Marcos narra un Mesías poderoso que expulsa espíritus impuros, perdona pecados, domina el mar y alimenta multitudes. Sin embargo, el evangelio insiste en que esa identidad no se comprende correctamente sin la cruz. Los discípulos pueden reconocer títulos y presenciar milagros, pero continúan confundidos cuando Jesús anuncia sufrimiento y servicio. El lector es llamado a avanzar desde la admiración hasta el discipulado.
¿Qué es el Evangelio de Marcos?
Marcos es el segundo libro del Nuevo Testamento y uno de los tres evangelios sinópticos. Posee 16 capítulos. La mayoría de los especialistas lo considera el evangelio canónico más antiguo y una fuente utilizada posteriormente por Mateo y Lucas, aunque la prioridad marcana continúa siendo una conclusión académica y no una afirmación explícita del texto.
La obra comienza con la expresión griega Ἀρχὴ τοῦ εὐαγγελίου (Archḕ toû euangelíou), “comienzo del evangelio”. El sustantivo εὐαγγέλιον (euangélion) significa buena noticia o anuncio favorable. En el mundo romano podía emplearse para noticias relacionadas con el emperador; en la historia de Israel remitía también al anuncio de que Dios reina y trae salvación. Marcos presenta a Jesús, no a César, como el verdadero portador del reinado de Dios.
El evangelio no contiene relatos del nacimiento ni una genealogía. Jesús aparece ya adulto, ligado a la proclamación de Juan el Bautista, el bautismo y el desierto. Esta entrada inmediata corresponde a la economía narrativa de la obra: Marcos desea que el lector observe qué hace Jesús, qué autoridad manifiesta y cómo las personas reaccionan ante él.
¿Quién escribió el Evangelio de Marcos?
El texto es anónimo. El título «según Marcos» pertenece a la recepción antigua del libro, no al cuerpo narrativo original. Papías, citado por Eusebio, relacionó a Marcos con la predicación de Pedro y afirmó que escribió cuidadosamente lo que recordaba, aunque no siempre en orden cronológico. Ireneo y otros autores posteriores conservaron una atribución semejante.
El Nuevo Testamento menciona a Juan Marcos en Hechos y en algunas cartas. Fue compañero de Bernabé y Pablo y aparece vinculado con Pedro en 1 Pedro 5:13. No puede demostrarse exclusivamente desde el evangelio que ese personaje sea su autor, pero la tradición temprana merece valoración histórica.
El autor efectivo conoce las Escrituras de Israel, explica algunas costumbres judías para ciertos lectores y emplea ocasionalmente términos latinos. Su griego es vivo, directo y capaz de construir escenas complejas mediante repetición, contraste e intercalación. La aparente sencillez del estilo no equivale a falta de elaboración literaria.
Una posición responsable distingue tres niveles: el evangelio no firma su autoría; la tradición antigua lo atribuye a Marcos y lo conecta con Pedro; la interpretación teológica debe fundamentarse ante todo en el texto que poseemos. Esta cautela evita tanto desechar la tradición sin examen como convertir una probabilidad en certeza absoluta.
¿Cuándo y dónde fue escrito?
Muchos investigadores sitúan la composición alrededor de los años 65–75 d. C., cerca de la guerra judeorromana y de la destrucción de Jerusalén. La intensidad del discurso de Marcos 13, las alusiones al sufrimiento y la necesidad de perseverar resultan comprensibles en un contexto de crisis. Otros proponen fechas algo anteriores.
Roma ha sido una localización tradicional, debido a la asociación con Pedro y a ciertos latinismos. También se han sugerido Siria, Galilea y otras zonas del Mediterráneo oriental. El libro no identifica directamente el lugar, por lo cual conviene hablar de posibilidades, no de certezas.
El contexto más importante puede describirse pastoralmente: Marcos se dirige a oyentes que necesitan comprender cómo confesar a Jesús en medio de oposición, miedo, incomprensión y sufrimiento. Su mensaje no promete una ruta sin conflicto; enseña a descubrir la presencia del Hijo de Dios precisamente en el camino de la entrega.
¿Cómo está estructurado Marcos?
