curiosidad desligada del discipulado.
¿Cómo está estructurado el Evangelio de Lucas?
Una lectura panorámica permite reconocer cinco grandes movimientos. Primero, el prólogo y los relatos de infancia presentan las promesas, los nacimientos de Juan y Jesús y las voces proféticas que interpretan lo ocurrido (1:1–2:52). Segundo, la preparación y el ministerio en Galilea muestran bautismo, tentación, anuncio, curaciones, controversias y formación de discípulos (3:1–9:50).
El tercer movimiento es el gran camino hacia Jerusalén (9:51–19:27). Jesús «afirma su rostro» para ir a la ciudad y, durante el viaje, enseña sobre oración, posesiones, hospitalidad, arrepentimiento, compasión y costo del discipulado. Este segmento contiene muchas de las parábolas más recordadas de Lucas.
El cuarto movimiento narra el ministerio en Jerusalén, el conflicto en el templo, la última cena, el arresto, el juicio y la crucifixión (19:28–23:56). El quinto presenta la tumba vacía, el camino a Emaús, la aparición a los discípulos, la apertura de las Escrituras y la ascensión (24:1-53).
La estructura no es únicamente geográfica. Galilea, el camino y Jerusalén poseen valor teológico. El viaje expresa que la misión de Jesús avanza conscientemente hacia el sufrimiento y la vindicación; Jerusalén es lugar de promesa, rechazo, muerte, resurrección y comienzo de la proclamación mundial.
¿Quién es Jesús según Lucas?
Lucas reúne múltiples títulos para presentar a Jesús. Es Mesías, Hijo de Dios, profeta poderoso, Señor, Hijo del Hombre y Salvador. Ningún título agota su identidad. En el nacimiento, el ángel anuncia «un Salvador», en griego σωτήρ (sōtḗr), que es Cristo el Señor. La salvación que trae incluye perdón, liberación, restauración, comunión y esperanza futura.
Jesús actúa con la fuerza del Espíritu, enseña con autoridad, toca a quienes eran considerados impuros, come con recaudadores y pecadores, recibe a mujeres como discípulas, confronta poderes religiosos y económicos y anuncia el reino de Dios. Su compasión no es sentimentalismo: restituye dignidad y transforma relaciones.
Un estudio de la teología lucana observa que los títulos de Jesús deben leerse dentro del avance narrativo, desde las expectativas de Israel hasta la proclamación pascual. La identidad mesiánica se comprende plenamente a la luz del camino hacia la cruz, la resurrección y la misión (DOI: 10.1017/CBO9781139166683.005).
La humanidad de Jesús también recibe atención. Crece, ora, se conmueve, comparte la mesa, enfrenta rechazo y entrega su vida. El relato de su cuerpo en movimiento por paisajes y relaciones sociales contribuye a mostrar una salvación que atraviesa fronteras y forma un cuerpo comunitario más amplio (DOI: 10.1111/j.1540-6385.2012.00689.x).
¿Qué lugar ocupa el Espíritu Santo?
El Espíritu Santo llena los primeros capítulos. Juan será lleno del Espíritu desde el vientre; Isabel y Zacarías profetizan; Simeón recibe dirección; Jesús es concebido por obra del Espíritu, ungido en el bautismo y conducido al desierto. Después vuelve a Galilea «en el poder del Espíritu» y lee en Nazaret: «El Espíritu del Señor está sobre mí».
El sustantivo griego πνεῦμα (pneûma) puede significar viento, aliento o espíritu; en estos pasajes designa la presencia activa de Dios. El Espíritu no funciona como adorno religioso ni como poder impersonal. Confirma la identidad de Jesús, impulsa su misión y capacita el testimonio profético.
La continuidad con Hechos es esencial. El mismo Espíritu que unge a Jesús será prometido a los discípulos como «poder de lo alto». Así, la misión de la iglesia no constituye un proyecto independiente, sino la prolongación testimonial de la obra de Cristo bajo la iniciativa divina.
