Qué significa levirato y cuál era su finalidad

La palabra española «levirato» procede del latín levir, «hermano del marido». En Deuteronomio 25:5 aparece la forma hebrea יְבָמָה (yəbāmāh, «cuñada o viuda del hermano») y el verbo וְיִבְּמָהּ (wəyibbəmāh, «cumplirá con ella el deber de cuñado»). La norma contempla a hermanos que comparten el patrimonio familiar y a uno de ellos que muere sin dejar hijo. El hermano sobreviviente debe tomar a la viuda como esposa; el primer hijo nacido de esa unión mantiene el nombre del fallecido dentro de Israel.

El objetivo no se reduce a producir descendencia biológica. En el mundo social del texto, nombre, tierra, memoria y sustento estaban conectados. Una viuda sin hijo podía quedar expuesta a pérdida económica, mientras la casa del difunto podía desaparecer jurídicamente. La obligación intenta sostener ambas realidades. Gerhard von Rad (1966) observa que la ley deuteronómica protege la continuidad de la casa dentro de una sociedad organizada por parentesco. Jeffrey Tigay (1996) añade que el hijo no era tratado simplemente como extensión del hermano vivo, sino como continuador del muerto en nombre y herencia.

La formulación hebrea habla de «levantar el nombre» del hermano. שֵׁם (šēm) significa «nombre», y en este contexto abarca memoria social y permanencia familiar. No promete inmortalidad individual ni describe un sacramento matrimonial. Establece un medio legal para que la muerte prematura no borre una línea doméstica ni deje a la viuda sin lugar reconocido.

La casa, בַּיִת (bayit, «casa, familia o linaje»), tampoco debe entenderse únicamente como edificio. Cuando Deuteronomio habla de edificar la casa del hermano, se refiere a sostener su continuidad social. El vocabulario permite percibir por qué la negativa era más que una elección romántica: afectaba el futuro de una viuda, el reparto de bienes y la memoria de una familia dentro de la comunidad. Aun así, la ley no afirma que el muerto continuara viviendo en el hijo ni expone una doctrina sobre el más allá.

El nombre latino de la institución puede inducir a pensar que la Biblia presenta un sistema uniforme llamado «levirato». En realidad, el término moderno agrupa textos con diferencias importantes. Deuteronomio ofrece la regulación más explícita; Génesis muestra una costumbre familiar anterior en la secuencia narrativa; Rut combina parentesco, redención y tierra. La categoría ayuda a comparar, siempre que no obligue a los tres relatos a decir lo mismo.

Elemento de Deuteronomio 25 Función en la norma Límite que debe recordarse
Hermano que habita con el fallecido Asume responsabilidad familiar La obligación no recae en cualquier varón
Viuda sin hijo Puede reclamar continuidad para la casa No es presentada como propiedad transferible
Primer hijo Levanta el nombre del fallecido No borra la paternidad biológica del vivo
Ancianos en la puerta Escuchan el rechazo y dan publicidad No fuerzan físicamente el matrimonio
Sandalia y declaración Marcan la renuncia y su desaprobación No son una compra de la mujer

Ayelet Seidler (2018) destaca una tensión real: la norma afirma una obligación moral, pero permite al cuñado negarse. La negativa no queda neutral; la viuda comparece ante los ancianos, le quita la sandalia y declara públicamente que él no quiso edificar la casa de su hermano. Dvora Weisberg (2004) entiende esa incomodidad masculina como una clave para leer los distintos relatos bíblicos: la preservación del muerto y la seguridad de la viuda podían entrar en conflicto con los intereses patrimoniales del sobreviviente.

Esta institución pertenece al orden jurídico de Israel antiguo. No autoriza matrimonios forzados actuales ni ofrece una regla directa para iglesias o Estados modernos. Su valor interpretativo está en mostrar cómo la Torá afronta vulnerabilidad, herencia y responsabilidad familiar dentro de sus propias condiciones históricas. Para ubicarla en la lógica mayor de la ley, conviene leer qué es un pacto en la Biblia y los diez mandamientos en orden.