Una división útil reconoce un prólogo y tres grandes movimientos. Marcos 1:1-13 introduce la buena noticia, a Juan, el bautismo y la tentación. Marcos 1:14–8:26 narra el ministerio de Jesús en Galilea y sus alrededores: llamado de discípulos, sanidades, exorcismos, parábolas, controversias y multiplicaciones de panes.
Marcos 8:27–10:52 constituye el camino hacia Jerusalén. Comienza con la confesión de Pedro y contiene tres anuncios de la pasión. Cada anuncio es seguido por incomprensión de los discípulos y enseñanza sobre el servicio. Marcos 11–15 narra la entrada en Jerusalén, el conflicto en el templo, el discurso escatológico, la última cena, el arresto, el juicio y la crucifixión.
Marcos 16:1-8 relata la visita de las mujeres a la tumba y el anuncio de que Jesús ha resucitado y precede a sus discípulos en Galilea. Muchos manuscritos posteriores contienen finales adicionales. La discusión textual debe tratarse con claridad y respeto: las ediciones críticas distinguen el final más antiguo conservado de las formas posteriores transmitidas por la iglesia.
La estructura conduce desde una identidad anunciada al lector hacia una identidad progresivamente reconocida dentro del relato. Los personajes preguntan, se asombran, malinterpretan y, finalmente, un centurión declara ante el crucificado: «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios».
¿Por qué Marcos parece avanzar tan rápido?
Una de sus marcas estilísticas es el adverbio εὐθύς (euthýs), “inmediatamente”, “enseguida”. Marcos lo usa repetidamente para enlazar acciones. El efecto no consiste solo en acelerar; comunica que la irrupción del reino demanda respuesta y que la misión de Jesús avanza con decisión.
La rapidez convive con pausas cuidadosas. El narrador puede describir una mirada, un gesto, una emoción o el desconcierto de los discípulos. En la curación de la hija de Jairo, por ejemplo, la marcha urgente se interrumpe por la mujer que toca el manto. La demora aparente revela que ninguna persona queda reducida a obstáculo para la misión.
El ritmo también expone reacciones contrastantes. Los pescadores dejan las redes; otros observan para acusar; las multitudes presionan; los discípulos siguen sin comprender. El lector debe decidir dónde se sitúa. La velocidad narrativa impide una distancia cómoda: escuchar la buena noticia exige arrepentirse, creer y seguir.
¿Cuál es el mensaje inicial de Jesús?
Marcos 1:15 condensa la proclamación: el tiempo se ha cumplido, el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos y creed en el evangelio. «Reino de Dios» traduce βασιλεία τοῦ θεοῦ (basileía toû theoû). La expresión señala principalmente el reinado activo o gobierno de Dios, no solo un territorio.
El imperativo μετανοεῖτε (metanoeîte) pide arrepentirse, es decir, reorientar mente, lealtad y conducta. πιστεύετε (pisteúete) significa creed o confiad. Marcos no opone ambas respuestas: creer la buena noticia implica abandonar lealtades incompatibles con el reinado de Dios.
Jesús encarna lo que proclama. Su autoridad libera a personas dominadas, restaura cuerpos, perdona pecados, recibe a quienes eran tratados como impuros y desafía interpretaciones religiosas que sacrifican la vida humana. El reino se hace visible como confrontación del mal y creación de una comunidad reconciliada.
Un análisis social del evangelio observa que Marcos contrapone el reino de Dios con las pretensiones de Roma y de las élites del templo. La misión de Jesús produce una ética de justicia y compasión hacia quienes esos sistemas convierten en personas de fuera (DOI: 10.4102/hts.v69i1.2003).
¿Quién es Jesús según Marcos?
La primera línea lo identifica como Cristo e Hijo de Dios según la lectura textual adoptada. En el bautismo, la voz celestial lo llama Hijo amado. Los espíritus impuros reconocen su autoridad; Pedro lo confiesa como Mesías; durante el juicio, Jesús responde a la pregunta por el Cristo y el Hijo del Bendito; al pie de la cruz, el centurión pronuncia su confesión.
