Qué eran las ciudades de refugio y por qué existían

La expresión hebrea עָרֵי מִקְלָט (ʿārê miqlāṭ), «ciudades de refugio» o «ciudades de acogida», combina el plural de עִיר (ʿîr, «ciudad») con מִקְלָט (miqlāṭ, «refugio, lugar de recepción»). En la Biblia designa seis ciudades a las que podía huir quien hubiera causado una muerte sin premeditación. Tres se encontraban al oriente del Jordán y tres al occidente. No eran escondites clandestinos ni espacios donde toda persona quedaba impune: formaban parte de un procedimiento público destinado a distinguir entre homicidio intencional y muerte accidental.

El trasfondo inmediato era la obligación familiar de responder por la sangre derramada. En una sociedad sin policía profesional ni sistema penitenciario moderno, la familia extensa protegía a sus miembros, sostenía su memoria y reclamaba justicia. Esa responsabilidad podía convertirse en una cadena de represalias si nadie examinaba la intención, las circunstancias y los medios empleados. La ciudad de refugio interrumpía la reacción inmediata y trasladaba el caso al ámbito comunitario. El fugitivo debía exponer su causa ante los ancianos y luego afrontar un juicio; si se demostraba intención homicida, el refugio no lo protegía.

Jeffrey Stackert (2006) explica que las leyes de asilo de Éxodo y Deuteronomio no son copias idénticas, sino formulaciones relacionadas que reorganizan instituciones anteriores. Itamar Kislev (2020) llega a una conclusión semejante al estudiar Números 35: el pasaje posee una lógica propia y dialoga con Deuteronomio 19. Esto impide mezclar todos los textos como si dijeran exactamente lo mismo. La Biblia conserva varias formulaciones legales, y cada una destaca un aspecto del problema.

Éxodo 21:12-14 presenta la forma más breve. Distingue entre quien hiere deliberadamente y quien causa una muerte que no había planeado. El altar aparece como lugar al que se puede huir, aunque no protege al homicida premeditado. Deuteronomio 19 transforma esa tradición en una red territorial: manda separar ciudades, preparar caminos y dividir la tierra en regiones para que la distancia no entregue al inocente relativo a la furia del perseguidor. Números 35 desarrolla el procedimiento, las pruebas, el papel de la asamblea y la permanencia del homicida involuntario. Josué 20 narra la designación de las ciudades en la tierra.

Este entramado se comprende mejor dentro de la vida del pacto. La ley no aparece como un código abstracto, separado de la historia, sino como una forma de ordenar a un pueblo liberado de la opresión. El artículo sobre qué es un pacto en la Biblia ayuda a situar esta dimensión comunitaria. También conviene recordar que Éxodo narra el paso de la esclavitud al pacto: Israel recibe mandamientos después de la liberación y debe impedir que la violencia sin límites destruya su convivencia.

Texto Aporte principal Límite del refugio
Éxodo 21:12-14 Distingue premeditación y muerte no planeada; menciona el altar El homicida deliberado puede ser retirado incluso del altar
Números 35:9-34 Regula ciudades, juicio, testigos, residencia y muerte del sumo sacerdote La asamblea entrega al homicida intencional; no admite rescate monetario
Deuteronomio 19:1-13 Ordena caminos y distancias; ofrece el ejemplo del hacha Los ancianos entregan al culpable de odio previo
Josué 20:1-9 Identifica las seis ciudades y describe la acogida en la puerta La protección se mantiene dentro del procedimiento comunitario

La conclusión histórica debe ser modesta. Los textos prescriben un sistema, pero aportan poca información narrativa sobre casos concretos. Jayme Reaves (2023) advierte que la recepción posterior de estas ciudades como símbolo de santuario no debe confundirse con una documentación extensa de su funcionamiento cotidiano. La institución es clara en la legislación; su práctica detallada no puede reconstruirse con igual seguridad.

