¿Cuál era el templo que conoció Jesús?
Jesús conoció el segundo templo, profundamente ampliado por Herodes el Grande desde aproximadamente 20/19 a. C. No era el edificio de Salomón, destruido por Babilonia, sino el santuario levantado después del exilio y transformado en un conjunto monumental. Grandes muros de contención sostenían una plataforma con patios, puertas, pórticos y dependencias. Las obras continuaron durante décadas; por eso Juan 2:20 recuerda que su construcción llevaba cuarenta y seis años.
El santuario propiamente dicho ocupaba el centro, pero la mayor parte de las escenas evangélicas ocurre en el recinto. El Nuevo Testamento griego distingue ἱερόν (hierón), el conjunto del templo, y ναός (naós), el edificio sagrado central. Jesús enseñó en patios y pórticos accesibles; no entró en el lugar santísimo. Esta precisión evita imaginar que los comerciantes estaban junto al arca o que cualquier peregrino circulaba por todos los espacios.
¿Cómo se organizaba el recinto?
El complejo ordenaba el tránsito mediante zonas con distintos grados de acceso. Había amplios espacios exteriores, balaustradas, patios y áreas relacionadas con el sacerdocio y el sacrificio. La llamada inscripción del soreg advertía a los gentiles sobre el límite que no debían cruzar. El templo expresaba santidad mediante fronteras, pero también recibía peregrinos de muchas regiones.
Los restos de la plataforma herodiana y el estudio de sus muros permiten comprender la escala de la obra sin confundir los muros de contención con las paredes del santuario. La investigación de la muralla sur y sus esquinas combina arquitectura y métodos científicos, al tiempo que reconoce las restricciones de excavación del recinto. https://doi.org/10.5325/jj.10518972.26
¿Qué actividades se realizaban diariamente?
Sacerdotes ofrecían sacrificios regulares, quemaban incienso y cuidaban los espacios cultuales. Levitas participaban en música, vigilancia y servicio. Maestros discutían la Torá, familias presentaban ofrendas y personas acudían a orar. El templo también administraba tesoros, donativos e impuestos. No era solamente un edificio para ocasiones excepcionales, sino una institución que organizaba ritmos diarios y nacionales.
La compraventa de animales aptos y el cambio de moneda atendían necesidades reales. Quien llegaba desde lejos difícilmente podía transportar una víctima sin defecto; ciertas monedas se aceptaban para el tributo. El debate evangélico no autoriza a describir toda esa actividad como fraude. La crítica se dirige a su ubicación, administración, posible abuso y capacidad de obstaculizar el carácter de “casa de oración”.
¿Qué ocurría durante las fiestas?
Pascua, Pentecostés y Tabernáculos llevaban a Jerusalén grandes multitudes. La ciudad recibía judíos de Judea, Galilea y la diáspora. El viaje, el alojamiento, los baños rituales, la compra de ofrendas y el ingreso por escalinatas formaban una experiencia religiosa completa. Los Salmos de ascenso daban lenguaje al peregrinaje.
La vía monumental que ascendía desde la zona de Siloé ayuda a visualizar el movimiento. Un estudio arqueológico reciente interpreta el camino como parte de una experiencia ceremonial, integrando topografía, restos materiales y antropología de la peregrinación. https://doi.org/10.1007/s12520-024-02079-1 No todo peregrino siguió una ruta idéntica, pero el hallazgo confirma que llegar al templo implicaba preparación y desplazamiento corporal.
¿Qué relación mantuvo Jesús con el templo?
Los Evangelios muestran pertenencia y crítica. Jesús es presentado allí desde niño, participa en fiestas, enseña, sana y observa las ofrendas. Lo llama “casa de mi Padre” y cita sus Escrituras. Su acción contra vendedores y cambistas pertenece a la tradición profética judía: Isaías denuncia culto sin justicia y Jeremías advierte contra convertir el santuario en falsa garantía.
Una lectura responsable no contrapone a Jesús con “los judíos” como si él y sus discípulos no fueran judíos. El conflicto ocurre dentro de Israel y se concentra en autoridad, administración y significado escatológico. Un estudio postsupersesionista de Marcos muestra por qué la crítica al templo no equivale a declarar abolidos la Torá o el pacto. https://doi.org/10.3390/rel14040487
¿Qué ocurrió después del año 70?
La guerra contra Roma culminó con la destrucción del templo. La pérdida terminó con los sacrificios y transformó la vida judía. Maestros y comunidades desarrollaron prácticas centradas en la Torá, la oración, la mesa y la sinagoga. Los cristianos interpretaron a Jesús y a la comunidad mediante lenguaje del templo. Estas trayectorias no deben resumirse como simple reemplazo de una religión por otra.
El Muro Occidental es parte de la plataforma de contención herodiana, no una pared del santuario central. Su valor proviene de la proximidad, la memoria y siglos de oración. Comprender el templo en tiempos de Jesús exige respetar tanto el testimonio cristiano como la continuidad viva del judaísmo.
Referencias
- Biblia Hebraica Stuttgartensia. Stuttgart: Deutsche Bibelgesellschaft.
- The Greek New Testament, edición crítica vigente. Stuttgart: Deutsche Bibelgesellschaft.
- Biblia de Jerusalén. Bilbao: Desclée de Brouwer.
- Josefo, Flavio. La guerra de los judíos. Edición en español.
- Jeremias, Joachim. Jerusalén en tiempos de Jesús. Madrid: Cristiandad.
- Sanders, E. P. La figura histórica de Jesús. Estella: Verbo Divino.
- Abadi, Omri et al. “The Jerusalem Pilgrimage Road in the Second Temple Period”. https://doi.org/10.1007/s12520-024-02079-1
- Meyers, Eric M. “The Tabernacle and the Temple in Ancient Israel”. https://doi.org/10.1111/j.1749-8171.2006.00006.x
- Levine, Amy-Jill y Marc Zvi Brettler, eds. The Jewish Annotated New Testament. Oxford University Press.
- Klawans, Jonathan. Purity, Sacrifice, and the Temple. Oxford University Press.
Luis Romero · Teólogo y magíster en Educación