Marcos también emplea ὁ υἱὸς τοῦ ἀνθρώπου (ho huiòs toû anthrṓpou), “el Hijo del Hombre”. Este título reúne autoridad presente, sufrimiento y vindicación futura. El Hijo del Hombre perdona pecados, es señor del sábado, debe padecer y vendrá con gloria.
La escena de la sinagoga presenta a Jesús como ὁ ἅγιος τοῦ θεοῦ (ho hágios toû theoû), “el Santo de Dios”. Su santidad no se mantiene a distancia de la impureza; la vence y restaura. Un estudio específico muestra que la santidad de Jesús en Marcos se relaciona con su identidad divina, su poder liberador y una transformación ética que incluye en vez de excluir (DOI: 10.4102/hts.v72i4.3697).
El evangelio evita que el lector defina a Jesús únicamente por los milagros. La transfiguración revela gloria, pero la voz manda escucharlo cuando ya ha anunciado la cruz. La identidad mesiánica se comprende correctamente cuando poder y entrega, autoridad y servicio, gloria y sufrimiento permanecen unidos.
¿Qué significa la autoridad de Jesús?
La gente se asombra porque enseña con ἐξουσία (exousía), “autoridad” o “facultad legítima”. Esa autoridad se manifiesta en palabra y acción. Jesús ordena a los espíritus, perdona al paralítico, interpreta el sábado, calma el mar y envía a los Doce.
No actúa como un dominador que acumula privilegios. Cuando Santiago y Juan buscan lugares de honor, Jesús contrapone el modelo de los gobernantes que tiranizan con el servicio del Hijo del Hombre. La autoridad del reino se reconoce por su capacidad de dar vida.
La curación del paralítico en Marcos 2 integra controversia y restauración. Jesús primero declara perdón y luego ordena levantarse. El cuerpo erguido confirma que el Hijo del Hombre posee autoridad para perdonar. Los amigos que abren el techo representan una fe que supera barreras para acercar al necesitado.
Las acciones poderosas son señales, no espectáculos. Jesús rechaza la demanda de una señal manipulable y ordena silencio en varios momentos. Los milagros invitan a confiar, pero por sí solos no garantizan comprensión: quienes ven pueden continuar endurecidos.
¿Por qué aparece el llamado “secreto mesiánico”?
Jesús manda callar a demonios, personas sanadas y, después de la confesión de Pedro, a los discípulos. Este patrón ha sido llamado «secreto mesiánico». No todos los mandatos tienen exactamente la misma función, pero juntos retrasan una proclamación que podría interpretar a Jesús mediante expectativas triunfalistas.
Los demonios conocen títulos verdaderos sin convertirse en discípulos. Las multitudes pueden buscar beneficio sin comprender el camino. Pedro dice «Mesías», pero rechaza inmediatamente el anuncio del sufrimiento. Marcos demuestra que pronunciar una fórmula correcta no basta si su significado se llena con poder, prestigio o evasión de la cruz.
El silencio narrativo dirige la revelación hacia la pasión. Solo cuando Jesús ha entregado la vida, la confesión del centurión adquiere su pleno peso. La cruz no contradice su identidad; revela la forma en que ejerce su misión.
Esto no significa que la iglesia deba ocultar a Cristo. El anuncio pascual rompe el silencio. Significa que debe proclamarlo de acuerdo con la historia completa: el Hijo de Dios es el crucificado y resucitado, no una proyección religiosa de nuestras ambiciones.
¿Cómo presenta Marcos a los discípulos?
Los primeros discípulos responden con rapidez. Simón y Andrés dejan las redes; Santiago y Juan dejan a su padre; Leví abandona el puesto de impuestos. El verbo ἀκολουθέω (akolouthéō) significa seguir. En Marcos, seguir es una relación concreta con Jesús, un camino de aprendizaje y participación en su misión.
Los discípulos reciben autoridad, anuncian arrepentimiento y participan en la distribución del pan. Sin embargo, temen en la tormenta, no comprenden las multiplicaciones, discuten por grandeza, rechazan a los niños, buscan puestos y huyen durante el arresto. Pedro niega conocer a Jesús.
Esta representación no busca humillarlos gratuitamente. Permite que el lector se reconozca en ellos. Estar cerca, ejercer ministerio y conocer vocabulario religioso no elimina automáticamente ceguera, miedo o ambición. El discipulado necesita corrección continua.