La ley de Deuteronomio 25:5–10 paso a paso

El caso comienza con una condición precisa: dos hermanos viven juntos y uno muere «sin hijo». Algunos intérpretes entienden la convivencia en sentido residencial; otros la relacionan con una herencia todavía no dividida. Bernard Levinson (1997) considera que Deuteronomio reelabora instituciones familiares previas y las somete a un procedimiento público. La lectura adoptada aquí reconoce el componente patrimonial sin afirmar que todos los hermanos debían compartir literalmente una vivienda.

La viuda no debe casarse «fuera» con un extraño. La preocupación principal es que la propiedad y el nombre permanezcan vinculados a la casa. El cuñado entra a ella, la toma por esposa y cumple el deber correspondiente. El primer hijo «sucederá en el nombre» del hermano muerto. La expresión no significa que el niño recibiera necesariamente el mismo nombre personal; señala que representaría jurídicamente la continuidad del fallecido.

Si el hombre no quiere, la mujer sube a la puerta de la ciudad, donde se reúnen los ancianos. Su frase es una acusación concreta: «Mi cuñado rehúsa levantar nombre a su hermano en Israel». Los ancianos lo convocan y hablan con él. Si persiste, la mujer le quita la sandalia, escupe delante de él y pronuncia una fórmula pública. El texto no registra cárcel, multa ni ejecución. La sanción es reputacional: su casa será conocida como «la casa del descalzado».

J. Gordon McConville (2002) señala que la puerta convierte un conflicto doméstico en asunto comunitario. La familia no dispone en secreto del futuro de la viuda; ella tiene voz y acceso a los ancianos. Seidler (2018) insiste, sin embargo, en que la norma también reconoce la negativa masculina. Ambas observaciones son compatibles: la comunidad no obliga a consumar el matrimonio, pero tampoco permite que el rechazo quede sin crítica.

Momento Acción Significado jurídico
Muerte sin descendencia Se activa la responsabilidad del hermano La casa corre riesgo de desaparecer
Reclamación de la viuda Acude a los ancianos El caso entra en el espacio público
Audiencia Los ancianos hablan con el hombre Se verifica su decisión
Renuncia persistente Sandalia, gesto y declaración Se formaliza la negativa
Nombre de la casa «Casa del descalzado» La memoria comunitaria desaprueba el rechazo

La ley reúne protección y límite. Protege a la viuda y la memoria del fallecido, pero no convierte el matrimonio en una unión ejecutada por la fuerza. También muestra que el cumplimiento esperado podía resultar costoso: el hijo nacido no fortalecía del mismo modo la herencia del hermano vivo. Precisamente por eso la obligación se presenta como lealtad hacia otro y no como simple ventaja personal.

La frase «no se borrará su nombre de Israel» sitúa el asunto dentro del pueblo y no solamente dentro de una pareja. La ausencia de descendencia podía alterar derechos sobre terrenos que sostenían a varias generaciones. Por eso los ancianos no investigan intimidad conyugal, sino una decisión que repercute en la organización comunitaria. El procedimiento protege publicidad y memoria: hay testigos de que la viuda reclamó, de que el hombre fue llamado y de que la renuncia no fue causada por silencio o desaparición de la mujer.

La ceremonia también evita una lectura simplista de la autoridad masculina. El hombre puede negarse, pero no controla el relato público de su negativa. La mujer formula la acusación y ejecuta el signo. Esa distribución de voces no vuelve igualitaria toda la sociedad deuteronómica; sí muestra que la Torá abre un espacio jurídico donde la viuda puede confrontar al pariente que incumple. Reconocer esa apertura y sus límites ofrece una lectura más precisa que celebrar el sistema sin reservas o describir a la mujer como completamente muda.

