¿Qué era el arca de la alianza?
El arca de la alianza era un cofre sagrado portátil situado en el centro del culto de Israel. Éxodo 25:10–22 la describe como una estructura de madera de acacia recubierta de oro, provista de anillos y varas para su transporte. Sobre ella se encontraba una cubierta de oro con dos querubines. Su importancia no procedía de un supuesto poder autónomo, sino de aquello que representaba: la alianza de Dios con Israel, la palabra entregada en el Sinaí y la presencia del Dios que guiaba a su pueblo.
La Biblia Hebraica Stuttgartensia emplea אָרוֹן (ʾārôn), “arca”, “cofre” o “cajón”. La misma palabra puede nombrar un ataúd en Génesis 50:26, de modo que el contexto determina su función. Cuando aparece la expresión אֲרוֹן הַבְּרִית (ʾărôn habberît), significa “arca de la alianza”; cuando se habla del “arca del testimonio”, el énfasis recae en las tablas que atestiguan el pacto. No debe confundirse con תֵּבָה (tēvāh), la palabra usada para el arca de Noé.
¿Cómo fue construida?
Según Éxodo, el arca medía dos codos y medio de largo, un codo y medio de ancho y un codo y medio de alto. Estaba hecha de madera de שִׁטִּים (šiṭṭîm), tradicionalmente identificada con acacia, y revestida de oro por dentro y por fuera. Una moldura rodeaba el borde; cuatro anillos recibían las varas, que no debían retirarse. El diseño permitía transportar el objeto sin tocarlo directamente.
La cubierta recibe el nombre כַּפֹּרֶת (kappōret). A menudo se traduce “propiciatorio”, aunque también puede explicarse como cubierta vinculada al rito de expiación. Dos כְּרֻבִים (keruvîm), “querubines”, hechos de oro batido extendían sus alas sobre ella y miraban hacia el centro. No eran figuras infantiles con alas. En la iconografía del antiguo Cercano Oriente, seres híbridos alados podían señalar protección, trono y esfera divina. El estudio comparativo de los querubines ayuda a recuperar esa función simbólica. https://doi.org/10.1628/978-3-16-159264-5
¿Qué significaban la cubierta y los querubines?
Éxodo afirma que Dios se encontraría con Moisés “de sobre la cubierta, de entre los dos querubines”. La formulación evita encerrar a Dios dentro del cofre. El arca marca un lugar de encuentro y palabra, pero el Dios de Israel permanece libre y trascendente. Otros textos describen a YHWH como quien está “sentado sobre los querubines”; la imagen puede evocar un trono invisible cuyo escabel es el arca.
Esta ausencia de una estatua divina distingue teológicamente el objeto. El centro visual queda vacío: no se representa a YHWH. El arca no contiene a Dios, sino las señales documentales de la relación pactada. Un estudio de su posible contexto egipcio muestra paralelos formales con cofres, palanquines y santuarios portátiles, pero también permite percibir cómo Israel reelaboró esos recursos culturales para expresar una teología sin imagen divina. https://doi.org/10.1007/978-3-319-04768-3_17
¿Qué había dentro del arca?
Éxodo 25:16 ordena colocar dentro “el testimonio”, es decir, las tablas de la alianza. Deuteronomio 10 relata que Moisés depositó en el arca las segundas tablas. Cuando el arca fue instalada en el templo, 1 Reyes 8:9 declara expresamente que no había en ella nada salvo las dos tablas de piedra. Esta afirmación es el dato directo del Antiguo Testamento sobre su contenido en ese momento.
Hebreos 9:4 menciona “una urna de oro que contenía el maná, la vara de Aarón que reverdeció y las tablas de la alianza”. El griego utiliza κιβωτός (kibōtós), “arca” o cofre. Números 17 y Éxodo 16 indican que la vara y una porción de maná fueron colocadas “delante” del testimonio, no necesariamente dentro del cofre. Hebreos resume el mobiliario del lugar santísimo y su relación estrecha con el arca. La aparente diferencia puede explicarse distinguiendo entre contenido interior en sentido estricto y objetos custodiados ante ella o asociados al santuario.
