¿Dónde aparece la parábola y qué sucede en el relato?

El texto bíblico aparece en Marcos 4:1–20, Mateo 13:1–23 y Lucas 8:4–15. Jesús cuenta que un sembrador salió a sembrar. Parte de la semilla cayó junto al camino y las aves la comieron; otra cayó en terreno pedregoso, brotó pronto y se secó; otra cayó entre espinos, que la ahogaron; y otra cayó en buena tierra, donde produjo una cosecha abundante. Después Jesús llama a oír y, en privado, explica la escena a sus discípulos.

Los tres evangelios conservan la misma secuencia, pero no repiten cada detalle de idéntica manera. Marcos presenta rendimientos de treinta, sesenta y ciento por uno (Marcos 4:8, 20). Mateo invierte el orden y menciona ciento, sesenta y treinta (Mateo 13:8, 23). Lucas resume la abundancia como ciento por uno y añade que quienes reciben la palabra fructifican «con perseverancia» (Lucas 8:8, 15). Estas diferencias muestran que cada evangelista integra la tradición en su propio relato.

La interpretación más inmediata identifica la semilla con la palabra anunciada y los terrenos con respuestas humanas. Sin embargo, la historia no comienza con cuatro análisis del suelo, sino con la salida del sembrador y la difusión generosa de la semilla. Birger Gerhardsson sostiene que la parábola pertenece al anuncio del Reino y que su explicación ayuda a comprender por qué una misma proclamación produce reacciones tan diferentes (estudio).

Mi conclusión es que la parábola responde a una pregunta pastoral y teológica: si el Reino de Dios ha llegado en la predicación de Jesús, ¿por qué no todos lo reciben del mismo modo? La respuesta no niega la oposición ni el fracaso visible. Afirma que la cosecha existe y que la escucha verdadera se reconoce por el fruto.

Evangelio Relato Explicación Acento distintivo
Marcos 4:1–9 4:10–20 El misterio del Reino y la medida de la escucha
Mateo 13:1–9 13:10–23 Comprender la palabra del Reino
Lucas 8:4–8 8:9–15 Retener la palabra con corazón bueno y perseverar

¿Es la parábola del sembrador, de la semilla o de los terrenos?

Los evangelios no colocan sobre el relato uno de esos títulos editoriales. Marcos introduce la escena con el mandato «escuchen» y con la acción de un agricultor que sale a sembrar (Marcos 4:3); después, la explicación comienza diciendo que el sembrador siembra la palabra (4:14). El nombre tradicional «parábola del sembrador» es útil, pero no decide por sí solo dónde se encuentra el centro de gravedad del relato.

Una primera lectura privilegia al sembrador. La historia anunciaría la iniciativa de Jesús, que comunica el Reino aun cuando una parte de su mensaje parece perderse. Su argumento más fuerte es narrativo: antes de que aparezcan los terrenos, alguien sale, trabaja y distribuye la semilla. Una segunda lectura prefiere hablar de los terrenos porque la mayor parte de la explicación describe cuatro maneras de escuchar. Desde esta perspectiva, el relato funciona como diagnóstico y exige que cada oyente examine la recepción que ofrece a la palabra.

Existe además una tercera posibilidad: destacar la semilla. El mismo mensaje llega a todos los lugares y conserva capacidad de producir, pero su desarrollo depende de condiciones que pueden exponerlo, impedirle raíz o ahogarlo. Este enfoque protege la relación entre la eficacia del anuncio y la responsabilidad de quien escucha. Sin embargo, si se aísla la semilla, el agricultor y la respuesta humana pueden quedar convertidos en detalles secundarios que los evangelios no tratan como tales.

Adopto el título tradicional, pero leo la parábola como una relación entre tres acciones inseparables: alguien anuncia, la palabra es recibida y una cosecha llega a existir. Esta decisión explica mejor la forma completa del pasaje. Concentrarse solo en el sembrador puede volver irrelevantes las advertencias de Jesús; mirar únicamente los terrenos puede transformar el relato en un inventario de defectos personales; hablar únicamente de la semilla puede dejar sin sujeto tanto la misión como la escucha. El relato mantiene unidos el don, la respuesta y el resultado.

En una clase de Teologías del Nuevo Testamento encargué presentaciones sobre «Evangelio» y «Reino» a partir de una lectura de François Vouga. Los estudiantes debían identificar las tesis centrales, relacionar ambos conceptos y exponer sus implicaciones dentro de un máximo de diez minutos. Al preparar esa actividad adopté un criterio que aplico también aquí: una palabra central no se comprende separándola de las relaciones que el propio texto construye. Por eso no reduzco la parábola a escoger un protagonista; su sentido aparece en la interacción entre la siembra, los lugares donde cae la palabra y el fruto que finalmente se produce.

¿Qué significa la semilla?

