¿Por qué contó Jesús la parábola?

Lucas 10:25–37 comienza cuando un intérprete de la Ley se levanta para poner a prueba a Jesús. Pregunta qué debe hacer para heredar la vida eterna. Jesús lo remite a la Ley, y el especialista responde con Deuteronomio 6:5 —amar a Dios con todo el ser— y Levítico 19:18 —amar al prójimo como a uno mismo—. Jesús confirma la respuesta: «Haz esto y vivirás» (Lucas 10:28).

El texto añade que el hombre, «queriendo justificarse», pregunta: «¿Y quién es mi prójimo?» (Lucas 10:29). El verbo δικαιόω (dikaióō) significa aquí «justificar» o «mostrar que se tiene razón». La pregunta puede ser sincera, porque la identidad del prójimo se discutía al interpretar la Ley. También puede buscar un límite manejable: saber quién cuenta permite decidir quién queda fuera de la obligación.

Joseph Fitzmyer lee el diálogo dentro de la preocupación lucana por la vida eterna y por la práctica de la Ley. Joshua Marshall Strahan sostiene que Jesús realiza una interpretación teológica de la Torá: no descarta sus mandamientos, sino que los lee desde la misericordia encarnada en una acción concreta (estudio).

Mi conclusión es que la parábola no responde con una lista de personas incluidas. Jesús desplaza al experto desde una definición hacia una conducta. Al final no pregunta cuál de los personajes pertenecía de antemano a la categoría «prójimo», sino cuál «se hizo prójimo» del herido (Lucas 10:36).

¿Qué ocurre en el camino de Jerusalén a Jericó?

El relato dice que un hombre descendía de Jerusalén a Jericó cuando cayó en manos de asaltantes. Lo despojaron, lo golpearon y se fueron dejándolo ἡμιθανής (hēmithanḗs), «medio muerto» (Lucas 10:30). No se informa su nombre, pueblo, ocupación ni religión. La violencia le quita incluso las señales con las que otros podrían identificarlo.

Un sacerdote baja por el mismo camino, ve al hombre y pasa por el lado opuesto. Después un levita llega, ve y hace lo mismo. Finalmente, un samaritano que viajaba se acerca, siente compasión, atiende las heridas, lo lleva a una posada, pasa la noche cuidándolo, paga dos denarios y promete cubrir gastos adicionales (Lucas 10:31–35).

La interpretación suele reconstruir el trayecto como peligroso y solitario. Esa información hace plausible el asalto, pero el narrador no atribuye la conducta de los tres viajeros al peligro del camino. El contraste se construye con verbos: los dos primeros ven y se alejan; el tercero ve, se conmueve y se aproxima.

François Bovon observa que la anonimidad del herido impide limitar la obligación por identidad. Mi lectura considera que el cuerpo herido se convierte en la única credencial relevante: su necesidad basta para reclamar una respuesta.

Personaje Lo que ve Movimiento Resultado
Hombre asaltado No se narra su perspectiva Queda inmóvil, medio muerto Depende de ayuda ajena
Sacerdote Ve al herido Pasa por el lado opuesto La necesidad queda sin atender
Levita Llega y ve Pasa por el lado opuesto Repite la distancia
Samaritano Ve al herido Se acerca Inicia un cuidado sostenido
Posadero Recibe al herido Continúa la atención El cuidado se vuelve compartido

¿Por qué sorprende que el héroe sea samaritano?

Judíos y samaritanos compartían raíces en Israel, reconocían la Torá y discrepaban sobre santuario, territorio e historia. En tiempos de Jesús, esas diferencias podían producir hostilidad. Lucas 9:51–56 acaba de narrar que una aldea samaritana no recibe a Jesús, y dos discípulos quieren responder con fuego. Ese contexto impide imaginar una relación sentimentalmente armoniosa.

El texto no dice «un buen samaritano»; dice simplemente «un samaritano» (Lucas 10:33). Para muchos oyentes judíos, esa identidad no habría encajado con la expectativa de un modelo religioso. La sorpresa no consiste en afirmar que todos los judíos carecen de misericordia y todos los samaritanos la poseen. Consiste en que el extranjero religioso actúa como intérprete vivo del mandamiento que el experto acaba de citar.

Maurice Ryan advierte que la parábola ha sido usada para construir caricaturas antijudías, especialmente cuando el sacerdote y el levita representan falsedad judía y el samaritano representa superioridad cristiana. Esa lectura desconoce que Jesús, el intérprete de la Ley y los primeros discípulos son judíos, y que el debate ocurre dentro de la interpretación judía de la Torá (estudio).