Las tablas simbolizan la palabra del pacto; el maná, la provisión en el desierto; la vara de Aarón, la legitimación del sacerdocio frente a la rebelión. Juntos narran mandato, sustento y autoridad. No son talismanes: recuerdan acciones y responsabilidades de Dios y del pueblo.
¿Cuál era la función del arca en el tabernáculo?
El arca ocupaba el lugar santísimo detrás del velo. Su presencia organizaba simbólicamente el santuario: el pacto estaba en el corazón de la vida litúrgica. Levítico 16 relaciona la cubierta con el Día de la Expiación, cuando el sumo sacerdote entraba con sangre y perfume. Santidad y misericordia no se oponen: el lugar de la palabra que acusa es también el espacio ritual donde se busca reconciliación.
En los desplazamientos, sacerdotes o levitas transportaban el arca con las varas. Números 10:35–36 conserva una fórmula pronunciada cuando partía y cuando descansaba. El objeto acompañaba la marcha y expresaba que el pueblo no avanzaba por autosuficiencia. Sin embargo, la presencia divina no podía manipularse mediante el objeto, como mostrará con especial fuerza 1 Samuel.
¿Qué papel tuvo al entrar en la tierra prometida?
Josué 3–4 narra el cruce del Jordán. Los sacerdotes que llevan el arca pisan el agua y el pueblo atraviesa. La escena recuerda el mar del éxodo, pero el texto insiste en la distancia respetuosa y en el liderazgo de Dios. Después, doce piedras preservan la memoria para futuras generaciones.
En Josué 6 el arca participa en la procesión alrededor de Jericó. El énfasis recae en la obediencia ritual y en la acción divina, no en una técnica militar. No obstante, estas narraciones de conquista deben leerse con conciencia de su género y de los problemas éticos que plantean. El arca representa la autoridad del Dios del pacto; no otorga licencia moderna para apropiación territorial o violencia religiosa.
¿Qué ocurrió cuando Israel llevó el arca a la guerra?
En 1 Samuel 4, Israel es derrotado y decide traer el arca desde Silo, suponiendo que su llegada garantizará la victoria. El lenguaje revela una desviación: quieren que “ella” los salve. Los hijos corruptos de Elí acompañan el objeto, Israel vuelve a ser derrotado y los filisteos capturan el arca. La narración desmantela toda lectura mágica: el símbolo sagrado no sustituye fidelidad ni convierte a Dios en instrumento nacional.
Los capítulos 5–6 muestran que YHWH no necesita un ejército israelita para defender su honor. Dagón cae ante el arca y las ciudades filisteas padecen aflicción. El relato combina tragedia, ironía y humor oscuro; un estudio reciente examina cómo esa comicidad sirve a la afirmación teológica. https://doi.org/10.1177/03090892231188741 La historia termina con la devolución del arca, pero también con advertencias sobre la santidad que no puede tratarse con curiosidad o irreverencia.
La investigación de la “narrativa del arca” ha propuesto distintas capas, propósitos y contextos para 1 Samuel 4–6. Una revisión de doce líneas interpretativas muestra cómo el debate pasó de buscar una fuente aislada a estudiar estrategia literaria, teología y memoria. https://doi.org/10.1177/1476993X06059008
¿Cómo llegó el arca a Jerusalén?
Después de permanecer en Quiriat-jearim, David decidió llevarla a Jerusalén. El primer intento fracasó cuando fue puesta en un carro y Uza la tocó al tambalearse los bueyes. La severidad del episodio incomoda, pero su función narrativa es clara: una buena intención no elimina las reglas de santidad ni convierte lo sagrado en propiedad real. El segundo traslado se realiza con portadores, sacrificios, música y celebración.