La diferencia entre homicidio deliberado y muerte involuntaria

El centro moral del sistema era la intención examinada a la luz de hechos verificables. Números 35 ofrece ejemplos ligados al objeto usado: un instrumento de hierro, una piedra capaz de matar o un objeto de madera mortal podían mostrar la gravedad del ataque. Sin embargo, el objeto no bastaba. El texto pregunta también si hubo enemistad, acecho, empujón intencional o lanzamiento deliberado. En contraste, una muerte ocurrida de repente, sin hostilidad previa y sin buscar daño podía ser tratada como involuntaria.

Deuteronomio 19 presenta un caso concreto: dos personas entran al bosque a cortar leña; el hierro se desprende del mango y alcanza al compañero. El ejemplo no declara que la muerte sea insignificante. Al contrario, reconoce una pérdida real y el peligro de que el pariente actúe mientras su ira está encendida. Pero diferencia tragedia y asesinato. Esa diferenciación protege a la comunidad de dos errores opuestos: dejar impune al homicida voluntario o tratar al causante accidental como si hubiera planeado matar.

El hebreo usa formulaciones distintas. Números 35:11 habla de matar בִּשְׁגָגָה (bišgāgāh), «por inadvertencia, sin intención». Deuteronomio 19:4 emplea בִבְלִי־דַעַת (biblî-daʿat), «sin conocimiento» o «sin saber», y añade la ausencia de odio previo. Eliezer Hadad (2017) sostiene que esta diferencia refleja dos razonamientos legales. En Números, la muerte contamina la tierra incluso cuando no fue deliberada, por lo que el causante vive apartado hasta la muerte del sumo sacerdote. En Deuteronomio, la atención recae sobre la inocencia moral de quien no odiaba ni planeaba matar y sobre la necesidad de impedir que se derrame sangre inocente.

Estas lógicas no tienen que reducirse a una contradicción. Números contempla el efecto objetivo de la sangre derramada y la necesidad de mantener al causante dentro del refugio; Deuteronomio examina con énfasis la intención y el peligro de una represalia injusta. Ambas perspectivas reconocen que una acción puede producir consecuencias graves sin poseer la misma culpabilidad que un asesinato. La interpretación adoptada aquí mantiene juntas responsabilidad y diferencia moral: el accidente no equivale a inocencia absoluta respecto de todo efecto, pero tampoco autoriza a atribuir una intención que no existió.

Esta distinción ilumina el mandamiento «no matarás». El verbo de Éxodo 20 no convierte en equivalentes todas las muertes narradas o reguladas en la Biblia. El estudio «No matarás»: qué manda el texto explica el campo específico del mandato. Para ubicarlo en su marco completo, puede consultarse también los diez mandamientos en orden. Las ciudades de refugio muestran que la propia Torá desarrolla categorías jurídicas para valorar intención, evidencia, peligro y protección.

Robert Laha (2012) subraya que Josué 20 debe leerse en relación con concepciones antiguas de justicia y no como si fuera un tribunal moderno anticipado. Aun así, el texto contiene elementos reconocibles: recepción inicial, exposición del caso, participación de ancianos, juicio ante la asamblea y límites impuestos tanto al acusado como al perseguidor. No existe una liberación automática por cruzar una puerta sagrada. Existe una pausa que hace posible escuchar antes de ejecutar.

Indicio legal Muerte involuntaria Homicidio deliberado
Relación previa No había odio anterior Existía enemistad o intención hostil
Desarrollo del hecho Accidente súbito o acción sin propósito homicida Acecho, empujón, golpe o lanzamiento consciente
Respuesta inicial Huida a la ciudad y audiencia Investigación y entrega si se prueba la culpa
Protección Residencia limitada dentro del refugio La ciudad no funciona como impunidad
Prueba La asamblea examina circunstancias y testigos Se requieren testigos; uno solo no basta para condenar

La exigencia de varios testigos en Números 35:30 limita decisiones irreversibles basadas en una sola voz. La norma no elimina posibles errores, pero reconoce que la pena de muerte exige un umbral probatorio. También prohíbe aceptar dinero para librar al homicida o permitir que el refugiado eluda su residencia. Así, riqueza y negociación privada no deben sustituir el juicio comunitario.

