¿Cuántos capítulos tiene Mateo?

El evangelio tiene 28 capítulos. Los dos primeros narran genealogía e infancia; Mateo 3–4 prepara el ministerio; Mateo 5–25 desarrolla enseñanza, obras, conflictos y camino a Jerusalén; Mateo 26–28 narra pasión, muerte y resurrección.

El término «completo» puede referirse al texto íntegro, no a un resumen. Para leerlo palabra por palabra es necesario acudir a una Biblia autorizada o a una traducción de dominio público, según el uso previsto. Las versiones modernas pueden tener derechos editoriales; por eso esta guía no reproduce aquí los 28 capítulos.

¿Cuál es la estructura para leerlo completo?

Una ruta sencilla divide el libro así:

  • Mateo 1–4: origen y preparación de Jesús.
  • Mateo 5–7: Sermón del Monte.
  • Mateo 8–10: obras de autoridad y misión de los Doce.
  • Mateo 11–13: respuestas a Jesús y parábolas del reino.
  • Mateo 14–17: identidad de Jesús y confesión de Pedro.
  • Mateo 18–20: vida comunitaria y camino de servicio.
  • Mateo 21–25: Jerusalén, controversias y vigilancia.
  • Mateo 26–28: pasión, resurrección y misión.

Otra clave son los cinco discursos principales: capítulos 5–7, 10, 13, 18 y 24–25. Cada uno concluye con una fórmula parecida que indica que Jesús terminó de enseñar. Leer las narraciones cercanas muestra cómo sus palabras toman forma en acciones y conflictos.

¿Qué temas debemos seguir durante la lectura?

El primero es el reino de los cielos. Jesús lo anuncia, lo explica con parábolas y muestra sus señales. Un estudio especializado destaca que el reino en Mateo está relacionado con la identidad de Jesús, la decisión ética y la formación de la comunidad (DOI: 10.4102/ve.v21i3.639).

El segundo es el cumplimiento de las Escrituras. Mateo cita profetas y encuentra en Jesús patrones de la historia de Israel. Conviene consultar el contexto original de cada cita para apreciar continuidad y nueva interpretación.

El tercero es el discipulado. Los discípulos escuchan, siguen, fallan, son corregidos y enviados. El libro no separa conocimiento de práctica. Termina mandando enseñar a guardar todo lo que Jesús ordenó.

También deben observarse palabras recurrentes: Padre, justicia, misericordia, fruto, pequeño, cumplir, autoridad y presencia. Cada repetición conecta secciones distantes.

¿Cómo organizar un plan de lectura?

En siete días pueden leerse cuatro capítulos diarios. Otra opción es emplear cuatro semanas y leer un capítulo por día, dejando jornadas para repasar. Antes de cada sesión conviene recordar lo anterior; después, anotar qué revela el texto sobre Jesús, qué respuesta produce y qué pregunta queda abierta.

No es necesario resolver todos los problemas en la primera lectura. Algunas diferencias con Marcos o Lucas, citas del Antiguo Testamento y costumbres del siglo I requieren estudio adicional. Una Biblia con referencias cruzadas y notas históricas puede ayudar, siempre distinguiendo el texto bíblico de los comentarios.

¿Por qué no debemos leer solo versículos sueltos?

Una frase aislada puede adquirir un sentido que Mateo no pretendía. «No juzguéis» aparece junto al llamado a discernir frutos; «donde dos o tres están congregados» pertenece a una enseñanza sobre cuidado comunitario; «pedid y se os dará» forma parte del Sermón del Monte y de la confianza en el Padre.

Leer párrafos, discursos y escenas completas permite identificar destinatarios, conflicto y propósito. La investigación sobre descripciones particulares en Mateo también muestra cómo detalles narrativos refinan y dirigen la lectura del conjunto (DOI: 10.4102/ids.v58i1.2979).

¿Cuál es el mensaje final del Evangelio?

Jesús posee toda autoridad, pero envía a una comunidad que todavía aprende y hasta duda. La misión consiste en hacer discípulos, bautizar y enseñar obediencia. No depende de seguridad humana absoluta, sino de la presencia del Resucitado.

Leer Mateo completo conduce desde la historia de Israel hacia las naciones, desde la enseñanza hacia la práctica y desde la cruz hacia la misión. Su pregunta permanece vigente: ¿construiremos sobre roca escuchando y haciendo las palabras de Jesús?

Referencias

Luis Romero · Teólogo y magíster en Educación