David danza ante YHWH y distribuye alimento al pueblo. El arca entra en la nueva capital y contribuye a unir culto y reino. Al mismo tiempo, el relato conserva tensiones políticas: trasladar un símbolo panisraelita a Jerusalén fortalece la ciudad davídica. La lectura teológica y la histórica no tienen que excluirse.
Las excavaciones y el análisis de Quiriat-jearim han renovado esta discusión. Finkelstein y Römer relacionan la memoria del recorrido con la historia política del reino del norte y con un importante complejo del siglo VIII a. C. Su propuesta demuestra que arqueología y exégesis pueden dialogar sin afirmar que se ha encontrado el arca misma. https://doi.org/10.2143/BIB.101.2.3288260
¿Qué lugar ocupó en el templo de Salomón?
Primera de Reyes 8 describe el traslado al lugar santísimo del templo. Los querubines monumentales extendían sus alas sobre el arca y sus varas. Cuando los sacerdotes salieron, una nube llenó el templo. Salomón reconoce, sin embargo, que ni los cielos pueden contener a Dios. El templo y el arca señalan presencia, pero no la limitan.
La centralidad del arca expresa que la monarquía y el culto quedan bajo la palabra de la alianza. El rey no es fuente última de ley. En el centro del santuario están las tablas recibidas, no un retrato real. Esta arquitectura teológica somete el poder político a una obligación anterior.
El estudio académico contemporáneo describe el arca como cofre portátil, depósito de documentos del pacto y marcador de presencia divina, a la vez que reconoce la diversidad de tradiciones bíblicas. Una bibliografía especializada ofrece rutas para explorar construcción, historia, función y recepción. https://doi.org/10.1093/obo/9780195393361-0245
¿Qué pasó con el arca de la alianza?
La Biblia no narra de forma explícita su destino final. Después de las referencias en tiempos de Josías, desaparece del relato antes o durante la destrucción babilónica de Jerusalén en 586 a. C. No figura claramente en la lista de objetos llevados a Babilonia ni entre los restituidos. Esa ausencia dio origen a tradiciones sobre ocultamiento en Jerusalén, el monte Nebo, Etiopía y otros lugares.
Ninguna localización ha sido verificada de forma concluyente. Las afirmaciones extraordinarias requieren evidencia pública y examinable. La arqueología puede estudiar lugares vinculados a la tradición, pero no debe confundirse una hipótesis, una memoria religiosa o una noticia sensacionalista con un hallazgo establecido.
Jeremías 3:16 imagina un futuro en el que ya no se hablará del arca ni se hará otra, porque Jerusalén misma será llamada trono de YHWH. El texto desplaza la esperanza desde un objeto perdido hacia una comunidad reunida bajo el reinado de Dios. La ausencia física no significa ausencia divina.
¿Cómo la interpreta el Nuevo Testamento?
Hebreos 9 recuerda el arca dentro de una exposición del tabernáculo y del ministerio de Cristo. No invita a reconstruir el objeto, sino que compara el acceso limitado del antiguo santuario con la obra definitiva de Jesús. La palabra griega διαθήκη (diathḗkē) significa “alianza” o “testamento”; ἱλαστήριον (hilastḗrion), usado en Romanos 3:25 y relacionado semánticamente con la cubierta de expiación, comunica el lugar o medio de reconciliación.
Apocalipsis 11:19 contempla abierto el templo celestial y visible el arca de la alianza. La imagen asegura que el pacto de Dios no se ha perdido, aunque el objeto terrestre haya desaparecido. El arca se convierte en signo escatológico de fidelidad, juicio y presencia.
La tradición cristiana aplicó además el símbolo a Cristo, la Iglesia y María, porque cada uno, de maneras distintas, fue comprendido como portador de la presencia o de la Palabra. Tales lecturas tipológicas pueden enriquecer la fe si respetan primero el sentido del arca dentro de Israel y no borran su origen judío.
¿El arca tenía poder sobrenatural propio?
