¿Cómo comienza Marcos?

Marcos 1 presenta el «comienzo del evangelio». La expresión griega Ἀρχὴ τοῦ εὐαγγελίου (Archḕ toû euangelíou) anuncia el inicio de la buena noticia. Juan prepara el camino; Jesús es bautizado, enfrenta la tentación y proclama que el reino de Dios se ha acercado.

El llamado inicial exige μετανοεῖτε (metanoeîte), “arrepentíos”, y πιστεύετε (pisteúete), “creed”. Jesús llama a pescadores, enseña con autoridad, libera a un hombre y sana enfermos. El adverbio εὐθύς (euthýs), “inmediatamente”, comunica movimiento y urgencia.

¿Qué sucede en Marcos 2–8?

Jesús perdona y levanta a un paralítico, llama a Leví, come con pecadores y confronta interpretaciones del sábado que olvidan el bien humano. Las controversias aumentan mientras las multitudes se reúnen. Los Doce son llamados para estar con él y ser enviados.

Las parábolas de Marcos 4 explican la recepción del reino. Después, Jesús calma el mar, libera al endemoniado geraseno, sana a una mujer y levanta a la hija de Jairo. Dos multiplicaciones de panes muestran compasión y provisión, pero los discípulos continúan sin comprender.

La pregunta «¿quién es este?» atraviesa estas escenas. Su ἐξουσία (exousía), “autoridad”, alcanza enseñanza, perdón, enfermedad, impureza y caos. Un estudio sobre misión e identidad en Marcos muestra que esa autoridad encarna un reino de justicia y compasión frente a poderes que producen exclusión (DOI: 10.4102/hts.v69i1.2003).

¿Por qué Marcos 8 es un punto de giro?

Pedro confiesa que Jesús es el Cristo, pero rechaza su anuncio de sufrimiento. Jesús enseña que el Hijo del Hombre debe morir y resucitar, y llama a tomar la cruz. La confesión correcta necesita una comprensión corregida: el Mesías no puede ser separado del servicio y la entrega.

El título ὁ υἱὸς τοῦ ἀνθρώπου (ho huiòs toû anthrṓpou), “el Hijo del Hombre”, reúne autoridad, sufrimiento y vindicación. La curación gradual de un ciego antes de la confesión simboliza narrativamente una visión discipular todavía incompleta.

¿Qué enseña el camino hacia Jerusalén?

En Marcos 8–10, Jesús anuncia tres veces su pasión. Después de cada anuncio, los discípulos muestran temor, ambición o incomprensión. Jesús recibe a los niños, confronta el poder de la riqueza y redefine la grandeza.

Quien quiera ser primero debe ser διάκονος (diákonos), “servidor”. El Hijo del Hombre da su vida como λύτρον (lýtron), “rescate”, por muchos. Bartimeo, que recupera la vista y sigue a Jesús por el camino, contrasta con la ceguera de quienes buscan puestos de honor.

¿Qué ocurre en Jerusalén?

Jesús entra en la ciudad, realiza una acción profética en el templo y enfrenta preguntas sobre autoridad, impuestos, resurrección y el mandamiento principal. Marcos 13 invita a la vigilancia en medio de crisis, evitando especulaciones irresponsables.

Una mujer unge a Jesús en Betania; Judas lo entrega; los discípulos comparten la última cena y después huyen. En Getsemaní, Jesús ora ἀββᾶ (abbâ), forma griega del arameo אַבָּא (ʾabbāʾ), “Padre”, y se somete fielmente.

¿Cómo termina Marcos?

Jesús es juzgado, burlado y crucificado. En el momento de su muerte, un centurión lo reconoce como Hijo de Dios. Las mujeres observan, conocen el lugar de la sepultura y llegan a la tumba el primer día de la semana.

Marcos 16:1-8 conserva el final más antiguo recuperable en las ediciones críticas: el joven anuncia que Jesús ha resucitado y precede a los discípulos en Galilea. Existen finales posteriores en la tradición manuscrita; esta historia textual debe explicarse con claridad (DOI: 10.4102/ve.v41i1.2089).

¿Cuál es el mensaje principal?

Jesús es el Mesías e Hijo de Dios que inaugura el reino mediante autoridad liberadora, servicio y entrega. Seguirlo implica arrepentirse, creer, abandonar ambiciones dominadoras y caminar tras él incluso cuando el miedo o la incomprensión aparecen.

El final desafía al lector: la resurrección ha sido anunciada; ahora corresponde superar el silencio y volver al camino. El fracaso no es la última palabra, porque Jesús convoca nuevamente a sus discípulos.

Referencias para profundizar

Luis Romero · Teólogo y magíster en Educación