¿Por qué Lucas destaca la palabra “hoy”?
Lucas utiliza estratégicamente el adverbio σήμερον (sḗmeron), “hoy”. En el nacimiento, «hoy» ha nacido el Salvador; en Nazaret, «hoy» se cumple la Escritura; ante Zaqueo, «hoy» ha llegado la salvación a esta casa; al criminal crucificado, Jesús promete comunión «hoy» en el paraíso.
El “hoy” lucano anuncia que las promesas de Dios irrumpen en el presente. La salvación posee una esperanza futura, pero ya comienza a reordenar la vida. El oyente no queda frente a un recuerdo distante ni ante una promesa indefinidamente aplazada. La palabra demanda respuesta: fe, arrepentimiento, acogida y seguimiento.
Esta actualidad evita dos reducciones. La fe no consiste únicamente en admirar lo que Dios hizo en el pasado, ni en esperar pasivamente una solución futura. El presente se convierte en tiempo de gracia, responsabilidad y transformación.
¿Qué significa el programa de Jesús en Lucas 4?
En la sinagoga de Nazaret, Jesús lee un pasaje de Isaías sobre buenas noticias para los pobres, libertad para cautivos, vista para ciegos y liberación para oprimidos. Luego declara que la Escritura se ha cumplido al ser escuchada. La escena funciona como programa narrativo: anticipa el carácter de su ministerio y también la oposición que encontrará.
La palabra griega πτωχοί (ptōchoí), “pobres”, puede referirse a quienes padecen carencia material y, en determinados contextos, a quienes dependen de Dios. Lucas no permite espiritualizarla hasta volver invisible la pobreza real. El evangelio pronuncia bendición sobre los pobres, advierte a los ricos satisfechos y exige generosidad concreta.
La liberación anunciada integra dimensiones personales, sociales y escatológicas. Jesús perdona pecados, sana cuerpos, reintegra excluidos y proclama el favor de Dios. No ofrece un programa partidista moderno, pero tampoco una salvación indiferente al hambre, la deuda, la enfermedad o la marginación.
¿Cómo presenta Lucas a los pobres y a los ricos?
Lucas habla de posesiones con una insistencia singular. María canta que Dios llena de bienes a los hambrientos y despide vacíos a los ricos. Juan exige compartir ropa y alimento. Jesús declara bienaventurados a los pobres y pronuncia ayes sobre los ricos. Las parábolas del rico insensato y del rico y Lázaro muestran el peligro de una abundancia encerrada en sí misma.
La riqueza no aparece como impureza automática. Mujeres con recursos sostienen el ministerio; Zaqueo responde a la gracia mediante restitución y generosidad; José de Arimatea actúa con integridad. El problema es la posesión que produce autosuficiencia, indiferencia y acumulación sin comunión.
La preocupación lucana por ricos y pobres desafía especialmente a sociedades afluentes. Un estudio clásico muestra que la sensibilidad social de Lucas no puede separarse de sus ideales cristianos: la respuesta a Jesús modifica el uso de los bienes y la relación con quienes sufren necesidad (DOI: 10.1111/j.1741-2005.1968.tb01204.x).
¿Qué papel tienen las mujeres en Lucas?
Las mujeres participan de manera decisiva desde el comienzo. Isabel y María interpretan proféticamente la acción de Dios; Ana anuncia al niño; una viuda recibe compasión en Naín; una mujer unge los pies de Jesús; María Magdalena, Juana, Susana y otras sostienen el ministerio; Marta y María aparecen como anfitriona y discípula; las mujeres permanecen cerca de la cruz y reciben el anuncio de la resurrección.
Lucas no presenta un mundo libre de estructuras patriarcales. Precisamente por eso resulta significativo que haga visibles voces, acciones, recursos y testimonios femeninos. Las parejas narrativas —Zacarías y María, Simeón y Ana, el hombre con la oveja y la mujer con la moneda— colocan experiencias de hombres y mujeres dentro de la misma obra salvadora.
