Mateo no es únicamente una biografía moderna ni una colección de enseñanzas. Es una narración teológica arraigada en la historia de Israel. Alterna relatos de la actividad de Jesús con grandes discursos, cita repetidamente las Escrituras y coloca al lector frente a una decisión: escuchar y practicar o limitarse a admirar. Su visión integra identidad, ética, adoración, comunidad y misión.
¿Qué es el Evangelio de Mateo?
Es uno de los cuatro evangelios canónicos y el primero en el orden tradicional del Nuevo Testamento. Junto con Marcos y Lucas forma parte de los evangelios sinópticos, llamados así porque pueden observarse en paralelo debido a numerosos episodios, expresiones y secuencias compartidas. Mateo posee, sin embargo, un diseño y énfasis propios.
El libro comienza con «Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham». Esta frase funciona como umbral: Jesús pertenece a la historia de las promesas y, al mismo tiempo, inaugura su cumplimiento decisivo. El estudio de la expresión inicial y de su función dentro de toda la narración muestra que el «origen» de Jesucristo no se limita a una lista ancestral, sino que abre el movimiento cristológico del evangelio (DOI: 10.1163/9789004444010_011).
Mateo narra el nacimiento, bautismo, tentación, ministerio público, conflicto, muerte y resurrección de Jesús. Conserva enseñanzas tan conocidas como las bienaventuranzas, el Padre nuestro, la regla de oro, parábolas del reino y el juicio de las naciones. Su unidad surge de la relación entre estas palabras, las acciones de Jesús y la respuesta de los personajes.
¿Quién escribió el Evangelio de Mateo?
El texto es anónimo en el sentido de que su narrador no se identifica explícitamente. La tradición cristiana antigua lo atribuyó a Mateo, también llamado Leví, recaudador de impuestos convertido en discípulo. El título «según Mateo» aparece en la transmisión manuscrita y consolidó esa asociación.
La investigación moderna debate la autoría directa del apóstol. Muchos estudiosos observan que el evangelista escribe en un griego competente, utiliza fuentes y conoce profundamente las Escrituras de Israel. El hecho de que Mateo comparta gran parte de su material con Marcos ha llevado a la mayoría a pensar que usó una forma de Marcos, además de otras tradiciones escritas y orales. Otros defienden distintas relaciones entre los sinópticos.
La incertidumbre sobre el nombre del redactor final no vuelve anónimo el mensaje ni invalida la recepción antigua. Conviene distinguir tres afirmaciones: la obra no firma su autor; la iglesia temprana la vinculó con Mateo; y la composición revela a un intérprete formado, capaz de organizar tradiciones sobre Jesús para las necesidades de una comunidad. Una lectura responsable presenta estas capas sin convertir una hipótesis en certeza absoluta.
¿Cuándo y dónde fue escrito?
No existe una fecha indicada en el libro. Muchos investigadores lo sitúan aproximadamente entre los años 70 y 90 d. C., aunque se han propuesto fechas anteriores y posteriores. Entre los argumentos se encuentran su relación literaria con Marcos, el modo en que alude a la destrucción de Jerusalén y la etapa de diálogo y conflicto con otros grupos judíos.
Con frecuencia se propone Siria, y especialmente el entorno de Antioquía, como contexto posible. La hipótesis busca explicar la convivencia de una profunda matriz judía con una apertura explícita a las naciones. Sin embargo, el lugar exacto no puede demostrarse de manera concluyente.
Estas preguntas históricas ayudan a comprender el texto, pero no deben sustituir su lectura. Mateo habla desde un mundo posterior a la Pascua que recuerda a Jesús, interpreta las Escrituras y forma discípulos. Su comunidad enfrenta tensiones de identidad, autoridad, disciplina y misión que dejan huellas en el énfasis del evangelio.
¿Cómo se relaciona Mateo con Marcos y Lucas?