Concluyo que el samaritano rompe la asociación entre identidad correcta y conducta correcta. El relato tampoco idealiza a un pueblo completo. Escoge a una persona socialmente inesperada para mostrar que la misericordia puede venir desde fuera de los límites con los que el oyente organiza su mundo.

¿Por qué el sacerdote y el levita pasaron de largo?

Lucas no declara sus motivos. El texto repite que ambos ven al hombre y ἀντιπαρῆλθεν (antiparēlthen), «pasaron por el lado opuesto» (Lucas 10:31–32). Todo intento de explicar su decisión debe reconocerse como interpretación, no como información narrada.

Una lectura frecuente apela a las leyes de pureza relacionadas con un cadáver, especialmente Levítico 21:1–4 para los sacerdotes y Números 19:11–13 para quien toca un muerto. Richard Bauckham analiza la posibilidad de un conflicto escrupuloso entre pureza y obligación de ayudar, y entiende la parábola como interpretación de la Ley de Moisés (estudio). Esta propuesta explica por qué un hombre «medio muerto» puede generar incertidumbre.

Otra lectura objeta que el sacerdote «bajaba» de Jerusalén, quizá después del servicio, que las normas no ofrecen la misma restricción al levita y que Lucas nunca menciona pureza. Desde esta perspectiva, atribuirles una preocupación legal puede suavizar la decisión que el relato denuncia. También se han sugerido miedo a una emboscada, prisa o desconfianza, pero ninguna razón aparece en el texto.

Adopto una conclusión cautelosa. Es posible que Jesús evoque un dilema de pureza, pero no permite usarlo como excusa definitiva. Ambos hombres ven una necesidad extrema y crean distancia. El samaritano también podría temer peligro; la diferencia es que su compasión lo mueve hacia el herido.

La discusión completa se desarrolla en ¿Por qué el sacerdote y el levita pasaron de largo?.

¿Qué significa que el samaritano sintió compasión?

Lucas 10:33 emplea ἐσπλαγχνίσθη (esplanchnísthē), «fue movido a compasión». El verbo alude a una conmoción profunda y en Lucas también describe a Jesús ante la viuda de Naín (Lucas 7:13) y al padre del hijo perdido (Lucas 15:20). La emoción no cierra la acción; la pone en marcha.

El samaritano se acerca, venda las heridas, vierte aceite y vino, coloca al hombre sobre su propia cabalgadura y lo lleva a una posada (Lucas 10:34). Al día siguiente entrega dos denarios y asume gastos posteriores (10:35). La narración dedica más palabras a estos actos que a la condición moral de cualquiera de los personajes.

Agustín Hidalgo Balsera y María González-García leen la parábola desde la transformación de los cuidados y la fraternidad que cruza fronteras (artículo). Alicia de Mingo destaca además que el cuidado incluye delegación: el viajero no abandona al herido al entregarlo al posadero, sino que crea continuidad y responsabilidad compartida (estudio).

Mi conclusión es que la compasión bíblica aquí tiene una forma observable. Reduce distancia, utiliza recursos, acepta interrupción, busca un lugar seguro y organiza la siguiente etapa. No se mide por intensidad emocional aislada, sino por la atención que esa emoción hace posible.

¿Qué significa que el samaritano vendó las heridas? examina cada acción de cuidado y su alcance.

¿Qué significan el aceite, el vino, la cabalgadura y los dos denarios?

El aceite podía suavizar una herida y el vino podía limpiarla. La cabalgadura permite trasladar al hombre, pero obliga al samaritano a ceder comodidad o a caminar. La posada aporta refugio y una persona capaz de continuar la atención. Los dos denarios representan un pago concreto; el relato no informa cuántos días cubrían ni autoriza cálculos exactos.

Una interpretación ve cada objeto como símbolo: el aceite sería el Espíritu, el vino la sangre de Cristo, la posada la Iglesia y el posadero un ministro. Esta lectura alegórica tiene una historia antigua y puede expresar una recepción cristológica de la parábola. Otra interpretación mantiene el sentido narrativo: los objetos muestran la amplitud práctica del cuidado.

El sentido primario, a mi juicio, es narrativo y ético. Jesús responde a una pregunta sobre hacer y amar; por eso los recursos detallan qué hizo el samaritano. La lectura cristológica puede conservarse como historia de interpretación, siempre que no sustituya la pregunta que Lucas coloca al final: «¿Cuál de estos tres se hizo prójimo?» (Lucas 10:36).