La lectura responsable debe evitar tanto idealizar el contexto antiguo como minimizar el protagonismo narrativo femenino. Las mujeres no son meras beneficiarias; escuchan, profetizan, sirven, sostienen, perseveran y testifican.
¿Por qué son importantes las comidas?
En Lucas, Jesús enseña y revela el reino alrededor de mesas. Come con Leví y sus compañeros, acepta invitaciones de fariseos, recibe el gesto de una mujer considerada pecadora, visita a Marta y María, comparte con Zaqueo, celebra la última cena y es reconocido al partir el pan en Emaús.
La mesa revela fronteras sociales: quién invita, quién ocupa los primeros lugares, quién queda fuera y quién considera indigno al otro. Jesús no usa la hospitalidad para confirmar jerarquías. Convierte la comida en espacio de gracia, verdad, arrepentimiento y comunión.
Las dinámicas espaciales de casa, mesa y camino ayudan a comprender la particular estrategia narrativa de los evangelios sinópticos; en Lucas, Jesús aparece repetidamente como maestro itinerante cuya presencia reconfigura hogares y relaciones (DOI: 10.1177/0142064X251408009).
La iglesia que lee Lucas debe examinar sus propias mesas. Celebrar la gracia mientras se mantienen exclusiones por clase, procedencia, edad o reputación contradice el movimiento del relato. La hospitalidad cristiana no es cortesía superficial: es una práctica del reino.
¿Qué enseñan las parábolas propias de Lucas?
Lucas conserva parábolas que han marcado la imaginación cristiana. El buen samaritano responde quién actúa como prójimo: no el que delimita teóricamente a quién amar, sino el que se acerca al herido y practica misericordia. El padre y sus dos hijos muestra la alegría divina por recuperar al perdido y denuncia tanto la rebelión distante como el resentimiento religioso.
El rico insensato expone la fragilidad de acumular para uno mismo sin ser rico para con Dios. El rico y Lázaro denuncia una indiferencia que puede convivir con conocimiento religioso. El fariseo y el recaudador confronta la confianza en la propia justicia. La viuda persistente anima a orar sin desfallecer ante sistemas injustos.
Las parábolas no son relatos dulces con moralejas previsibles. Desestabilizan las seguridades del oyente, invierten expectativas y exigen una decisión. Para interpretarlas conviene observar la situación narrativa, los interlocutores, el conflicto y el desenlace, evitando alegorizar cada detalle.
¿Qué significa el camino hacia Jerusalén?
Lucas 9:51 marca un giro: al cumplirse el tiempo, Jesús afirma su rostro para ir a Jerusalén. Desde entonces, el camino organiza gran parte del evangelio. No siempre es posible reconstruir un itinerario geográfico lineal, porque la ruta posee una función literaria y teológica.
Jesús avanza hacia el lugar donde será rechazado, crucificado y vindicado. Mientras camina, forma discípulos. Enseña que seguirlo requiere prioridad, perseverancia, desprendimiento, oración y servicio. El discipulado no es admiración desde una distancia segura; es participación en el camino del Mesías.
Jerusalén concentra memoria y esperanza. Allí está el templo, allí mueren profetas, allí sucede la pasión y desde allí comenzará la proclamación. El camino une misión y sufrimiento: Jesús no llega accidentalmente a la cruz, sino que orienta su ministerio hacia una entrega interpretada por las Escrituras.
¿Cómo presenta Lucas la oración?
Lucas muestra a Jesús orando en momentos decisivos: durante el bautismo, antes de escoger a los Doce, antes de la confesión de Pedro, en la transfiguración, antes de enseñar el Padre nuestro, por Pedro y en el monte de los Olivos. La oración acompaña discernimiento, identidad, misión, conflicto y sufrimiento.
Las parábolas del amigo a medianoche, la viuda persistente y el fariseo con el recaudador desarrollan distintas dimensiones. Orar implica confianza en la bondad de Dios, perseverancia ante la demora y humildad que abandona la autojustificación.