Las seis ciudades, los caminos y el juicio en la puerta

Las ciudades fueron Cedes en Galilea, Siquem en la región montañosa de Efraín y Hebrón en Judá, al occidente del Jordán; Béser en el desierto, Ramot de Galaad y Golán en Basán, al oriente. Deuteronomio 4:41-43 menciona las tres orientales; Josué 20 reúne las seis. Su distribución territorial expresa accesibilidad. No basta declarar un derecho al refugio si la distancia o el camino lo vuelve inalcanzable.

Deuteronomio 19:3 manda preparar el camino y dividir el territorio en tres partes. El texto vincula geografía y justicia: una ruta demasiado larga podía permitir que el vengador alcanzara al fugitivo antes de que su caso fuera oído. No se describe una red vial con todos sus detalles técnicos, pero sí una responsabilidad pública de hacer posible el acceso. John Spencer (2024) observa que las ciudades han sido interpretadas como refugio, asilo o santuario; cada término destaca algo válido, aunque ninguno agota el fenómeno. «Santuario» puede sugerir inmunidad sagrada, mientras que «asilo» puede sonar moderno. La legislación bíblica combina protección espacial, proceso legal y residencia obligatoria.

Josué 20:4 sitúa la primera audiencia en la puerta. El fugitivo expone su causa «a oídos de los ancianos» y es admitido en la ciudad. La puerta urbana era un espacio de administración, intercambio y decisión comunitaria. La escena no equivale todavía al juicio final: la acogida inicial evita la muerte inmediata y permite que la asamblea examine el caso. Posteriormente, la persona comparece ante la comunidad competente.

Pekka Pitkänen (2016) interpreta Josué como una obra que combina tradiciones sacerdotales y deuteronómicas. Esa observación ayuda a explicar por qué Josué 20 parece recoger y articular normas previas. El capítulo no repite palabra por palabra Números 35 ni Deuteronomio 19. Presenta la designación de las ciudades como cumplimiento de una instrucción divina transmitida por Moisés y añade la escena de recepción ante los ancianos.

La figura de Moisés une estas tradiciones legales. Para comprender su función como mediador y legislador, pueden leerse Moisés en la Biblia y quién fue Moisés en la Biblia. Es importante no convertirlo en autor mecánico de cada formulación tal como hoy se conserva. El texto bíblico asocia la legislación con su autoridad, mientras que la investigación literaria estudia cómo las leyes fueron transmitidas, organizadas y releídas en diferentes contextos.

Las seis ciudades también pertenecían al conjunto de ciudades levíticas. Esa relación puede deberse a su función religiosa y comunitaria, pero el texto no autoriza a imaginar que los levitas actuaban exactamente como jueces profesionales modernos. Lo que sí afirma Números 35 es que las ciudades debían recibir al homicida involuntario y que la asamblea tenía responsabilidad decisiva. La localización levítica inserta la protección dentro de la organización territorial de Israel.

La lista geográfica no debe emplearse como mapa arqueológico sin matices. Algunas identificaciones son ampliamente aceptadas; otras involucran debates sobre ubicación, ocupación y cronología. Además, que un sitio sea nombrado en una lista legal no demuestra por sí solo cómo funcionó la institución en cada período. A. Graeme Auld (1979) mostró que la tradición sobre estas ciudades atravesó un desarrollo literario e histórico. La afirmación segura es textual: la Biblia dispone seis ciudades distribuidas a ambos lados del Jordán y las vincula con protección judicial.

La accesibilidad revela un principio ético sobrio. La justicia no consiste solo en declarar una norma correcta; requiere condiciones para que la persona amenazada pueda alcanzarla. Al mismo tiempo, el acusado no elige simplemente desaparecer. Debe presentarse públicamente, narrar lo ocurrido y permanecer sometido a la decisión de la comunidad. Protección y rendición de cuentas avanzan juntas.