Hidalgo Balsera y González-García observan que el cuidado transforma una relación entre desconocidos. De Mingo añade que la atención responsable puede pasar de una persona a otra sin perder su orientación. Los objetos importan porque construyen una red mínima de restauración alrededor de alguien que había quedado solo.

¿Quién es mi prójimo según Jesús?

La pregunta inicial busca identificar el objeto del amor: «¿quién es mi prójimo?» (Lucas 10:29). La pregunta final de Jesús cambia la gramática moral: «¿cuál de estos tres te parece que se hizo prójimo del que cayó en manos de los asaltantes?» (10:36). El intérprete responde: «El que practicó la misericordia con él».

El sustantivo griego πλησίον (plēsíon) significa «prójimo» o «el cercano». Jesús no afirma que toda relación tenga la misma responsabilidad o intimidad. Enseña que la necesidad del otro puede exigir cercanía incluso cuando la identidad, el conflicto o la distancia social habrían permitido justificar la indiferencia.

Una interpretación universaliza el mandamiento: cualquier ser humano en necesidad es prójimo. Otra pone el acento en el verbo implícito «hacerse»: el relato no solo amplía una categoría, sino que ordena asumir una posición cercana. Strahan sostiene que Jesús interpreta la Ley mediante una práctica de compasión; Ryan recuerda que esa interpretación no debe convertirse en acusación contra el judaísmo.

Adopto la segunda formulación porque incluye la primera y añade responsabilidad. El herido está dentro del alcance del amor, pero la parábola pregunta qué hará el oyente para convertirse en su cercano. El prójimo no es únicamente alguien que se descubre; es una relación que se construye mediante misericordia.

La respuesta se amplía en ¿Quién es mi prójimo según Jesús?.

¿Por qué Jesús hace que el intérprete pronuncie la conclusión?

Después de narrar el cuidado del samaritano, Jesús no entrega una moraleja ya formulada. Pregunta cuál de los tres viajeros «se hizo prójimo» del hombre asaltado, y el intérprete responde: «Quien actuó con misericordia ante el herido» (Lucas 10:36–37). Solo entonces Jesús dice: «Ve y haz tú lo mismo». El especialista pasa así de examinar a Jesús a responder ante su propia lectura de la Ley.

Una interpretación entiende este intercambio como un recurso pedagógico. Jesús conduce al interlocutor a reconocer por sí mismo que el cumplimiento del mandamiento se observa en la conducta misericordiosa, no en la pertenencia social del viajero. Otra interpretación atribuye importancia a que el hombre no diga «el samaritano»: su respuesta revelaría dificultad para nombrar positivamente a un miembro del grupo rival. Esa posibilidad encaja con la tensión histórica, pero el narrador no informa qué emoción explica sus palabras.

Adopto la primera lectura como conclusión segura y mantengo la segunda como inferencia posible. El texto muestra que el experto identifica correctamente la acción; no dice que evite deliberadamente el nombre del samaritano. Cargar la respuesta con una intención no narrada mezclaría el dato bíblico con una reconstrucción psicológica. La confrontación ya es suficientemente fuerte: quien preguntó por el límite del amor termina describiendo una misericordia que cruzó ese límite.

En una clase de Teologías del Nuevo Testamento trabajé con una lectura introductoria de François Vouga mediante una conversación evaluada. El ejercicio exigía separar la tesis del autor, sus argumentos y las implicaciones que podían discutirse. Ese criterio docente orienta mi lectura de esta escena: primero identifico lo que Lucas cuenta, luego valoro las explicaciones propuestas y finalmente declaro cuál considero mejor sustentada. Aquí prefiero no convertir el silencio del intérprete en una certeza sobre sus motivos. La fuerza del diálogo está en que su propia respuesta lo deja frente al mandato de actuar.

¿La parábola enseña salvación por obras?

El diálogo comienza con «¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?» y Jesús concluye dos veces con imperativos de acción: «haz esto» (Lucas 10:28) y «ve y haz tú lo mismo» (10:37). El texto no permite una lectura donde la conducta sea irrelevante. El amor a Dios y al prójimo debe hacerse visible.

Una interpretación toma la parábola como camino directo para ganar salvación mediante mérito moral. Otra sostiene que la exigencia revela la incapacidad humana y sirve solamente para conducir a la gracia. Ambas captan un aspecto del debate cristiano posterior, pero ninguna debe borrar la función narrativa en Lucas: Jesús confirma el mandamiento y exige una misericordia que atraviesa fronteras.