El estudio del punto de vista narrativo muestra que la incomprensión obliga al lector a formular su propia respuesta frente a la muerte anunciada de Jesús. Oponerse a la cruz es adoptar criterios contrarios a los de Dios; seguir exige revisar las lealtades que alimentan ambición e injusticia.
¿Qué significa tomar la cruz?
Después de la confesión de Pedro, Jesús llama a la multitud con los discípulos: quien quiera seguirlo, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígalo. Para los primeros oyentes, la cruz no era una metáfora ligera de dificultades cotidianas; era un instrumento romano de vergüenza, tortura y ejecución.
Negarse a sí mismo no significa despreciar la dignidad personal ni aceptar abusos como voluntad divina. Significa renunciar a hacer del yo soberano el centro de toda lealtad. Tomar la cruz es asumir el costo de seguir al Mesías cuando su camino confronta poderes, prestigios e intereses.
Marcos conecta esta enseñanza con perder y salvar la vida por Jesús y el evangelio. El discipulado no busca sufrimiento por sí mismo. Busca fidelidad, incluso cuando trae consecuencias. La iglesia debe distinguir cuidadosamente entre la entrega libre de Cristo y la imposición de sufrimiento a personas vulnerables.
El llamado culmina en servicio. Jesús no pide una renuncia que él evite: camina delante, sirve y entrega su vida. Por eso la cruz es criterio para evaluar autoridad, misión y éxito cristiano.
¿Qué enseña Marcos sobre servicio y grandeza?
Después del segundo anuncio de la pasión, los discípulos discuten quién es el mayor. Jesús coloca a un niño en medio y enseña que recibir a uno de esos pequeños es recibirlo a él. Después del tercer anuncio, Santiago y Juan piden gloria; los demás se indignan, probablemente porque comparten la misma ambición.
Jesús afirma que quien quiera ser primero debe ser διάκονος (diákonos), “servidor”, y δοῦλος (doûlos), “esclavo”, de todos. La palabra no designa una estrategia para alcanzar posteriormente el poder. Invierte el criterio mismo de grandeza.
Marcos 10:45 explica que el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en λύτρον (lýtron), “rescate”, por muchos. La imagen comunica liberación costosa. No debe separarse del contexto: Jesús contrasta su entrega con los gobernantes que dominan.
El liderazgo cristiano, por tanto, no puede medirse únicamente por visibilidad, control o crecimiento. Debe observarse a quién protege, a quién escucha y cuánto se parece al servicio de Jesús.
¿Por qué son importantes las curaciones y los exorcismos?
Marcos comienza el ministerio público con enseñanza y liberación en la sinagoga. Después narra la sanidad de la suegra de Simón, numerosas curaciones, la limpieza de un leproso y la restauración del paralítico. Estos actos anuncian que el reinado de Dios confronta fuerzas que destruyen la vida.
La medicina moderna y la comprensión antigua de enfermedad no deben confundirse. El evangelio distingue en ocasiones entre enfermedad y posesión, pero interpreta ambos fenómenos dentro de su mundo cultural. Una lectura responsable evita diagnosticar espiritualmente padecimientos contemporáneos o estigmatizar a quienes necesitan atención profesional.
Narrativamente, las sanidades reintegran. El leproso puede volver a la comunidad; la mujer con hemorragia recibe públicamente el nombre de «hija»; Bartimeo pasa de estar al borde del camino a seguir a Jesús. El poder no se limita a reparar funciones corporales: devuelve voz, vínculo y participación.
Marcos conserva expresiones arameas pronunciadas por Jesús. En la escena de la niña, UBS6 transmite el griego ταλιθα κουμ (talitha koum), que representa la expresión aramea טְלִיתָא קוּמִי (ṭəlīṯā qūmī), “niña, levántate”. La conservación de la voz subraya la cercanía concreta del encuentro, no una fórmula mágica.
¿Cómo utiliza Marcos la técnica de intercalación?