Los tres sinópticos comparten numerosos relatos: Juan el Bautista, bautismo y tentación de Jesús, llamado de discípulos, controversias, parábolas, milagros, pasión y resurrección. En muchos pasajes el orden y la redacción son tan semejantes que resulta probable alguna dependencia literaria, no solo memoria oral independiente.
La explicación más extendida sostiene que Marcos fue escrito primero y utilizado por Mateo y Lucas. Mateo abrevia algunos textos, amplía otros y reorganiza material. Por ejemplo, reúne enseñanzas en discursos extensos como el Sermón del Monte. También incorpora relatos propios: la visita de los magos, la huida a Egipto, varias parábolas y escenas relacionadas con Pedro y la comunidad.
Comparar no significa decidir cuál evangelista cuenta «bien» y cuál «mal». Cada uno selecciona y dispone tradiciones para dar testimonio de Jesús. Las diferencias invitan a preguntar por el énfasis: Mateo puede añadir una cita de cumplimiento, reforzar la enseñanza sobre justicia o conectar una escena con la misión comunitaria. La lectura sinóptica enriquece, mientras la lectura continua permite escuchar la voz literaria de cada evangelio.
¿Cómo está estructurado el Evangelio de Mateo?
Una división útil reconoce un prólogo en Mateo 1–2, la preparación del ministerio en 3–4, la actividad de Jesús en Galilea y su expansión en 4–16, el camino hacia Jerusalén en 16–20, la confrontación y enseñanza en Jerusalén en 21–25, y la pasión y resurrección en 26–28. Esta estructura narrativa sigue movimientos geográficos y cristológicos.
Otra perspectiva observa cinco grandes discursos: el Sermón del Monte (5–7), el discurso misionero (10), las parábolas del reino (13), el discurso comunitario (18) y el discurso escatológico (24–25). Cada bloque concluye con una fórmula semejante: «cuando Jesús terminó estas palabras». Algunos relacionan los cinco discursos con los cinco libros de Moisés, aunque la analogía no debe forzarse.
Las narraciones y discursos se interpretan mutuamente. Después del Sermón del Monte, Mateo 8–9 muestra actos de sanidad, autoridad y misericordia. El discurso misionero prepara el envío de los Doce. Las parábolas responden a reacciones diversas ante el reino. No estamos ante dos libros —uno de hechos y otro de dichos—, sino ante una obra en la que Jesús enseña con palabra y acción.
¿Cuál es el mensaje principal de Mateo?
El mensaje central es que en Jesús el reino de los cielos se ha acercado y forma un pueblo de discípulos que vive bajo la voluntad del Padre. «Reino de los cielos» no se refiere principalmente a escapar de la tierra al morir. Es una manera judía de hablar del gobierno de Dios, presente en la obra de Jesús y esperado en plenitud.
La investigación sobre este tema destaca que el reino en Mateo está unido a decisiones, identidad comunitaria y cristología, y que debe leerse dentro del proceso mediante el cual la comunidad define su relación con Dios y con su entorno (DOI: 10.4102/ve.v21i3.639). El reinado divino se manifiesta en perdón, sanidad, liberación, justicia, comunión y anuncio; también confronta hipocresía, violencia y autosuficiencia.
El evangelio no separa don y exigencia. Jesús llama bienaventurados a quienes reciben el reino y, a la vez, demanda una justicia que alcanza intenciones, relaciones y uso de bienes. La obediencia no compra la gracia. Es la forma visible de una vida que escucha al Rey.
¿Por qué Mateo habla del «reino de los cielos»?
La expresión aparece con especial frecuencia en Mateo, mientras Marcos y Lucas suelen decir «reino de Dios». No describe un reino distinto. Probablemente refleja reverencia judía al hablar de Dios y un vocabulario propio del evangelista. Mateo también usa «reino de Dios» en algunos lugares.
El reino tiene una tensión temporal. Ya se acerca en Jesús: enfermos son restaurados, pecadores reciben perdón, pobres escuchan buenas noticias y discípulos aprenden una nueva justicia. Sin embargo, todavía se pide «venga tu reino» y se espera juicio, cosecha y renovación. Esta combinación evita dos reducciones: afirmar que todo se ha cumplido o relegar todo al futuro.