La Biblia atribuye acontecimientos extraordinarios a la acción de Dios en relatos relacionados con el arca, pero niega que el objeto pueda controlarlo. Israel pierde cuando intenta usarla como garantía militar. Los filisteos descubren que capturar el símbolo no significa capturar a YHWH. Uza aprende que la familiaridad no elimina la santidad. Salomón confiesa que Dios no cabe en el templo.
Por eso son inadecuadas las teorías que describen el arca como batería eléctrica, arma tecnológica o aparato extraterrestre. Confunden especulación moderna con explicación histórica y apartan la mirada del propósito textual. Sus materiales, forma y función tienen paralelos culturales inteligibles; su sentido bíblico es litúrgico, pactal y teológico.
El análisis de su origen egipcio propone semejanzas concretas con cofres rituales y palanquines, sin convertirlas en tecnología secreta. https://doi.org/10.1007/978-3-319-04768-3_17 La investigación de Hundley entiende su permanencia no como artefacto recuperado, sino como memoria cultural e “icono verbal” dentro de la Escritura. https://doi.org/10.1177/03090892231188741
¿Por qué debía transportarse con varas?
Los anillos y las varas no son accesorios secundarios. Hacen posible que el arca acompañe a un pueblo peregrino y, al mismo tiempo, establecen una distancia protectora. Éxodo ordena que las varas permanezcan en los anillos; Números asigna a los coatitas la responsabilidad de cargar los objetos santos una vez cubiertos. La santidad se expresa mediante procedimientos que impiden apropiación impulsiva.
La movilidad comunica que la presencia de Dios no está atada inicialmente a una ciudad ni a una construcción monumental. El Dios del éxodo viaja con un pueblo liberado, acampa en medio de las tribus y guía etapas sucesivas. Cuando el arca entra en el templo, esa memoria peregrina no desaparece: las varas todavía visibles recuerdan que el santuario estable procede de una historia de camino.
El uso del carro nuevo en 2 Samuel 6 parece honorable, pero contradice la forma tradicional de transporte. El episodio de Uza dramatiza el peligro de sustituir obediencia por eficiencia. No toda innovación es incorrecta, pero la comunidad debe discernir cuándo una solución práctica altera el significado de una responsabilidad. En este caso, las varas distribuían el peso entre personas consagradas y evitaban convertir el arca en cargamento común.
¿Qué diferencia existe entre presencia, representación y objeto?
El arca representa la presencia divina sin ser idéntica a Dios. Esta distinción atraviesa las narraciones. Frente al arca, el pueblo ora y celebra; desde sobre ella, Dios promete hablar; con ella, Israel marcha. Sin embargo, el objeto puede ser capturado mientras YHWH permanece soberano. Puede ausentarse del segundo templo sin que la fe de Israel desaparezca. Puede perderse históricamente sin que se pierda la alianza.
La representación permite que una verdad invisible se recuerde mediante materia, espacio y ritual. El oro comunica valor, las tablas hacen presente el pacto, la cubierta remite a reconciliación y los querubines señalan el trono celestial. Pero cada elemento funciona como signo. Cuando el signo se trata como fuente automática de poder, degenera en idolatría funcional aunque no contenga una estatua.
Esa distinción ayuda a comprender sacramentos, templos y objetos religiosos contemporáneos. La materia puede servir a la memoria y a la comunión; no debe manipular a Dios ni conferir superioridad a quien la controla. La reverencia bíblica no es superstición: reconoce que lo sagrado remite a una relación moral y no a una energía disponible.
¿Cómo se relacionan el arca y la alianza del Sinaí?
La palabra בְּרִית (berît), “alianza”, describe una relación vinculante establecida por Dios y respondida por el pueblo. Las tablas guardadas en el arca contienen las “diez palabras”, עֲשֶׂרֶת הַדְּבָרִים (ʿăśeret haddebārîm). Al situarlas en el corazón del santuario, Israel confiesa que su culto no puede separarse de la obediencia. La presencia que consuela es la misma que llama a no tener otros dioses, honrar la vida, la familia, la verdad y los bienes del prójimo.