La conclusión del autor debe diferenciarse del texto. El texto bíblico establece un procedimiento para una situación de su época. La interpretación histórica explica su relación con herencia y parentesco. La conclusión ética reconoce un principio más amplio: una comunidad justa no deja que la persona vulnerable cargue sola con el costo de una muerte familiar, pero tampoco usa ese principio para negar consentimiento y dignidad en contextos actuales.

Génesis 38: Tamar, Onán y la responsabilidad negada

Génesis 38 transcurre antes de la ley de Deuteronomio y no contiene todos sus detalles. Judá da a Tamar por esposa a Er. Después de la muerte de Er, ordena a Onán: «Únete a la mujer de tu hermano, cumple con ella tu deber de cuñado y levanta descendencia a tu hermano». La raíz verbal es la misma familia de términos que aparece en Deuteronomio. Onán acepta la relación sexual, pero impide deliberadamente que nazca un heredero porque sabe que «la descendencia no sería suya».

El sustantivo זֶרַע (zeraʿ, «semilla, descendencia») aparece repetidamente y concentra el conflicto. Onán no es castigado simplemente por un acto sexual aislado, como si el relato fuera un tratado general sobre anticoncepción. Su conducta consiste en aprovechar a Tamar mientras frustra el deber que justifica la unión. Victor Hamilton (1995) subraya el cálculo sucesorio: si Tamar no tiene hijo, Onán puede beneficiarse de la herencia de su hermano. Gordon Wenham (1994) observa que la narración juzga una negativa sostenida a dar continuidad al muerto.

Después de la muerte de Onán, Judá promete a su hijo menor, Sela, pero no cumple. Tamar queda atrapada: es enviada a la casa de su padre como viuda, aunque continúa vinculada a la familia de Judá. No puede construir libremente otro futuro y tampoco recibe al pariente prometido. Cuando descubre que Sela ha crecido, actúa para obtener de Judá la descendencia que este había impedido. La narración es incómoda, pero su desenlace incluye la confesión de Judá: «Ella es más justa que yo, porque no la di a Sela mi hijo».

Alexander Abasili (2011) interpreta el capítulo como búsqueda de descendencia y heredero. Phyllis Trible (1984) llama la atención sobre la agencia de Tamar frente a estructuras que la exponen. Las dos lecturas no son idénticas: una destaca la continuidad genealógica y otra la vulnerabilidad y resistencia de la mujer. La interpretación adoptada aquí integra ambas, porque el relato conecta explícitamente la justicia de Tamar con la descendencia que le fue negada.

Génesis 38 no puede reducirse a una moraleja sobre astucia. Judá conserva poder para prometer, retrasar y condenar; Tamar arriesga su vida para presentar pruebas. Los objetos que recibe —sello, cordón y bastón— identifican al responsable. Cuando Judá reconoce esos signos, también reconoce su propia falta. La justicia narrativa no consiste en declarar impecable cada decisión, sino en desenmascarar a quien había dejado a una viuda sin la protección debida.

El capítulo está colocado entre la venta de José y su vida en Egipto. Esa ubicación produce contrastes: Judá participa en la pérdida de un hermano y después falla frente a la viuda de su hijo; José resiste una propuesta sexual, mientras Judá no reconoce a Tamar y después intenta juzgarla. Los vínculos literarios se discuten, pero el efecto final es claro: la historia de la familia escogida incluye engaño, deseo, responsabilidad y reconocimiento, no una marcha de héroes moralmente uniformes.

Tamar tampoco dispone de los ancianos y del procedimiento de Deuteronomio. Su estrategia surge precisamente porque las vías ordinarias están cerradas por Judá. Esa diferencia protege al lector de convertir su conducta en técnica general para obtener justicia. El relato valora el reconocimiento final y la continuidad lograda, pero su fuerza crítica proviene de la ausencia de una institución que hubiera permitido escuchar a la viuda antes de ponerla en peligro.