Las parábolas de Mateo 13 explican su crecimiento oculto y su valor incomparable. El reino puede comenzar como semilla pequeña, mezclarse como levadura y ser descubierto como tesoro. Al final habrá discernimiento. Por eso su presencia actual llama a paciencia, fidelidad y decisión.
¿Cómo presenta Mateo a Jesús?
Mateo lo presenta como Mesías, hijo de David e hijo de Abraham. La genealogía y los relatos de infancia lo sitúan dentro de la esperanza de Israel. Los magos lo reconocen como rey, Herodes lo percibe como amenaza y las Escrituras iluminan sus primeros desplazamientos.
Jesús también aparece como nuevo y mayor Moisés: sale de Egipto, atraviesa las aguas del bautismo, es probado en el desierto, sube al monte y enseña con autoridad. La comparación no reduce a Jesús a un segundo legislador. Mateo afirma que posee autoridad singular para interpretar la voluntad de Dios y que en él se cumple la historia.
Es Emmanuel, «Dios con nosotros», al comienzo, y promete estar con sus discípulos hasta el fin al final. Es Hijo del Hombre con autoridad y destino de sufrimiento; Siervo que actúa con mansedumbre; maestro de sabiduría; juez escatológico; Hijo amado; Señor crucificado y resucitado. Estos títulos forman una cristología narrativa: su significado se descubre acompañando el camino completo.
Un estudio sobre la manera de leer a Jesús como «maestro-salvador» o «salvador-maestro» subraya que en Mateo enseñanza y salvación no compiten, sino que se integran (DOI: 10.4102/hts.v65i1.317). Seguir a Jesús incluye recibir su acción salvadora y aprender a obedecer cuanto mandó.
¿Qué significa que Jesús cumple las Escrituras?
Mateo utiliza varias fórmulas: «para que se cumpliese lo dicho por el profeta». No siempre entiende cumplimiento como una predicción aislada seguida por su evento exacto. A menudo lee patrones de la historia de Israel que alcanzan una nueva concentración en Jesús.
Oseas 11:1 hablaba originalmente de Israel saliendo de Egipto; Mateo lo aplica al regreso del niño Jesús. Jeremías describía el llanto del exilio; Mateo lo escucha en el dolor de Belén. Isaías anuncia Emmanuel y luz para una región afligida. El evangelista interpreta a Jesús como aquel que recapitula la historia del pueblo y lleva adelante las promesas.
Esto exige leer los textos citados en su contexto original y en su nuevo contexto mateano. «Cumplir» no significa que el Antiguo Testamento careciera de sentido antes de Jesús. Significa que la comunidad cristiana descubre correspondencias, continuidad y plenitud desde la experiencia de Cristo.
¿Qué enseña el Sermón del Monte?
Mateo 5–7 comienza con bienaventuranzas y llama a los discípulos sal y luz. Jesús declara que no vino a abolir la Ley y los Profetas, sino a cumplirlos. Después profundiza la justicia: reconciliación frente a la ira, fidelidad, palabra confiable, renuncia a la venganza y amor al enemigo.
Mateo 6 trata limosna, oración y ayuno sin exhibición. Incluye el Padre nuestro y confronta la acumulación dominada por ansiedad. Mateo 7 enseña sobre juicio hipócrita, petición, discernimiento de frutos y obediencia. La conclusión contrasta dos constructores: escuchar y practicar es edificar sobre roca.
El sermón no es una escalera para ganar aceptación divina ni un ideal destinado únicamente a mostrar fracaso. Forma la vida del pueblo del reino. Sus exigencias revelan necesidad de gracia y orientan prácticas concretas. La investigación sobre justicia e identidad en este discurso destaca que la justicia mateana moldea una comunidad reconocible por su conducta (DOI: 10.4102/hts.v69i1.1300).
¿Qué lugar ocupan los milagros en Mateo?