Marcos frecuentemente comienza una historia, introduce otra y luego regresa a la primera. Esta técnica se conoce como intercalación o «sándwich marcano». La mujer con hemorragia aparece dentro del relato de la hija de Jairo; la controversia sobre Beelzebul se sitúa dentro de la llegada de la familia; la purificación del templo queda entre la maldición y la explicación de la higuera.
Las historias se interpretan mutuamente. Jairo y la mujer representan situaciones sociales diferentes, pero ambos enfrentan pérdida y aprenden a confiar. La higuera ayuda a interpretar el juicio simbólico del templo; la acción en el templo explica la esterilidad representada por el árbol.
Esta técnica exige no leer episodios aislados apresuradamente. La interrupción contiene una clave. Lo que parece demora puede profundizar la primera escena, aumentar tensión o contrastar respuestas.
Marcos también emplea patrones de repetición: dos multiplicaciones, curaciones progresivas de ceguera, tres anuncios de pasión y tres fallas asociadas. La estructura forma al lector mediante memoria y comparación.
¿Qué significa la confesión de Pedro en Marcos 8?
En Cesarea de Filipo, Pedro responde que Jesús es el Cristo. La confesión representa un punto de giro, pero todavía es incompleta. Cuando Jesús enseña que el Hijo del Hombre debe sufrir, ser rechazado, morir y resucitar, Pedro lo reprende.
Jesús identifica esa oposición con una manera satánica de pensar: Pedro no considera las cosas de Dios, sino las humanas. El problema no es que haya usado un título falso, sino que intenta controlar su contenido. Desea un Mesías separado de la entrega.
La escena está rodeada por la curación gradual de un ciego y, más adelante, la de Bartimeo. Esta disposición sugiere que la visión discipular también es progresiva. Pedro ve algo, pero todavía percibe de manera confusa.
El lector debe permitir que Jesús defina su propio mesianismo. La fe no consiste en asignarle nuestros proyectos y pedirle que los legitime. Consiste en recibir la corrección del camino hacia Jerusalén.
¿Cómo presenta Marcos la pasión?
La pasión ocupa una proporción considerable del libro y no es un apéndice. En Betania, una mujer unge a Jesús anticipando su sepultura; mientras otros calculan, ella reconoce el momento. En la última cena, Jesús interpreta el pan y la copa en relación con su cuerpo y su sangre del pacto.
Getsemaní muestra angustia real. Jesús llama a Dios ἀββᾶ (abbâ), forma griega que preserva el arameo אַבָּא (ʾabbāʾ), “Padre”. La intimidad no elimina la obediencia: pide que pase la hora, pero se entrega a la voluntad del Padre.
Los discípulos duermen, Judas entrega, los demás huyen y Pedro niega. Jesús comparece ante autoridades religiosas y romanas. Pilato cede a la presión; los soldados parodian la realeza; la crucifixión exhibe el poder imperial sobre un cuerpo vulnerable.
En Marcos 15:34, Jesús pronuncia una forma aramea transmitida por el texto griego: Ελωι ελωι λεμα σαβαχθανι (Elōi Elōi lema sabachthani). La cita corresponde al clamor hebreo de Salmo 22:2 en la BHS: אֵלִי אֵלִי לָמָה עֲזַבְתָּנִי (ʾēlî ʾēlî lāmāh ʿăzaḇtānî), “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. El lamento expresa sufrimiento sin convertirlo en incredulidad: Jesús dirige su clamor a Dios desde la Escritura.
¿Qué revela la cruz sobre Jesús?
La cruz reúne ironías. Jesús es burlado como rey, pero el lector sabe que su realeza consiste en servir. Le exigen salvarse, aunque precisamente permanece allí para entregar la vida. El velo del templo se rasga y un centurión reconoce al Hijo de Dios.
Marcos no glorifica la tortura. Expone la convergencia de traición, miedo, manipulación religiosa y violencia imperial. Al mismo tiempo, afirma que Jesús atraviesa libremente esa oscuridad como servidor fiel.
La cita del Salmo 22 ha sido leída como lamento que articula abandono y esperanza. Su función no elimina el grito; permite que el sufrimiento sea pronunciado delante de Dios y dentro de una memoria bíblica que se mueve hacia la alabanza.
