¿Qué acciones realiza el samaritano?

Lucas 10:33–35 encadena verbos. El samaritano ve al herido, siente compasión, se acerca, venda sus heridas, vierte aceite y vino, lo coloca sobre su cabalgadura, lo lleva a una posada y lo cuida. Al día siguiente entrega dos denarios al posadero, le encarga continuar y promete pagar cualquier gasto adicional a su regreso.

El verbo griego καταδέω (katadéō) significa «vendar» o «atar una venda», mientras ἐπιμελέομαι (epimeléomai) significa «cuidar» o «atender». La primera palabra describe la intervención sobre la herida; la segunda, la atención sostenida en la posada.

Agustín Hidalgo Balsera y María González-García leen la escena como una transformación del cuidado: un desconocido herido deja de ser una figura distante y se convierte en destinatario de atención responsable (artículo). Alicia de Mingo destaca que el cuidado puede delegarse sin abandonarse, como muestra la relación con el posadero (estudio).

Acción Necesidad atendida Costo asumido
Se acerca El aislamiento del herido Exposición e interrupción
Venda, aceite y vino Lesiones inmediatas Recursos de viaje
Cabalgadura Incapacidad de desplazarse Comodidad y tiempo
Posada Seguridad y reposo Búsqueda de apoyo
Dos denarios y promesa Continuidad del cuidado Dinero y responsabilidad futura

¿El aceite y el vino eran un tratamiento médico?

El aceite se utilizaba para suavizar o proteger heridas, y el vino podía servir para limpiarlas. Lucas no presenta un manual médico ni indica proporciones. Los elementos muestran que el viajero emplea lo que lleva consigo y que su compasión presta atención a la condición corporal del hombre.

Una interpretación narrativa entiende aceite y vino como recursos ordinarios de primeros auxilios. Otra lectura, desarrollada en la tradición cristiana, les asigna sentidos simbólicos: el aceite puede representar consuelo o Espíritu; el vino, sacrificio o purificación. La alegoría ha alimentado lecturas cristológicas, pero esos significados no aparecen explicados por Jesús en Lucas 10.

Mi conclusión distingue los niveles. El sentido inmediato es el cuidado físico de un hombre golpeado. Una lectura simbólica puede formar parte de la recepción posterior, siempre que no vuelva invisible el cuerpo que organiza la historia. El mandato final, «ve y haz tú lo mismo» (Lucas 10:37), orienta al oyente hacia una misericordia practicable.

François Bovon subraya la acumulación narrativa de acciones. Klyne Snodgrass advierte que una interpretación de parábolas debe respetar su llamado principal antes de asignar equivalencias a cada objeto. Aquí los detalles muestran cuánto implica acercarse.

¿Por qué lleva al herido a una posada?

Vendar las heridas resuelve una urgencia, pero no garantiza recuperación. El traslado a una posada añade refugio, descanso y colaboración. El samaritano reconoce que la situación supera lo que puede hacer al borde del camino. Pedir ayuda no disminuye su compromiso; lo extiende.

De Mingo analiza la figura del posadero como un «héroe menor»: recibe una tarea, recursos y una promesa de reembolso. La atención se vuelve compartida sin que el primer cuidador se desentienda (estudio). Hidalgo Balsera y González-García relacionan ese proceso con formas de cuidado que restauran fraternidad más allá del círculo conocido.

Lucas no identifica al posadero ni narra la recuperación final. La atención permanece en la responsabilidad del viajero y en la continuación que deja organizada.

Mi conclusión es que la posada impide confundir misericordia con autosuficiencia. Cuidar bien puede requerir profesionales, instituciones, familiares o una comunidad. La pregunta ética es si la delegación preserva la dignidad y la continuidad, no si una sola persona realiza cada tarea.

El marco completo se encuentra en ¿Qué significa la parábola del buen samaritano?.

¿Qué enseñan los dos denarios y la promesa de volver?

Dos denarios eran una cantidad concreta, pero el relato no especifica con exactitud cuántos días de alojamiento cubrían. Las estimaciones dependen de datos externos y no deben presentarse como si Lucas hubiera dado una tarifa. Lo seguro es que el samaritano paga de inmediato y acepta una obligación abierta: «lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese» (Lucas 10:35).