Después de la enseñanza del monte, Jesús toca a un leproso, sana al siervo de un centurión, restaura a la suegra de Pedro, calma una tormenta, libera a oprimidos, perdona y sana a un paralítico, devuelve vida y vista. Los milagros manifiestan autoridad y compasión; anticipan la restauración del reino.
Mateo no los presenta como entretenimiento. Producen preguntas sobre la identidad de Jesús y demandan respuesta. Algunas personas creen, otras se asombran y otras atribuyen su obra al mal. La señal no elimina la necesidad de discernimiento.
También conviene evitar usar estos relatos para culpabilizar a enfermos actuales. Mateo muestra encuentros concretos dentro de la misión de Jesús; no ofrece una técnica que garantice el mismo desenlace inmediato en cada situación. La comunidad está llamada a orar, cuidar, buscar medios responsables y sostener a quien sufre.
¿Qué enseñan las parábolas del reino?
Mateo 13 reúne parábolas del sembrador, trigo y cizaña, mostaza, levadura, tesoro, perla y red. Las parábolas revelan y esconden: invitan a escuchar, pero exponen resistencia. El problema no reside solo en falta de información; involucra disposición del corazón.
El sembrador explica respuestas diferentes a la palabra. Trigo y cizaña advierte contra arrancar prematuramente y confía el juicio final a Dios. Mostaza y levadura muestran comienzos discretos con efectos amplios. Tesoro y perla expresan valor que justifica reordenar todo. La red recuerda discernimiento final.
No todas las imágenes deben traducirse en una sola alegoría detallada. Cada parábola tiene un centro dentro de la narración. Leídas juntas muestran un reino presente de forma humilde, resistido, valioso, fecundo y orientado hacia la consumación.
¿Cómo presenta Mateo a los discípulos?
Los discípulos son llamados para seguir, aprender y participar en la misión. Reciben autoridad, escuchan enseñanzas privadas y confiesan a Jesús. Pedro ocupa un lugar visible: camina sobre el agua, confiesa al Mesías, recibe una promesa y también es corregido con severidad.
Mateo no idealiza al grupo. Los discípulos tienen poca fe, discuten grandeza, duermen en Getsemaní, huyen y pueden dudar aun frente al Resucitado. Esta mezcla ofrece un retrato pastoral: el discipulado no es perfección instantánea, sino seguimiento sostenido por presencia, corrección y perdón.
La Gran Comisión no se limita a obtener decisiones. «Hacer discípulos» incluye bautizar y enseñar a guardar todo lo mandado por Jesús. La misión produce comunidades de aprendizaje obediente. La promesa «yo estoy con vosotros» conecta con Emmanuel y hace de la presencia de Cristo el marco de la tarea.
¿Qué enseña Mateo sobre la iglesia y la comunidad?
Mateo es el único evangelio que utiliza explícitamente la palabra «iglesia». En Mateo 16 aparece en relación con la confesión de Pedro; en Mateo 18, con procesos comunitarios de cuidado y corrección. La iglesia pertenece a Cristo y vive bajo su autoridad.
El capítulo 18 coloca en el centro a un niño, advierte contra hacer caer a los pequeños, habla de buscar a quien se pierde, propone una corrección progresiva y culmina con perdón abundante. La disciplina no busca humillar ni controlar, sino verdad, protección y restauración. No debe utilizarse para obligar a víctimas a permanecer expuestas al daño.
La autoridad de «atar y desatar» se ejerce dentro de una comunidad que debe hacerse pequeña, buscar a la oveja y perdonar. Mateo critica liderazgos que cargan pesos sin ayudar, buscan títulos y cuidan apariencia. La grandeza se redefine como servicio.
¿Cuál es el sentido de la genealogía de Jesús?
Mateo 1:1-17 organiza la genealogía en tres grupos de catorce generaciones: de Abraham a David, de David al exilio y del exilio al Mesías. La organización es teológica y mnemónica, no un registro civil moderno exhaustivo. Las genealogías bíblicas pueden seleccionar generaciones para expresar continuidad, legitimidad y memoria.