El texto dice en Marcos 4:14: «El sembrador siembra la palabra». El sustantivo griego λόγος (lógos) significa «palabra» o «mensaje». Mateo precisa que se trata de «la palabra del Reino» (Mateo 13:19), y Lucas la llama «la palabra de Dios» (Lucas 8:11). La semilla no representa cualquier idea positiva: designa el anuncio de la acción soberana de Dios que Jesús proclama.

Joachim Jeremias interpreta las parábolas a la luz de la misión de Jesús y de la irrupción del Reino. Desde esa perspectiva, la siembra describe un anuncio que ya está ocurriendo, aunque su resultado pleno todavía no sea visible. Ernest van Eck subraya además la relación entre cosecha y Reino en el horizonte social de la parábola; su lectura atiende a la vida campesina y a la esperanza de abundancia frente a condiciones adversas (artículo).

Otra interpretación amplía la «palabra» a toda enseñanza bíblica. Esa aplicación puede ser válida, pero debe partir del sentido narrativo: Jesús explica la recepción de su anuncio del Reino. Si se transforma la semilla en cualquier consejo religioso, se pierde el conflicto que atraviesa Marcos 4 y Mateo 13.

Concluyo que recibir la semilla significa acoger el mensaje de Jesús de tal manera que reorganice la confianza, la obediencia y la esperanza. La comparación no atribuye poder mágico a una expresión verbal. El fruto aparece cuando el mensaje es oído, aceptado y sostenido en el tiempo.

¿Quién es el sembrador?

La parábola no identifica de manera explícita al sembrador. Marcos 4:3 simplemente introduce ὁ σπείρων (ho speírōn), «el que siembra». La explicación se concentra en la semilla y los terrenos, no en ofrecer una correspondencia para cada rasgo del agricultor. En el contexto inicial, Jesús es quien proclama el Reino; después, sus seguidores participan en ese anuncio.

Una lectura sostiene que el sembrador representa exclusivamente a Jesús. Tiene a su favor la situación narrativa: él enseña junto al mar y la multitud escucha. Otra lectura entiende al sembrador como cualquier persona que comunica fielmente el mensaje. Tiene a su favor la historia posterior de la misión, especialmente cuando Marcos vincula el oír con la responsabilidad de transmitir luz y medida (Marcos 4:21–25).

Adopto una lectura en dos niveles. Dentro de la escena, Jesús es el sembrador principal porque su ministerio plantea la pregunta por la recepción. A partir de su misión, la figura incluye a quienes anuncian su palabra sin controlar el terreno ni fabricar el fruto. Esa ampliación respeta el relato porque no reemplaza a Jesús: deriva de lo que él inicia.

Clara María Díaz observa que la narración lleva al oyente a situarse ante el acto de sembrar y ante su propia respuesta, más que a construir una biografía del agricultor («El sembrador»). Por eso la identidad del sembrador importa menos que la fidelidad de su acción: sale, esparce y confía la cosecha a un proceso que no domina.

¿Por qué el sembrador arroja semilla en lugares improductivos?

El texto describe una práctica rural reconocible, pero la secuencia exacta de arar y sembrar en la Palestina antigua es discutida. Algunos intérpretes explican que el campesino sembraba antes de arar y, por eso, la semilla podía caer sobre un sendero que luego sería trabajado. Otros consideran innecesaria esa reconstrucción: toda siembra manual dispersa parte del grano fuera del surco ideal. La parábola no explica el método; utiliza la pérdida como parte de su tensión.

James Francis advierte que la escena debe escucharse desde la materialidad de la siembra: trabajo, riesgo, espera y una cosecha que no puede apresurarse (estudio). Klyne Snodgrass añade que la abundancia final no borra los fracasos anteriores. El relato permite mirar ambos resultados sin convertir uno en ilusión.

La interpretación de la generosidad ve en la dispersión una imagen de un mensaje ofrecido ampliamente. La interpretación agrícola pone el acento en la inevitabilidad de las pérdidas. No son explicaciones incompatibles, aunque la primera es una inferencia teológica y la segunda describe el mundo narrado.

Mi conclusión es que Jesús no enseña negligencia. Enseña que la proclamación no debe condicionarse a una evaluación anticipada de quién parece digno de escuchar. El sembrador sabe que habrá pérdida, pero no deja de sembrar; también sabe que la cosecha no depende de recuperar cada grano.

¿Qué representan los cuatro terrenos?

El camino representa una escucha en la que la palabra no llega a arraigarse; el maligno la quita (Marcos 4:15). El terreno pedregoso representa una recepción inmediata y alegre que no desarrolla raíz, de modo que la presión o la persecución provocan abandono (4:16–17). Los espinos representan preocupaciones, seducción de las riquezas y otros deseos que desplazan la palabra (4:18–19). La buena tierra representa a quienes oyen, reciben y dan fruto (4:20).

Marcos usa el verbo ἀκούω (akoúō), «oír», como llamado repetido, y para la buena tierra añade παραδέχομαι (paradéchomai), «recibir» o «acoger». Lucas emplea κατέχω (katéchō), «retener», y ὑπομονή (hypomonḗ), «perseverancia» (Lucas 8:15). La respuesta completa, por tanto, incluye atención, acogida, permanencia y resultado.