La misericordia incluye, por tanto, administración. El viajero no entrega dinero sin contexto; acuerda una tarea con el posadero y se hace responsable del costo. Tampoco convierte la ayuda en deuda del herido. No se narra que espere reconocimiento o reembolso.

Joshua Marshall Strahan interpreta la parábola como una lectura de la Ley guiada por compasión y acción (estudio). Mi conclusión es que los denarios no miden el valor del herido. Muestran que el amor al prójimo entra en el uso del dinero y del tiempo; deja de ser una afirmación general cuando afecta el presupuesto y el itinerario.

La conducta contraria aparece en ¿Por qué el sacerdote y el levita pasaron de largo?, donde ver no llega a convertirse en proximidad.

¿Cómo se aplica hoy el cuidado del samaritano?

La aplicación comienza por evaluar la necesidad real. Puede requerir primeros auxilios, emergencias, protección, escucha especializada o acompañamiento institucional. Imitar al samaritano no significa improvisar procedimientos, sino responder dentro de las propias capacidades.

Maurice Ryan señala que la parábola debe leerse sin reproducir prejuicios contra el judaísmo (estudio). El cuidado contemporáneo tampoco puede convertir al receptor en objeto de superioridad moral. Acercarse exige respetar su voz, su seguridad y su dignidad.

Mi conclusión propone cuatro movimientos: observar sin deshumanizar, acercarse de manera segura, ofrecer el recurso adecuado y asegurar el siguiente paso. A veces ese recorrido dura minutos; otras veces requiere acompañamiento prolongado. La forma cambia, pero la continuidad entre compasión y acción permanece.

La razón por la que esa responsabilidad cruza fronteras se explica en ¿Quién es mi prójimo según Jesús?.

Referencias

  1. Houghton, H. A. G.; Christos Karakolis; David Parker; Stephen Pisano; Holger Strutwolf; David Trobisch; y Klaus Wachtel, eds. The Greek New Testament. 6.ª ed. revisada. Stuttgart: Deutsche Bibelgesellschaft, 2025.

  2. Fitzmyer, Joseph A. El Evangelio según Lucas. Madrid: Cristiandad, 1986–1987.

  3. Bovon, François. El Evangelio según san Lucas. Salamanca: Sígueme, 1995–2010.

  4. Jeremias, Joachim. Las parábolas de Jesús. Estella: Verbo Divino, 1997.

  5. Hidalgo Balsera, Agustín, y María González-García. «La parábola del buen samaritano y la transformación de los cuidados». Revista de Medicina y Cine 18/4 (2022): 309–313. https://doi.org/10.14201/rmc.30621

  6. De Mingo, Alicia. «Héroes menores, en nombre de (un) Otro». Isegoría 64 (2021): e04. https://doi.org/10.3989/isegoria.2021.64.04

  7. Snodgrass, Klyne. Stories with Intent: A Comprehensive Guide to the Parables of Jesus. Grand Rapids: Eerdmans, 2018. Edición en inglés.

  8. Strahan, Joshua Marshall. «Jesus Teaches Theological Interpretation of the Law». Journal of Theological Interpretation 10/1 (2016): 71–86. Edición en inglés. https://doi.org/10.2307/26373987

  9. Ryan, Maurice. «Revisiting the Parable of the Good Samaritan». Studies in Christian-Jewish Relations 16/1 (2021). Edición en inglés. https://doi.org/10.6017/scjr.v16i1.13987

  10. Burris, Ronald. «Another Look at the Good Samaritan: Luke 10:25–37». Review & Expositor 114/3 (2017): 457–461. Edición en inglés. https://doi.org/10.1177/0034637317721983

  11. Bauckham, Richard. «The Scrupulous Priest and the Good Samaritan: Jesus’ Parabolic Interpretation of the Law of Moses». New Testament Studies 44/4 (1998): 475–489. Edición en inglés. https://doi.org/10.1017/S0028688500016684

Luis Berner Romero Sánchez, teólogo y magíster en educación.