Por eso, transportar el arca a la batalla mientras los líderes practican corrupción constituye una contradicción. No puede invocarse el símbolo de la alianza para evadir sus exigencias. El grito del campamento en 1 Samuel 4 produce entusiasmo, pero no arrepentimiento; la derrota revela que intensidad religiosa y fidelidad no son sinónimos.
En el templo, las tablas limitan también al rey. El centro no alberga propaganda dinástica, sino una palabra que antecede al monarca. Todo gobierno queda juzgado por una justicia que no inventó. La imagen resulta relevante para sociedades donde símbolos religiosos son usados como instrumentos partidistas: llevar el arca no convierte automáticamente una causa humana en causa divina.
¿Qué relación tiene el arca con la expiación?
Levítico 16 sitúa la כַּפֹּרֶת (kappōret) en el centro del Día de la Expiación. Una vez al año, el sumo sacerdote entraba en el lugar santísimo con incienso y sangre. El ritual purificaba el santuario de las impurezas acumuladas y restauraba la comunión del pueblo. El espacio sobre las tablas de la alianza se convierte así en lugar donde santidad y misericordia se encuentran.
La traducción griega empleó ἱλαστήριον (hilastḗrion). Pablo usa esa palabra en Romanos 3:25 al hablar de Cristo, lo que ha generado traducciones como “propiciación”, “expiación” o “lugar de reconciliación”. El vínculo no depende de imaginar a Jesús como un cofre, sino de reconocer que en él Dios afronta el pecado y abre acceso misericordioso.
Hebreos desarrolla el movimiento desde los ritos repetidos del santuario hacia la entrada de Cristo en el ámbito celestial. La comparación valora la pedagogía del tabernáculo, pero afirma que su finalidad encuentra cumplimiento más allá del objeto. La teología cristiana del arca debe, por tanto, evitar tanto despreciar el culto de Israel como detenerse en una reproducción material.
¿Qué enseñan los nombres bíblicos del arca?
“Arca de la alianza” destaca el pacto; “arca del testimonio”, las tablas; “arca de Dios”, la pertenencia; “arca de YHWH”, la identidad del Dios que guía; “arca de tu poder”, en lenguaje poético, su asociación con el reinado divino. Los nombres no describen objetos diferentes, sino perspectivas complementarias.
La denominación escogida en cada escena orienta la lectura. En el desierto predomina el testimonio recibido; en las narraciones históricas se enfatiza el Dios que marcha o actúa; en el templo, la alianza y el trono. Esta variedad impide reducir el arca a una sola función. Fue depósito, signo, centro litúrgico, objeto procesional y memoria narrativa.
El estudio de su recepción muestra que, después de desaparecer, el arca siguió viviendo como palabra, imagen y expectativa. Hundley la llama memoria cultural e icono verbal: su ausencia material intensificó su presencia literaria. https://doi.org/10.1177/03090892231188741 La enciclopedia especializada reúne precisamente la diversidad de interpretaciones judías, cristianas, artísticas y populares. https://doi.org/10.1515/EBR.arkofthecovenant
¿Cómo distinguir historia, arqueología y tradición?
Los textos bíblicos son la fuente principal para reconstruir la trayectoria literaria del arca: Sinaí, desierto, Jordán, Silo, territorio filisteo, Bet-semes, Quiriat-jearim, Jerusalén y templo. Sin embargo, una secuencia narrada no equivale automáticamente a un itinerario arqueológicamente demostrado en cada etapa. La investigación compara estratos, cerámica, arquitectura, geografía y formación de los textos para evaluar qué puede afirmarse con distintos grados de probabilidad.