Las mujeres observan desde cierta distancia y serán las primeras en llegar a la tumba. Su presencia conecta muerte, sepultura y anuncio pascual, garantizando continuidad narrativa donde los discípulos varones han huido.
¿Cómo termina el Evangelio de Marcos?
María Magdalena, María la madre de Jacobo y Salomé van a ungir el cuerpo. Encuentran la piedra removida y a un joven que anuncia: Jesús el Nazareno, el crucificado, ha resucitado; no está allí. Deben decir a los discípulos y a Pedro que irá delante de ellos a Galilea.
El texto crítico de UBS6 distingue Marcos 16:1-8 como el final más antiguo recuperable y presenta los finales posteriores dentro de la historia textual. Los manuscritos muestran un final breve y el conocido final largo de 16:9-20. El estudio académico no obliga a tratar la transmisión con desprecio; permite explicar honestamente qué forma pertenece a qué etapa.
El final en 16:8 concluye con temor y silencio de las mujeres. Su brusquedad devuelve la responsabilidad al lector: el mensaje debe ser anunciado, Galilea debe ser reencontrada y el seguimiento debe comenzar de nuevo. El fracaso de los discípulos no cancela la fidelidad de Jesús.
La recepción canónica del final largo ha influido profundamente en iglesias y tradiciones. Un estudio sobre su uso pentecostal muestra cómo la discusión textual y la función canónica pueden dialogar sin ocultar la evidencia manuscrita (DOI: 10.4102/ve.v41i1.2089).
¿Cuál es el mensaje central de Marcos?
El mensaje puede resumirse así: Jesús es el Mesías e Hijo de Dios que inaugura el reinado divino mediante autoridad liberadora y entrega servicial; conocerlo verdaderamente exige seguirlo en el camino de la cruz y confiar en la victoria de Dios sobre la muerte.
Marcos une cristología y discipulado. La pregunta «¿quién es este?» no se resuelve únicamente con una definición. Se responde acompañando la historia, escuchando los anuncios de pasión y observando al centurión ante la cruz. La identidad de Jesús transforma la forma de comprender poder y grandeza.
El evangelio también es una palabra para comunidades frágiles. Los discípulos fracasan, pero son nuevamente convocados. Pedro recibe una mención particular en el anuncio de Galilea. La resurrección abre futuro más allá de la negación.
¿Cómo debe leerse Marcos hoy?
Conviene leerlo en bloques amplios para sentir su ritmo. Deben marcarse las preguntas sobre identidad, los mandatos de silencio, las reacciones de temor, los anuncios de pasión y los verbos relacionados con seguir, servir y entregar. Las intercalaciones requieren leer la historia exterior y la interior juntas.
Cada episodio puede abordarse con cuatro preguntas: ¿qué revela acerca de la autoridad de Jesús?, ¿quién comprende y quién no?, ¿cómo prepara el camino hacia la cruz?, ¿qué forma de discipulado propone? Esta secuencia protege contra lecturas aisladas de los milagros.
La aplicación debe evitar dos extremos. No debe reducir el evangelio a activismo rápido porque Marcos usa «inmediatamente»; tampoco convertir la cruz en justificación de abusos. La rapidez sirve a la misión, y la cruz desenmascara el poder dominador mediante el servicio de Cristo.
Marcos invita a seguir incluso cuando la visión es parcial. Enseña a llevar las preguntas a Jesús, recibir corrección, servir a quienes ocupan el último lugar y anunciar que el crucificado ha resucitado. El final abierto alcanza al lector: ¿permanecerá en silencio por miedo o regresará al camino?
Referencias para profundizar
- Ernest van Eck, «Mission, identity and ethics in Mark: Jesus, the patron for outsiders». https://doi.org/10.4102/hts.v69i1.2003
- Pieter G.R. de Villiers, «Mystical holiness in Mark’s Gospel». https://doi.org/10.4102/hts.v72i4.3697
- Marius Nel, «Pentecostal hermeneutical reconsideration of the longer ending of Mark 16:9–20». https://doi.org/10.4102/ve.v41i1.2089
- Tommy Wasserman, «The “Son of God” Was in the Beginning (Mark 1:1)». https://doi.org/10.1093/jts/flr013
Luis Romero · Teólogo y magíster en Educación