Abraham conecta a Jesús con la promesa de bendición; David, con la esperanza real; el exilio, con juicio y restauración. La lista menciona a Tamar, Rahab, Rut, «la mujer de Urías» y María. Sus historias son diferentes y no deben reducirse a una sola etiqueta. Juntas interrumpen expectativas y recuerdan que la providencia obra dentro de historias complejas, con extranjeros, vulnerabilidad, pecado humano y fidelidad.
José es llamado hijo de David y recibe a Jesús dándole nombre. La genealogía llega a él, pero la redacción cambia al hablar de María, de quien nació Jesús. Mateo sostiene simultáneamente continuidad davídica y concepción por obra del Espíritu.
¿Por qué hay diferencias con la genealogía de Lucas?
Mateo 1 y Lucas 3 presentan listas distintas. Mateo desciende desde Abraham hasta Jesús, se organiza alrededor de David y el exilio y pasa por Salomón. Lucas asciende desde Jesús hasta Adán y pasa por Natán, otro hijo de David. También difieren nombres entre David y José.
Se han propuesto explicaciones: líneas legales y biológicas, genealogías de José y María, levirato u objetivos literarios diferentes. Ninguna solución obtiene consenso completo. Lo más seguro es reconocer que ambos evangelistas usan genealogías antiguas con propósitos teológicos y formas de selección propias.
La diferencia no debe ocultarse ni exagerarse. En ambos casos Jesús queda vinculado a Israel y David; Lucas amplía hasta Adán, mientras Mateo destaca Abraham, realeza y exilio. La comparación enseña cómo una genealogía antigua puede narrar identidad, no solo transmitir datos.
¿Cómo narra Mateo la pasión y la resurrección?
Los capítulos 26–27 muestran la última cena, Getsemaní, arresto, juicios, negación de Pedro, crucifixión, muerte y sepultura. Mateo conserva la estructura compartida con Marcos y añade detalles que resaltan responsabilidad, cumplimiento, inocencia y significado cósmico.
Jesús interpreta el pan y la copa en relación con su cuerpo, sangre y perdón. En Getsemaní expresa angustia y obediencia. Durante el arresto rechaza la violencia de la espada. En la cruz es burlado como rey e Hijo, pero su muerte abre acceso y provoca confesión.
Mateo 28 narra a mujeres que encuentran la tumba vacía, reciben anuncio y se convierten en mensajeras. Jesús las encuentra y luego reúne a los discípulos en Galilea. Algunos adoran y algunos dudan. El Resucitado declara toda autoridad y envía. El evangelio termina abierto hacia la misión, no con retirada del mundo.
¿Qué textos de Mateo son especialmente conocidos?
Entre los más leídos están la genealogía y nacimiento de Jesús (1–2), las bienaventuranzas (5:1-12), el Padre nuestro (6:9-13), la regla de oro (7:12), la invitación «venid a mí» (11:28-30), las parábolas de Mateo 13, la confesión de Pedro (16:13-20), el discurso comunitario (18), el mandamiento principal (22:34-40), el juicio de las naciones (25:31-46) y la Gran Comisión (28:16-20).
Leerlos de forma aislada puede empobrecerlos. «No juzguéis» convive con discernir frutos; «donde dos o tres» aparece en un contexto comunitario; «todo lo puedo» no pertenece a Mateo; «las ovejas y los cabritos» forma parte de un discurso sobre vigilancia. El contexto inmediato y el movimiento total del evangelio protegen de usos arbitrarios.
Una práctica útil es leer una sección completa, identificar personajes, conflicto, palabras repetidas y relación con lo anterior. Luego se pregunta qué revela de Jesús, del reino y del discipulado.
¿Qué significa «Evangelio de Mateo completo»?
Puede referirse al texto íntegro de sus 28 capítulos, no a un resumen o selección. Existen traducciones bíblicas con diferentes derechos de uso. Para leerlo completo conviene acudir a una edición autorizada o de dominio público, respetar sus notas editoriales y verificar cuál versión se está citando.