Mi conclusión es que Lucas no presenta una transacción donde una obra compra vida eterna. Presenta una vida orientada por el amor que confiesa. «Heredar» ya es lenguaje de un don recibido; «hacer» describe la respuesta congruente con ese don. La misericordia no reemplaza el amor a Dios, porque nace de la unión entre Deuteronomio 6:5 y Levítico 19:18.

Klyne Snodgrass insiste en que las parábolas buscan decisión. Ronald Burris lleva el mandato hacia el vecino difícil e incluso pregunta por el amor al perpetrador de violencia (estudio). Esa amplitud muestra cuánto exige una misericordia que no escoge solo relaciones cómodas.

¿Cómo leer la parábola sin perder su carácter bíblico?

Durante más de doce años he enseñado Biblia en educación superior. En la asignatura Teologías del Nuevo Testamento he pedido exposiciones de un máximo de diez minutos sobre «Evangelio» y «Reino», a partir de una lectura de François Vouga. En ese marco insisto en una distinción: una parábola de Jesús no es una moraleja separada de su anuncio del Reino.

El texto dice que Jesús dialoga sobre la Ley, narra una acción de misericordia y manda imitarla. Los intérpretes discuten los motivos de los viajeros, la relación entre Ley y pureza, y el alcance simbólico del cuidado. Mi conclusión es que el centro narrativo permanece claro aun cuando esas discusiones continúan: la comprensión correcta se prueba al hacerse cercano del herido.

Leerla como simple exhortación a «ser amable» reduce el costo del relato. El samaritano cruza una hostilidad histórica, toca un cuerpo vulnerable, cambia su itinerario, entrega recursos y compromete su palabra para el futuro. Leerla solo como alegoría espiritual también puede ocultar ese cuerpo concreto.

Para fortalecer el método, ¿Cómo leer una parábola en la Biblia? explica cómo distinguir relato, contexto y aplicación. La parábola del hijo pródigo permite comparar otra escena lucana donde la compasión desarma límites esperados.

Lectura Aporte Riesgo si se usa sola
Ética Toma en serio «ve y haz tú lo mismo» Reducir el Reino a buena conducta
Jurídica Observa el diálogo sobre la Torá Perder la fuerza narrativa
Social Atiende la hostilidad entre grupos Convertir personajes en estereotipos
Cristológica Lee el cuidado a la luz de Cristo Asignar símbolos que desplacen al herido
Pastoral Traduce la misericordia en atención Aplicar antes de escuchar el texto

¿Cómo se practica hoy «ve y haz tú lo mismo»?

El mandato de Lucas 10:37 no ordena reproducir literalmente aceite, vino y denarios en toda situación. Ordena practicar una misericordia equivalente: ver con atención, acercarse con prudencia, ofrecer ayuda adecuada, asumir un costo y procurar continuidad.

Hay situaciones donde acercarse personalmente es seguro y necesario. En otras, el cuidado responsable implica llamar a servicios de emergencia, activar protección institucional, acompañar a una víctima para denunciar o financiar a quienes tienen la preparación requerida. El posadero demuestra que pedir colaboración no contradice la misericordia cuando la persona herida permanece en el centro.

El relato también examina estructuras. Un camino repetidamente peligroso requiere más que rescates individuales; exige preguntar por condiciones que permiten la violencia. La parábola no desarrolla una política pública, pero su lógica impide usar la caridad inmediata para ignorar causas previsibles del daño.

Mi conclusión es que «haz tú lo mismo» comienza con la persona real que puede quedar fuera de mis límites de obligación. La respuesta adecuada no siempre será idéntica, pero debe conservar el movimiento del samaritano: de la distancia a la proximidad, de la impresión a la acción y de la ayuda momentánea a la responsabilidad por el siguiente paso.

¿Qué relación hay entre amar a Dios y atender al herido?

El intérprete no cita dos mandamientos independientes. Su respuesta une el amor a Dios de Deuteronomio 6:5 con el amor al prójimo de Levítico 19:18 (Lucas 10:27). Jesús aprueba esa unión antes de contar la parábola. El relato muestra después cómo se verifica la segunda parte sin separarla de la primera.

Al final, el experto identifica al verdadero cercano como «el que hizo misericordia». El sustantivo griego ἔλεος (éleos) significa «misericordia» o «compasión activa» (Lucas 10:37). El verbo «hacer» impide reducirla a una disposición interior. La misericordia recibe forma en vendas, traslado, alojamiento, dinero y seguimiento.