El vengador de la sangre, la residencia y la muerte del sumo sacerdote

La expresión גֹּאֵל הַדָּם (gōʾēl haddām) significa «rescatador o reivindicador de la sangre». גֹּאֵל (gōʾēl) designa al pariente que recupera, rescata o defiende derechos familiares; הַדָּם (haddām) significa «la sangre». Traducirla «vengador de la sangre» comunica su acción en estos pasajes, pero puede ocultar que se trata de una función de parentesco dentro de un mundo social específico. No es un asesino sin vínculo, sino el familiar que reclama la vida perdida.

La ley no niega el dolor ni elimina al familiar de la escena. Limita su acción. Si la asamblea determina que la muerte fue accidental, devuelve al causante a la ciudad de refugio. Mientras permanezca allí, el vengador no puede matarlo. Si sale de los límites y es encontrado, Números 35 declara que el vengador puede darle muerte. Esta regla resulta dura para la sensibilidad contemporánea, pero muestra que el refugio no era libertad plena: implicaba residencia obligatoria, separación del hogar y restricción de movimientos.

La permanencia concluía con la muerte del sumo sacerdote. El texto no explica de manera directa por qué ese fallecimiento libera al refugiado. Se han propuesto varias interpretaciones: la muerte del representante cultual marca el cierre de una época; posee valor de expiación comunitaria; o funciona como término objetivo que evita una disputa interminable. Hadad (2017) destaca que, en la lógica de Números, la sangre derramada afecta la tierra donde Dios habita y la muerte del sumo sacerdote cierra el período de exilio del causante involuntario. Esta explicación es plausible dentro del capítulo, aunque no debe convertirse en certeza más allá de lo que el texto afirma.

Kislev (2020) insiste en leer Números 35 como una composición legal cuidadosamente organizada. La muerte del sumo sacerdote no aparece aislada: forma parte de una secuencia que comienza con la selección de ciudades, continúa con criterios para diferenciar casos, regula la audiencia y concluye con prohibiciones de rescate. La interpretación adoptada aquí entiende la residencia como una protección costosa. Salva la vida del homicida involuntario, pero reconoce que la muerte producida altera relaciones, territorio y futuro.

La prohibición de כֹּפֶר (kōfer), «rescate, compensación», impide pagar para evitar la pena del homicida o acortar la residencia del refugiado. La riqueza no puede comprar un resultado. Esto distingue la vida humana de una deuda comercial. El capítulo afirma que la sangre contamina la tierra y que no puede ser tratada como un daño menor reparable únicamente con dinero.

Conviene evitar una aplicación cristológica automática. Hebreos utiliza la imagen del refugio en sentido metafórico cuando habla de quienes buscan asirse de la esperanza, pero no identifica de manera directa a Jesús con cada detalle de Números 35. Una lectura cristiana puede hallar una analogía entre refugio y salvación, siempre que primero respete la función jurídica del texto. El estudio sobre qué es la salvación muestra que el vocabulario bíblico de salvar incluye liberación de peligros concretos además de sus desarrollos teológicos.

También sería anacrónico usar estas leyes como programa penal listo para trasladarse al presente. Las sociedades actuales poseen instituciones, categorías de responsabilidad y garantías distintas. La contribución del texto es más profunda cuando se escucha su lógica: frenar la reacción inmediata, distinguir intención, requerir evidencia, crear acceso al juicio, proteger al acusado durante el proceso y negar que el dinero resuelva el valor de una vida.

Justicia, tierra y memoria de la víctima

Números 35 no organiza la protección del causante a costa de olvidar a la persona muerta. Su vocabulario insiste en la sangre porque la vida perdida no puede convertirse en un asunto privado que dos familias resuelvan mediante una suma de dinero. El capítulo declara que la tierra no puede recibir expiación por la sangre derramada salvo mediante una respuesta proporcionada al culpable. En el caso del homicida intencional, esa afirmación sostiene una sanción extrema; en el caso involuntario, explica por qué el refugio implica separación y no una vuelta inmediata a la vida anterior.