Lucas evita presentar la oración como técnica para controlar resultados. Jesús ora en Getsemaní y se somete a la voluntad del Padre. La respuesta divina no siempre elimina el sufrimiento; fortalece la fidelidad dentro de él. La comunidad aprende a pedir el Espíritu, el pan cotidiano, el perdón y la liberación de la prueba.
¿Qué relación existe entre Lucas y el Antiguo Testamento?
Los primeros capítulos están saturados de lenguaje y ecos de las Escrituras. Los cánticos de María, Zacarías y Simeón interpretan los nacimientos a la luz de Abraham, David, los profetas, el éxodo y la esperanza de Israel. Jesús no aparece como fundador desconectado, sino como cumplimiento de una historia previa.
Lucas 4 utiliza Isaías para explicar la misión. El camino a Emaús culmina cuando el Resucitado interpreta «Moisés y todos los profetas». La expresión griega δεῖ (deî), “es necesario”, señala repetidamente que la pasión y la misión pertenecen al propósito divino revelado en las Escrituras.
Esto no significa que cada acontecimiento estuviera predicho como una cronología secreta. Lucas practica una lectura cristológica: después de la resurrección, la comunidad descubre coherencia entre el camino de Jesús y el testimonio de Israel. La promesa no anula a Israel; afirma que el Dios que actúa en Jesús es el Dios fiel de la alianza.
El concepto de pacto en Lucas-Hechos vincula la elección de Israel, el servicio, la justicia y la misión. La obra en dos volúmenes presenta la historia de Jesús y la expansión del testimonio sobre el trasfondo de esa vocación (DOI: 10.4102/ve.v34i1.697).
¿Cómo narra Lucas la pasión y la cruz?
La última cena interpreta la muerte de Jesús como entrega por sus discípulos y vincula la copa con el nuevo pacto. En el arresto, Jesús detiene la violencia y sana la oreja del siervo. Durante el juicio, Lucas subraya repetidamente la declaración de inocencia, aunque las autoridades y la multitud impulsan la condena.
En la cruz, Jesús intercede por sus verdugos según una variante textual antigua ampliamente conocida, promete el paraíso al criminal que se vuelve hacia él y entrega su espíritu al Padre. Estas escenas no suavizan la brutalidad de la ejecución romana. Revelan que la misericordia de Jesús permanece activa en medio de la injusticia.
El título ὁ υἱὸς τοῦ ἀνθρώπου (ho huiòs toû anthrṓpou), “el Hijo del Hombre”, conecta autoridad, sufrimiento y vindicación. Jesús había anunciado que el Hijo del Hombre debía ser rechazado y resucitar. La cruz no es derrota accidental ni aprobación del abuso; es la entrega del justo que Dios vindica.
¿Qué enseña Lucas sobre la resurrección?
Las mujeres encuentran la tumba vacía y reciben el recordatorio de las palabras de Jesús. Los discípulos reaccionan inicialmente con incredulidad. Lucas no retrata la fe pascual como credulidad automática, sino como proceso en el que memoria, Escritura, encuentro y comunidad convergen.
En el camino a Emaús, dos discípulos interpretan la cruz como fracaso. El desconocido les abre las Escrituras y luego es reconocido al partir el pan. El corazón ardiente no nace de entusiasmo sin contenido: surge cuando la historia dolorosa es releída a la luz del propósito de Dios.
Jesús aparece corporalmente, muestra manos y pies y come delante de ellos. La resurrección no es mera supervivencia de una idea. A la vez, el cuerpo resucitado ya no está limitado como antes. La escena culmina con comisión, promesa del Espíritu, bendición y ascensión.
¿Cuál es el mensaje central del Evangelio de Lucas?
El mensaje central puede expresarse así: en Jesús, Dios cumple sus promesas a Israel, visita misericordiosamente a su pueblo y ofrece salvación a todas las naciones, formando discípulos que viven por el Espíritu, practican justicia y anuncian perdón.