Quiriat-jearim ofrece un buen ejemplo. Las excavaciones han identificado un complejo monumental y han renovado la discusión sobre la importancia política y cultual del lugar. Esto ilumina el trasfondo posible de las tradiciones, pero no significa que los arqueólogos hayan desenterrado el arca. El estudio de Finkelstein y Römer propone una reconstrucción histórica concreta y debatible; su valor está en presentar argumentos que otros especialistas pueden examinar. https://doi.org/10.2143/BIB.101.2.3288260
Las tradiciones posteriores sobre el monte Nebo, Axum o escondites bajo Jerusalén pertenecen a historias de recepción y a identidades religiosas vivas. Deben describirse con respeto, pero no presentarse como hechos comprobados. La afirmación de una comunidad custodiante y la verificación independiente responden a criterios distintos.
Esta claridad beneficia a la fe. Evita que cada titular sensacionalista produzca entusiasmo y desilusión, y permite apreciar el verdadero peso del objeto en la Biblia. El mensaje del arca no depende de localizar metal y madera: permanece en las narraciones sobre alianza, santidad, presencia y límites del poder. La arqueología puede enriquecer ese mundo; no necesita fabricar certezas que sus evidencias no permiten.
¿Qué enseña el arca de la alianza hoy?
Primero, que la presencia de Dios es don y no posesión. Ninguna institución, nación o líder puede manejarla para legitimar sus intereses. Segundo, que la palabra del pacto debe permanecer en el centro de la vida espiritual. Tercero, que la santidad requiere forma, límites y responsabilidad. Cuarto, que el culto verdadero une memoria, obediencia, misericordia y justicia.
El arca también enseña que los símbolos necesitan interpretación. Separada del pacto, podía convertirse en amuleto; comprendida dentro de la alianza, recordaba una relación que exigía fidelidad. Las comunidades actuales deben examinar del mismo modo sus edificios, objetos y prácticas: ¿conducen a Dios y al servicio, o se usan para acumular poder?
Finalmente, su desaparición protege una verdad decisiva. La fe bíblica no depende de poseer un objeto perdido. La palabra permanece, la alianza sigue siendo recordada y la presencia de Dios no queda encerrada en oro y madera. El arca apunta más allá de sí misma hacia el Dios libre que habla, guía, corrige y se acerca misericordiosamente a su pueblo.
Esa libertad divina transforma la reverencia en obediencia concreta: recordar el arca significa escuchar la alianza, respetar la santidad y servir sin pretender controlar a Dios mediante símbolos religiosos.
Luis Romero · Teólogo y magíster en Educación
Referencias
- Biblia Hebraica Stuttgartensia. Deutsche Bibelgesellschaft.
- The Greek New Testament, 6.ª ed. (UBS6/GNT6). Deutsche Bibelgesellschaft.
- Biblia de Jerusalén. Desclée de Brouwer.
- Reina-Valera 1960. Sociedades Bíblicas Unidas.
- Walton, John H. Comentario del contexto cultural de la Biblia: Antiguo Testamento. Mundo Hispano.
- Finkelstein, Israel, y Thomas Römer. “The Historical and Archaeological Background behind the Old Israelite Ark Narrative”. https://doi.org/10.2143/BIB.101.2.3288260
- Hundley, Michael B. “Remembering the Lost Ark”. https://doi.org/10.1177/03090892231188741
- Noegel, Scott B. “The Egyptian Origin of the Ark of the Covenant”. https://doi.org/10.1007/978-3-319-04768-3_17
- “Ark-Eology: Shifting Emphases in ‘Ark Narrative’ Scholarship”. https://doi.org/10.1177/1476993X06059008
- Na’aman, Nadav. “The Contrasting Faces of the Ark in 1 Samuel 4 and 5–6”. https://doi.org/10.1080/09018328.2025.2483233
- Schmitt, Rüdiger. The Ark and the Cherubim. https://doi.org/10.1628/978-3-16-159264-5
- “Ark of the Covenant”. Encyclopedia of the Bible and Its Reception. https://doi.org/10.1515/EBR.arkofthecovenant
- “Ark of the Covenant”. Oxford Bibliographies. https://doi.org/10.1093/obo/9780195393361-0245