La relación entre sangre y tierra pertenece al mundo simbólico y teológico de la Torá. No significa que el suelo posea conciencia ni que toda contaminación sea una sustancia física. Expresa que la violencia desordena el lugar donde la comunidad vive delante de Dios. La tierra es don, espacio de convivencia y escenario de responsabilidad. Cuando una vida es quitada, el problema no afecta únicamente al agresor y a la víctima: alcanza a la familia, al pueblo y a la relación entre culto y justicia.

Kislev (2020) observa que los versículos finales de Números 35 no son una adición decorativa. La prohibición de recibir rescate y la afirmación sobre la tierra cierran el razonamiento de todo el pasaje. La residencia del causante involuntario y la condena del homicida deliberado responden a categorías diferentes, pero ambas impiden que la muerte se vuelva negociable. La ley protege al fugitivo de una ejecución injusta sin hacer desaparecer la memoria de quien murió.

Esta tensión evita romantizar las ciudades. Para el refugiado, llegar a ellas significaba sobrevivir; para la familia de la víctima, podía significar ver con vida a la persona que produjo la muerte. La norma no ofrece un relato sentimental de reconciliación. Establece límites que permiten a la comunidad vivir sin añadir otra sangre inocente. La protección es necesaria precisamente porque el duelo y la ira son reales, no porque carezcan de legitimidad emocional.

Reaves (2023) utiliza la noción de cultura restaurativa para explorar la recepción ética de estas leyes. Esa propuesta resulta útil si «restaurativa» no se confunde con ausencia de consecuencias. En Números, restaurar implica impedir la espiral de muerte, someter el caso a juicio y mantener una forma de responsabilidad. El texto no relata una reunión entre familias, una reparación económica ni un acuerdo voluntario. Por tanto, esos elementos contemporáneos pueden dialogar con la tradición, pero no deben atribuirse a ella como datos.

También es importante notar quiénes pueden beneficiarse. Números 35:15 menciona al israelita, al extranjero residente y al forastero que vive entre ellos. La puerta del refugio no depende solamente de pertenecer al grupo familiar dominante. La formulación amplía la protección inicial a personas vulnerables dentro de la comunidad, aunque todas quedan sujetas al mismo discernimiento sobre intención y culpa. Esta extensión ofrece un contraste significativo con sistemas donde el origen social decide quién merece ser oído.

El papel de la asamblea confirma que la verdad jurídica no pertenece a la familia más fuerte. Los testigos deben ser escuchados y una sola persona no basta para imponer una condena capital. La comunidad asume así una tarea difícil: reconocer el dolor de los parientes, proteger al acusado mientras se investiga y responder de manera distinta según los hechos. No se trata de neutralidad indiferente, sino de disciplina pública frente a emociones y lealtades poderosas.

La muerte del sumo sacerdote introduce además una temporalidad común. El causante no puede fijar por sí mismo el final de su residencia; tampoco la familia de la víctima puede prolongarla indefinidamente. Un acontecimiento público, ajeno a la capacidad de negociación de ambas partes, marca el regreso. Aunque su simbolismo exacto se discute, su función narrativa impide que la situación dependa solamente de fuerzas privadas.

Una lectura teológica responsable puede reconocer aquí una convicción duradera: la misericordia bíblica no niega la verdad y la justicia bíblica no debe confundirse con reacción instantánea. La ciudad crea tiempo, distancia y audiencia. Esos tres elementos permiten que la comunidad pase del impulso al juicio. El acusado recibe protección; la víctima conserva memoria; la sangre derramada no se comercializa; y la decisión se traslada desde la persecución hacia una instancia pública.