También puede significar una comprensión integral. Leer «completo» no es únicamente recorrer cada versículo; es reconocer cómo inicio y final se conectan, cómo los discursos dependen de las narraciones y cómo cruz, resurrección y misión iluminan lo anterior.
Un plan de lectura puede distribuir cuatro capítulos diarios durante una semana o leer por grandes secciones. Conviene registrar títulos propios, preguntas y conexiones con el Antiguo Testamento. La rapidez no es el objetivo principal; la lectura atenta permite escuchar la arquitectura del evangelio.
¿Cómo leer Mateo responsablemente hoy?
Primero, hay que reconocer su matriz judía. Jesús, sus discípulos, las Escrituras y las prácticas discutidas pertenecen al mundo de Israel. Los conflictos con escribas o fariseos no autorizan antisemitismo. Son debates intensos dentro de un entorno judío y fueron redactados en una etapa compleja de definición comunitaria.
Segundo, debemos distinguir descripción, mandato y recurso literario. No toda acción narrada se convierte automáticamente en norma. Las hipérboles de Jesús buscan sacudir la conciencia y deben interpretarse sin neutralizar su exigencia ni promover daño literal.
Tercero, la aplicación debe guardar el centro cristológico y comunitario. Mateo pregunta por la identidad de Jesús y por el tipo de pueblo que su presencia forma. Una lectura que acumula información pero no revisa justicia, misericordia, verdad, perdón y misión queda incompleta.
¿Qué aporta Mateo a la vida cristiana?
Ofrece una visión integrada del discipulado. La fe confiesa a Jesús, escucha su enseñanza, recibe misericordia, practica justicia, participa en comunidad y anuncia el reino. No separa doctrina de conducta ni espiritualidad de relaciones.
Mateo también ayuda a vivir entre cumplimiento y espera. Cristo posee autoridad y acompaña a su pueblo, pero la historia todavía conoce cizaña, persecución, hambre y dolor. Los discípulos oran, trabajan, esperan y velan. La esperanza no evade el presente; lo habita responsablemente.
Finalmente, el evangelio forma humildad. Quienes reciben gran enseñanza todavía dudan; Pedro confiesa y falla; líderes religiosos pueden usar verdad sin misericordia; las naciones pueden responder. Nadie controla la gracia. Todos son llamados a producir frutos dignos del reino.
Conclusión
El Evangelio de Mateo cuenta quién es Jesús y qué significa seguirlo. Lo presenta dentro de la historia de Abraham, David, el exilio y las promesas proféticas; lo proclama Emmanuel, Mesías, maestro, Hijo y Señor resucitado. Su estructura entrelaza acciones y discursos para formar una comunidad que escucha y practica.
El reino de los cielos se acerca en Jesús y reordena la vida. La justicia alcanza el corazón, la autoridad se vuelve servicio, el perdón restaura, los pequeños ocupan el centro y la misión se dirige a todas las naciones. Desde «Dios con nosotros» hasta «yo estoy con vosotros», la presencia de Cristo sostiene todo el relato.
Leer Mateo completo es dejar que genealogía, monte, caminos, parábolas, cruz y resurrección se interpreten mutuamente. El evangelio no termina en información sobre Jesús. Termina enviando discípulos para enseñar, bautizar y obedecer bajo la promesa de su compañía.
Referencias
- A.B. du Toit, «The Kingdom of God in the Gospel of Matthew». https://doi.org/10.4102/ve.v21i3.639
- Zoltán Kocsis, «The Book of the Genesis of Jesus Christ (Matthew 1:1)». https://doi.org/10.1163/9789004444010_011
- Yin-Chun Chiu, «Jesus the ‘teacher-saviour’ or ‘saviour-teacher’: Reading the Gospel of Matthew in Chinese contexts». https://doi.org/10.4102/hts.v65i1.317
- Francois P. Viljoen, «Righteousness and identity formation in the Sermon on the Mount». https://doi.org/10.4102/hts.v69i1.1300
Luis Romero · Teólogo y magíster en Educación