La conexión con el levirato es real, aunque no idéntica a Deuteronomio 25. En Génesis, el padre organiza sucesivamente las uniones; la puerta y la ceremonia de renuncia no aparecen; Tamar termina concibiendo de su suegro. Weisberg (2004) advierte que estas diferencias impiden convertir el relato en ilustración exacta de una ley posterior. Es mejor hablar de una tradición familiar relacionada con la obligación de levantar descendencia al muerto.

La historia también entra en la memoria posterior de Judá. Pérez, hijo de Tamar, forma parte de la genealogía de David y de la genealogía de Jesús en Mateo. Esto no convierte el daño en un medio aprobado por Dios. Muestra que la historia bíblica conserva familias complejas y no oculta la injusticia de sus antepasados. La genealogía de Jesús ayuda a seguir esa recepción sin borrar la voz de Tamar.

Rut 4: redención familiar y una forma ampliada de continuidad

El libro de Rut presenta otra situación. Elimelec y sus hijos han muerto. Noemí regresa a Belén con Rut, viuda moabita de Mahlón. No existe un hermano vivo del difunto que pueda cumplir literalmente Deuteronomio 25. Boaz es un pariente con capacidad de actuar como redentor, pero el libro menciona a otro hombre más cercano. La trama combina matrimonio, propiedad, nombre y cuidado de dos viudas.

La palabra central es גֹּאֵל (gōʾēl, «pariente protector o redentor»). En la legislación bíblica, el goel puede recuperar tierra familiar, rescatar a un pariente empobrecido o reclamar justicia. Rut 4 utiliza esa institución y la acerca a la finalidad del levirato: «perpetuar el nombre del difunto sobre su heredad». Daniel Block (1999) sostiene que la narración entrelaza costumbres sin reproducir de manera literal una sola ley. Robert Hubbard (1988) coincide en que Boaz no es el hermano requerido por Deuteronomio, aunque su matrimonio cumple una finalidad semejante.

El pariente más cercano acepta inicialmente redimir la tierra, pero retrocede cuando Boaz vincula la adquisición con Rut y con la preservación del nombre del muerto. Su explicación es que podría perjudicar su propia heredad. El conflicto se parece al de Onán: ayudar a la casa del fallecido puede limitar el beneficio del sobreviviente. Sin embargo, Rut narra un procedimiento público, negociado ante ancianos y testigos.

Aspecto Deuteronomio 25 Rut 4
Responsable inicial Hermano del fallecido Pariente con derecho de redención
Mujer Viuda israelita sin hijo Rut, viuda moabita, junto a Noemí
Bien en riesgo Nombre y herencia familiar Tierra de Elimelec y nombre de Mahlón
Sandalia La viuda la quita al cuñado que rehúsa El pariente la entrega para confirmar el trato
Resultado Matrimonio o renuncia deshonrosa Boaz redime, se casa con Rut y nace Obed

Brad Embry (2016) propone que las normas sobre las hijas de Zelofehad también iluminan la combinación de tierra y matrimonio. Otros lectores, como Weisberg (2004), enfatizan la transformación narrativa de varias instituciones. No existe consenso sobre una fórmula legal única detrás de Rut 4. La conclusión más prudente es que el relato adapta principios conocidos —redención de propiedad, continuidad del nombre y cuidado de viudas— para resolver un caso que no encaja exactamente en Deuteronomio 25.

Rut tampoco presenta a Boaz como comprador de una mujer. La narración ha mostrado antes la iniciativa de Rut, el consejo de Noemí, la integridad de Boaz y la responsabilidad del pariente más cercano. Aunque las relaciones de poder pertenecen a una sociedad patriarcal, la escena pública busca proteger reconocimiento, propiedad y futuro. Katharine Doob Sakenfeld (1999) resalta que el חֶסֶד (ḥésed, «lealtad amorosa o bondad fiel») de Rut y Boaz se manifiesta en acciones que exceden el interés inmediato.