Una interpretación considera que la parábola corrige una religión ritual incapaz de amar. Otra recuerda que el diálogo entero ocurre dentro de la Torá y que el samaritano cumple precisamente el mandamiento que el experto citó. Strahan defiende este segundo marco: Jesús enseña a interpretar la Ley desde la perspectiva del sufriente y mediante compasión, acción y solidaridad (estudio).

Adopto esa lectura porque evita enfrentar artificialmente devoción y misericordia. La parábola no enseña que atender al herido sustituya el amor a Dios; enseña que una confesión de amor a Dios queda contradicha cuando permite pasar de largo ante una vida que necesita auxilio. La verticalidad de la fe se hace visible en la cercanía que construye.

Preguntas frecuentes

¿El buen samaritano era judío?

No. El relato lo identifica como samaritano, miembro de una comunidad relacionada históricamente con Israel, pero enfrentada con sectores judíos por cuestiones de santuario, territorio e interpretación. Jesús lo elige como personaje inesperado. Eso no condena al pueblo judío; confronta la idea de que una identidad religiosa garantiza por sí sola la misericordia.

¿El sacerdote y el levita evitaron al herido por las leyes de pureza?

Es una interpretación posible, especialmente porque el hombre parecía medio muerto y tocar un cadáver producía impureza. Sin embargo, Lucas no declara ese motivo, y existen objeciones históricas y legales. El dato seguro es que ambos vieron y se alejaron. Cualquier explicación debe conservar esa diferencia entre texto e inferencia.

¿Qué representa la posada en la parábola?

En la lectura narrativa, la posada es el lugar donde el herido puede seguir recibiendo cuidado y el posadero se convierte en colaborador. La tradición cristiana también la ha interpretado como símbolo de la Iglesia. Esa lectura puede enriquecer la recepción, pero no debe reemplazar el sentido inmediato de atención organizada y continua.

¿Qué significa «ve y haz tú lo mismo»?

Significa practicar la misericordia mostrada por el samaritano: reconocer la necesidad, cruzar la distancia que separa, actuar con recursos reales y procurar continuidad. No exige copiar cada detalle antiguo. Exige que el amor al prójimo deje de ser una definición y tome una forma adecuada ante la persona concreta que necesita cuidado.

Referencias

  1. Houghton, H. A. G.; Christos Karakolis; David Parker; Stephen Pisano; Holger Strutwolf; David Trobisch; y Klaus Wachtel, eds. The Greek New Testament. 6.ª ed. revisada. Stuttgart: Deutsche Bibelgesellschaft, 2025.

  2. Fitzmyer, Joseph A. El Evangelio según Lucas. Madrid: Cristiandad, 1986–1987.

  3. Bovon, François. El Evangelio según san Lucas. Salamanca: Sígueme, 1995–2010.

  4. Jeremias, Joachim. Las parábolas de Jesús. Estella: Verbo Divino, 1997.

  5. Hidalgo Balsera, Agustín, y María González-García. «La parábola del buen samaritano y la transformación de los cuidados». Revista de Medicina y Cine 18/4 (2022): 309–313. https://doi.org/10.14201/rmc.30621

  6. De Mingo, Alicia. «Héroes menores, en nombre de (un) Otro». Isegoría 64 (2021): e04. https://doi.org/10.3989/isegoria.2021.64.04

  7. Snodgrass, Klyne. Stories with Intent: A Comprehensive Guide to the Parables of Jesus. Grand Rapids: Eerdmans, 2018. Edición en inglés.

  8. Strahan, Joshua Marshall. «Jesus Teaches Theological Interpretation of the Law». Journal of Theological Interpretation 10/1 (2016): 71–86. Edición en inglés. https://doi.org/10.2307/26373987

  9. Ryan, Maurice. «Revisiting the Parable of the Good Samaritan». Studies in Christian-Jewish Relations 16/1 (2021). Edición en inglés. https://doi.org/10.6017/scjr.v16i1.13987

  10. Burris, Ronald. «Another Look at the Good Samaritan: Luke 10:25–37». Review & Expositor 114/3 (2017): 457–461. Edición en inglés. https://doi.org/10.1177/0034637317721983

  11. Bauckham, Richard. «The Scrupulous Priest and the Good Samaritan: Jesus’ Parabolic Interpretation of the Law of Moses». New Testament Studies 44/4 (1998): 475–489. Edición en inglés. https://doi.org/10.1017/S0028688500016684

Luis Berner Romero Sánchez, teólogo y magíster en educación.