¿Dónde está el Sermón del Monte?

Se encuentra en Mateo 5, 6 y 7. Jesús ve a las multitudes, sube al monte, se sienta y sus discípulos se acercan. Al terminar, la gente se asombra porque enseña con autoridad. El monte evoca escenarios bíblicos de revelación y coloca el discurso como momento decisivo del evangelio.

Lucas 6 conserva un discurso parecido, más breve, pronunciado en un lugar llano. Ambos comparten bienaventuranzas, amor a los enemigos, enseñanza sobre juzgar y la parábola de los dos constructores. Las diferencias muestran la organización propia de cada evangelista.

¿Cómo está estructurado?

Mateo 5:3-16 presenta bienaventuranzas, sal y luz. Mateo 5:17-48 desarrolla la relación de Jesús con la ley y lleva la justicia hacia el corazón: ira, reconciliación, fidelidad, verdad, renuncia a la venganza y amor al enemigo. Mateo 6 trata limosna, oración, ayuno, tesoros y preocupación. Mateo 7 aborda juicio, petición, puerta estrecha, frutos y obediencia.

La justicia funciona como hilo conductor. Los discípulos tienen hambre de ella, pueden ser perseguidos por ella, deben practicarla sin ostentación y buscarla junto con el reino. La investigación sobre Mateo muestra que esta justicia forma la identidad ética de la comunidad (DOI: 10.4102/hts.v69i1.1300).

¿Cuál es su mensaje principal?

El mensaje es que el reino transforma integralmente la vida. La obediencia no se limita a apariencia externa; alcanza deseos, palabras, prioridades y trato al enemigo. La relación con Dios no puede separarse del cuidado del prójimo.

El sermón une don y responsabilidad. Comienza declarando bienaventurados a pobres en espíritu, afligidos y perseguidos, antes de formular grandes exigencias. La gracia del reino produce una justicia que supera la búsqueda de reconocimiento religioso.

¿Jesús abolió la ley?

Jesús declara que no vino a abolir la ley y los profetas, sino a cumplirlos. Luego interpreta mandamientos mostrando su intención profunda. No basta evitar el homicidio si la ira y el desprecio destruyen al hermano; no basta una verdad formal si la palabra carece de confiabilidad.

Las expresiones «oísteis que fue dicho… pero yo os digo» manifiestan autoridad. Jesús no promueve legalismo más estricto por sí mismo. Orienta la voluntad de Dios hacia una justicia reconciliadora, íntegra y semejante al amor del Padre.

¿Qué enseña sobre los enemigos?

Ordena amar y orar por quienes persiguen. Este amor no significa aprobar el mal, renunciar a la justicia o permanecer expuesto a violencia. Rechaza la venganza y la deshumanización. Busca el bien sin imitar el odio del agresor.

La razón es el carácter del Padre, que hace salir el sol sobre malos y buenos. La madurez consiste en una integridad de amor que no depende únicamente de reciprocidad. Puede incluir límites, denuncia y protección del vulnerable.

¿Qué enseña sobre la oración?

Jesús critica orar para obtener admiración y repetir palabras como si su cantidad controlara a Dios. Invita a dirigirse al Padre en secreto y entrega el Padre nuestro como modelo: nombre, reino, voluntad, pan, perdón, protección y liberación.

La oración no es espectáculo ni mecanismo. Forma deseos según el reino. Pedir pan recuerda dependencia y solidaridad; pedir perdón compromete a perdonar; pedir que venga el reino dispone a vivir su justicia.

¿Qué enseña sobre el dinero y la preocupación?

«Donde esté vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón». Jesús no demoniza los bienes, pero confronta su poder para convertirse en señor. Nadie puede servir a Dios y al dinero. Los recursos deben ocupar lugar de herramienta, no de identidad última.

La enseñanza sobre no afanarse no desprecia necesidades reales ni condena trastornos de ansiedad. Invita a confiar en el cuidado del Padre y buscar primero su reino. La comunidad puede encarnar ese cuidado compartiendo con quien carece de pan.

¿Qué significa «no juzguéis»?

No prohíbe todo discernimiento, pues el mismo capítulo pide reconocer frutos y falsos profetas. Prohíbe el juicio hipócrita y condenatorio que examina la astilla ajena mientras ignora la viga propia. La corrección comienza con autoexamen.

Juzgar con misericordia implica verificar, escuchar y buscar restauración. No significa encubrir abuso. Proteger a quien está en riesgo puede requerir investigación y acción responsable.

¿Cómo termina el sermón?

Termina con alternativas: dos puertas, dos caminos, dos tipos de fruto y dos constructores. Escuchar sin hacer equivale a edificar sobre arena; escuchar y practicar es construir sobre roca. La tormenta revela el fundamento.

La obediencia no compra el amor de Dios. Demuestra que la palabra fue recibida. La estructura final impide convertir el sermón en admiración estética sin transformación.

¿Cómo aplicarlo hoy?

Puede estudiarse por secciones y traducirse en prácticas: reconciliarse antes de alimentar resentimiento, cumplir la palabra dada, orar sin exhibición, compartir recursos, revisar prioridades, renunciar a venganza y discernir con humildad. La ética del reino se concreta en hábitos.

También debe aplicarse comunitariamente. Iglesias y líderes pueden preguntar si sus estructuras protegen al vulnerable, evitan ostentación y producen buenos frutos. El sermón forma un pueblo, no solo individuos aislados.

Conclusión

El Sermón del Monte anuncia una vida bajo el reinado de Dios. Comienza con bendición, forma una justicia del corazón y termina llamando a obedecer. Une oración, economía, sexualidad, palabra, conflicto y esperanza bajo el carácter del Padre.

Su exigencia revela nuestra necesidad de gracia y, al mismo tiempo, orienta el discipulado. Escucharlo es recibir una invitación a construir sobre roca mediante una fe que se hace práctica.

Referencia

Luis Romero · Teólogo y magíster en Educación