El nacimiento de Obed beneficia explícitamente a Noemí: las mujeres de Belén celebran que tiene un restaurador de vida. A la vez, la genealogía conduce a David. La continuidad familiar se convierte en una historia de incorporación: una moabita llega a ocupar un lugar decisivo en Judá. Consulta qué es la gracia en la Biblia y hesed, misericordia de pacto para ampliar esas dimensiones sin confundirlas con una simple recompensa económica.

La bendición pronunciada por los ancianos recuerda a Raquel, Lea, Tamar y Pérez. De ese modo, Rut no es incorporada borrando su extranjería ni ignorando historias femeninas anteriores. La comunidad interpreta el nuevo matrimonio mediante la memoria de mujeres que edificaron Israel y de una descendencia obtenida después del fracaso de Judá. La genealogía final no es un apéndice frío: confirma que las decisiones de la puerta de Belén tendrán consecuencias que los participantes todavía no pueden medir.

El libro también desplaza la atención desde la supervivencia inmediata hacia la plenitud comunitaria. Al comienzo, Noemí se llama a sí misma «vacía»; al final sostiene al niño mientras las vecinas lo nombran. Rut pasa de extranjera vulnerable a mujer alabada como mejor que siete hijos. Estas transformaciones no eliminan el duelo por Mahlón y Quilión, pero muestran cómo la fidelidad puede abrir futuro sin negar la pérdida.

Cómo interpretar hoy una institución antigua

Una lectura responsable empieza por resistir dos atajos. El primero idealiza el levirato como si cada mujer hubiera quedado automáticamente protegida. Génesis 38 muestra retraso, explotación y riesgo; Deuteronomio reconoce que el hombre puede negarse; Rut presenta negociaciones económicas complejas. La institución intenta responder a vulnerabilidades reales, pero opera dentro de estructuras antiguas que no equivalen a las actuales.

El segundo atajo descarta el texto por completo como si no contuviera ninguna búsqueda de justicia. La viuda de Deuteronomio habla ante los ancianos; Tamar obtiene reconocimiento público; Rut participa activamente en la búsqueda de futuro; Noemí recupera lugar y sustento. Estos relatos no eliminan el patriarcado, pero tampoco retratan a las mujeres como objetos silenciosos.

La comparación debe incluir las consecuencias de cada negativa. Onán es juzgado por Dios dentro de la narración; Judá vive hasta confesar y corregir su acusación; el cuñado de Deuteronomio recibe una marca social; el pariente de Rut renuncia públicamente y desaparece incluso como nombre propio. Los desenlaces no son intercambiables. Cada obra utiliza recursos distintos para mostrar que la continuidad familiar no puede quedar subordinada sin más al beneficio del varón sobreviviente.

Jean Louis Ska (2012) aconseja leer las leyes del Pentateuco dentro de su mundo narrativo y social, no como artículos aislados de un código moderno. Sandra Richter (2008) recuerda que tierra, casa y parentesco expresaban identidad y supervivencia en Israel. Aplicado al levirato, este enfoque permite preguntar qué problema intenta resolver la norma antes de juzgar cada gesto con categorías anacrónicas.

Para comunidades actuales, el texto no manda que un hombre se case con la viuda de su hermano. Las formas contemporáneas de matrimonio, herencia, seguridad social y tutela jurídica son diferentes. El principio que puede razonarse desde el conjunto es más amplio: la muerte no debe convertir a la viuda ni a sus hijos en personas descartables; la familia y la comunidad tienen responsabilidad; las decisiones privadas con consecuencias públicas necesitan rendición de cuentas.

Ese principio debe ir acompañado por consentimiento. Deuteronomio deja ver el conflicto de voluntad, y la historia posterior muestra cuánto daño produce tratar a una mujer como instrumento de descendencia. Una recepción ética cristiana se orienta por la dignidad del prójimo, la protección del vulnerable y la misericordia que Jesús coloca en el centro de la interpretación. El estudio de «Misericordia quiero y no sacrificio» ofrece un criterio útil: una práctica religiosa se desfigura cuando conserva la forma mientras abandona a la persona.