Al aplicar el texto hoy, conviene formular principios antes que copiar instituciones. Las sociedades pueden aprender la importancia de garantizar acceso real a la justicia, distinguir grados de responsabilidad, proteger a una persona amenazada y evitar que riqueza o pertenencia determinen el resultado. Pero deben hacerlo mediante sus propias garantías constitucionales, conocimientos forenses y derechos humanos. La fidelidad interpretativa no exige reconstruir una ciudad antigua; exige escuchar con precisión qué problema enfrentaba la ley y cómo limitaba la violencia en su contexto.

¿Cómo continuar la lectura?

Lee primero Éxodo 21:12-14, Números 35:9-34, Deuteronomio 19:1-13 y Josué 20:1-9 por separado. Anota qué problema resuelve cada pasaje, quién protege al fugitivo, quién juzga y cuándo termina la residencia. Luego compara las formulaciones sin obligarlas a decir lo mismo. Esa lectura permite reconocer continuidad, desarrollo y énfasis diferentes.

Continúa con el artículo sobre ley y gracia en la Biblia para evitar la caricatura de una Torá sin misericordia. Las ciudades de refugio muestran una ley que toma en serio tanto la vida perdida como el peligro de castigar a quien no actuó con intención homicida. La misericordia no consiste en negar los hechos; crea espacio para discernirlos justamente.

Preguntas frecuentes

¿Las ciudades de refugio protegían a cualquier criminal?

No. Protegían de manera inicial a quien alegaba haber causado una muerte sin intención. La persona debía presentar su caso ante los ancianos y afrontar un juicio. Si se demostraba odio previo, acecho o acción deliberada, la ciudad no garantizaba impunidad. El sistema distinguía protección procesal de absolución y exigía examinar circunstancias y testigos.

¿Cuáles eran las seis ciudades de refugio?

Al occidente del Jordán estaban Cedes, Siquem y Hebrón; al oriente, Béser, Ramot de Galaad y Golán de Basán. Deuteronomio 4 menciona las tres orientales y Josué 20 reúne las seis. Su distribución buscaba facilitar el acceso desde diferentes regiones, aunque las identificaciones arqueológicas y las etapas históricas de algunos sitios requieren cautela.

¿Por qué el refugiado debía esperar la muerte del sumo sacerdote?

Números 35 establece esa condición sin ofrecer una explicación completa. Muchos intérpretes consideran que la muerte del sumo sacerdote cerraba simbólica y comunitariamente el período de exilio, posiblemente en relación con expiación y renovación. La explicación es razonable dentro del lenguaje sacerdotal, pero debe presentarse como interpretación, no como una frase explícita del pasaje.

¿Las ciudades de refugio son equivalentes al asilo moderno?

Solo de manera parcial. Comparten la idea de proteger temporalmente a una persona amenazada, pero pertenecen a una sociedad antigua basada en parentesco, represalia de sangre y asambleas locales. No eran centros para toda clase de perseguidos ni reemplazaban el juicio. Usarlas como inspiración ética es posible; identificarlas sin matices con instituciones actuales sería anacrónico.

Referencias

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  • Hadad, Eliezer. «“Unintentionally” (Numbers 35:11) and “Unwittingly” (Deuteronomy 19:4): Two Aspects of the Cities of Refuge». AJS Review 41, n.º 1, 2017. 10.1017/S0364009417000071.
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  • Pitkänen, Pekka. «The Use of Priestly Legal Tradition in Joshua and the Composition of the Pentateuch and Joshua». Old Testament Essays 29, n.º 2, 2016. 10.17159/2312-3621/2016/v29n2a6.
  • Reaves, Jayme R. «Cities of Refuge: An Exploration of Sanctuary and Restorative Culture in the Hebrew Bible». Political Theology 24, 2023. 10.1177/09539468221131655.
  • Spencer, John R. «Cities of Refuge». Oxford Bibliographies in Biblical Studies. Oxford University Press, 2024. 10.1093/obo/9780195393361-0263.
  • Stackert, Jeffrey. «Why Does Deuteronomy Legislate Cities of Refuge?». Journal of Biblical Literature 125, n.º 1, 2006. 10.2307/27638345.

Luis Berner Romero Sánchez, teólogo y magíster en educación