Lucas 19:10 resume una dimensión esencial: el Hijo del Hombre vino a buscar y salvar lo perdido. «Salvar» traduce formas del verbo σῴζω (sṓzō), que puede referirse a rescatar, sanar o preservar. El relato muestra esta amplitud: cuerpos sanados, pecadores perdonados, excluidos restaurados y una comunidad enviada.
La universalidad no borra la particularidad. La misión comienza en la historia de Israel, pasa por Jerusalén y alcanza a las naciones. Tampoco elimina la exigencia ética. Quien recibe misericordia es llamado a producir frutos de arrepentimiento, compartir bienes, perdonar, orar y hacerse prójimo.
¿Cómo debe leerse Lucas actualmente?
Conviene leer unidades completas y observar el movimiento general. Un plan útil comienza con los relatos de infancia, sigue el ministerio galileo, dedica tiempo al camino hacia Jerusalén y concluye con pasión y resurrección. Después debe continuarse con Hechos para apreciar la unidad de la obra.
Cada pasaje puede abordarse mediante cuatro preguntas: ¿qué ocurre en la escena?, ¿qué revela acerca de Jesús?, ¿cómo se relaciona con el conjunto del evangelio?, ¿qué respuesta concreta demanda? También es importante reconocer género literario, interlocutores, repeticiones y ecos del Antiguo Testamento.
La aplicación debe conservar la tensión del texto. La misericordia no se reduce a amabilidad; confronta prejuicios y restaura al herido. La salvación no es solo bienestar interior; reordena posesiones, mesas y vínculos. La oración no evade el mundo; prepara para actuar fielmente dentro de él.
Leer Lucas hoy significa permitir que el relato examine a la iglesia. ¿Quiénes permanecen fuera de nuestras mesas? ¿Qué hacemos con los bienes? ¿Escuchamos las voces que el poder suele ignorar? ¿Anunciamos perdón sin negar justicia? ¿Reconocemos a Jesús en el camino, las Escrituras, la hospitalidad y la misión?
¿Por qué sigue siendo relevante el Evangelio de Lucas?
Lucas habla a una época marcada por fragmentación, desigualdad, desplazamientos y desconfianza. Su respuesta no es nostalgia religiosa. Presenta una historia en la que Dios se acerca a personas concretas, derriba falsas grandezas, honra a los humildes, llama al arrepentimiento y abre futuro donde parecía haber fracaso.
El evangelio también forma una imaginación comunitaria. Enseña a mirar al samaritano como prójimo, al recaudador como alguien capaz de transformación, a la mujer ignorada como testigo, al pobre como destinatario de buenas noticias y al enemigo como objeto de oración y misericordia.
Su final evita el encierro. Los discípulos reciben una promesa y vuelven a Jerusalén con alegría. La historia continuará. Quien termina Lucas queda preparado para Hechos y para comprender que el testimonio de Jesús debe cruzar fronteras bajo el poder del Espíritu.
Referencias para profundizar
- Joel B. Green, The Theology of the Gospel of Luke. Cambridge University Press. https://doi.org/10.1017/CBO9781139166683
- Niels Henrik Gregersen, «The Extended Body: The Social Body of Jesus according to Luke». https://doi.org/10.1111/j.1540-6385.2012.00689.x
- Henry Wansbrough, «St Luke and Christian Ideals in an Affluent Society». https://doi.org/10.1111/j.1741-2005.1968.tb01204.x
- Timo Glaser, «The House, the Table, and the Message: Spatial Dynamics in the Synoptic Gospels». https://doi.org/10.1177/0142064X251408009
- Frank Kovacs, John Gosling y Francois Viljoen, «The Lukan covenant concept: The basis of Israel’s mandate in Luke-Acts». https://doi.org/10.4102/ve.v34i1.697
Luis Romero · Teólogo y magíster en Educación