También conviene distinguir descripción de aprobación. Génesis narra conductas sin convertir cada acción en mandato. Rut celebra una resolución concreta, pero no legisla todas las relaciones. Deuteronomio regula un caso, aunque permite la renuncia. La conclusión del autor es que los tres textos convergen en la memoria del muerto y el futuro de la viuda, pero difieren en responsables, procedimientos y desenlaces. Esa diversidad debe conservarse.

Preguntas frecuentes

¿Qué era el levirato en la Biblia?

Era la obligación del hermano de un hombre fallecido sin hijo de casarse con la viuda y levantar descendencia al muerto. Deuteronomio 25:5–10 regula el caso, su posible rechazo y la intervención de los ancianos. La finalidad unía protección de la viuda, continuidad del nombre y preservación de la herencia familiar.

¿Por qué fue castigado Onán?

Génesis 38 explica que Onán sabía que la descendencia no sería contada como suya y frustraba deliberadamente la concepción mientras utilizaba la unión con Tamar. El problema narrativo es su negativa interesada a dar heredero a su hermano y su injusticia hacia la viuda, no una exposición general sobre todo método anticonceptivo.

¿Boaz cumplió literalmente la ley del levirato?

No de manera literal, porque Boaz no era hermano de Mahlón y existía un pariente más cercano. Rut 4 combina la redención de propiedad con una finalidad semejante al levirato: preservar el nombre del difunto. Por eso es más preciso hablar de adaptación o convergencia de instituciones familiares.

¿Debe practicarse hoy el levirato?

La norma pertenece al sistema familiar y agrario del Israel antiguo y no constituye un mandato directo para sociedades o iglesias actuales. Su estudio puede inspirar responsabilidad hacia viudas y familias vulnerables, pero cualquier aplicación contemporánea debe respetar consentimiento, igualdad jurídica, libertad matrimonial y los mecanismos de protección vigentes.

¿Cómo continuar la lectura?

Lee Deuteronomio 25:5–10, Génesis 38 y Rut 3–4 por separado antes de compararlos. Anota quién toma la iniciativa, qué propiedad está en riesgo, quién habla públicamente y cómo termina cada caso. Después vuelve a las diferencias: son necesarias para comprender la evolución y adaptación de las responsabilidades familiares en la Biblia.

Referencias

  • Abasili, Alexander Izuchukwu. «Genesis 38: The Search for Progeny and Heir». Scandinavian Journal of the Old Testament 25/2. Taylor & Francis, 2011. 10.1080/09018328.2011.608545.
  • Block, Daniel I. Judges, Ruth. Broadman & Holman, 1999.
  • Embry, Brad. «Legalities in the Book of Ruth: A Renewed Look». Journal for the Study of the Old Testament 41/1. SAGE, 2016. 10.1177/0309089216628519.
  • Hamilton, Victor P. The Book of Genesis, Chapters 18–50. Eerdmans, 1995.
  • Hubbard, Robert L. The Book of Ruth. Eerdmans, 1988.
  • McConville, J. Gordon. Deuteronomy. Apollos, 2002.
  • Seidler, Ayelet. «The Law of Levirate and Forced Marriage—Widow vs. Levir in Deuteronomy 25.5–10». Journal for the Study of the Old Testament 42/4. SAGE, 2018. 10.1177/0309089216692180.
  • Tigay, Jeffrey H. Deuteronomy. Jewish Publication Society, 1996.
  • Trible, Phyllis. Texts of Terror. Fortress Press, 1984.
  • Weisberg, Dvora E. «The Widow of Our Discontent: Levirate Marriage in the Bible and Ancient Israel». Journal for the Study of the Old Testament 28/4. SAGE, 2004. 10.1177/030908920402800402.
  • Wenham, Gordon J. Genesis 16–50. Word Books, 1994.

Luis Berner Romero Sánchez, teólogo y magíster en educación