Los terrenos no deben usarse como etiquetas permanentes para dividir a la humanidad. El mismo oyente puede mostrar dureza en un asunto, entusiasmo sin raíz en otro y preocupación absorbente en otro momento. No obstante, el relato tampoco diluye las diferencias: algunas respuestas no llegan al fruto, y Jesús explica por qué.

François Bovon destaca que Lucas reúne un corazón dispuesto con la perseverancia. Ruth Anne Foster y William Shiell examinan cómo Lucas enmarca la parábola dentro del ministerio itinerante y de la formación de oyentes capaces de sostener la palabra (estudio). Mi lectura entiende los terrenos como retratos de procesos reales, no como cuatro temperamentos innatos.

El análisis detallado se encuentra en ¿Qué representan los cuatro terrenos de la parábola?.

Terreno Qué ocurre Obstáculo señalado por Jesús Respuesta buscada
Camino La semilla queda expuesta La palabra es arrebatada Escuchar con apertura
Pedregal Brota sin profundidad Presión y falta de raíz Arraigar y permanecer
Espinos Crece, pero es ahogada Preocupaciones, riqueza y deseos Ordenar las lealtades
Buena tierra Produce cosecha El texto no idealiza ausencia de dificultad Oír, recibir y fructificar

¿Por qué Jesús explica la parábola a los discípulos?

Marcos 4:10–12 sitúa la explicación después de que Jesús queda a solas con los Doce y otros seguidores. Ellos preguntan por las parábolas. Jesús responde que a ellos se les ha dado τὸ μυστήριον τῆς βασιλείας τοῦ θεοῦ (to mystḗrion tēs basileías tou theoû), «el misterio del Reino de Dios», y cita Isaías 6:9–10. Mateo habla de «los misterios» y enfatiza el comprender; Lucas conserva el contraste entre discípulos y «los demás».

Una interpretación afirma que Jesús usa parábolas para ocultar deliberadamente la verdad a quienes están fuera. Se apoya en la formulación fuerte de Marcos: «para que por mucho que miren, no vean». Otra interpreta la cita como una descripción de juicio: la parábola revela la resistencia ya manifestada y obliga al oyente a decidir. Gerhardsson entiende explicación y relato como tradición relacionada, mientras otros estudiosos han visto la explicación como una aplicación desarrollada en las primeras comunidades.

El dato textual impide una solución fácil. Jesús llama públicamente a oír (Marcos 4:9), pero el entendimiento surge en quienes se acercan y preguntan (4:10). La distinción no es entre personas intelectualmente superiores e inferiores. Es entre una audiencia que escucha desde lejos y discípulos que, aun sin comprender de inmediato, permanecen para preguntar.

Adopto la lectura judicial y pedagógica. La parábola no es un acertijo destinado a impedir la fe sincera; su forma descubre la postura del oyente. Quien supone que ya ve puede marcharse con una historia agrícola. Quien reconoce que necesita entender se acerca a Jesús y recibe una explicación que, a su vez, exige respuesta.

¿Cómo explica Jesús la parábola del sembrador? desarrolla esta relación entre relato, Isaías y discipulado.

¿La explicación fue pronunciada por Jesús o añadida después?

La investigación ha propuesto dos posiciones principales. Algunos autores distinguen entre una parábola original de Jesús, centrada en la certeza de la cosecha del Reino, y una explicación alegórica elaborada por la comunidad cristiana para describir su experiencia misionera. Señalan que la interpretación asigna un significado a cada terreno y usa vocabulario asociado a la predicación posterior.

Otros defienden una relación más estrecha entre Jesús y la explicación. Gerhardsson cuestiona que la alegoría sea necesariamente señal de origen tardío y muestra que la interpretación puede pertenecer a la enseñanza de Jesús. Snodgrass también advierte contra separar automáticamente todo detalle interpretado de la parábola original. Los evangelios, por su parte, presentan relato y explicación como palabras de Jesús, aunque cada uno las transmite con su propio énfasis.

Aquí es necesario distinguir niveles. El texto canónico dice que Jesús explicó la parábola. La historia de la tradición pregunta cómo esas palabras fueron recordadas, formuladas y adaptadas antes de la redacción de los evangelios. Mi conclusión toma en serio ambos datos: leo la explicación como parte normativa del pasaje y reconozco que Marcos, Mateo y Lucas la comunican desde contextos pastorales distintos.

La diferencia no destruye el sentido. El anuncio del Reino y el examen de las respuestas humanas se necesitan mutuamente. Una cosecha prometida sin atención al modo de escuchar puede alimentar triunfalismo; un catálogo de obstáculos sin la promesa de cosecha reduce el relato a introspección.

¿Qué significa producir treinta, sesenta y ciento por uno?

El texto de Marcos 4:8 utiliza καρποφορέω (karpophoréō), «dar fruto», y enumera rendimientos crecientes. No define el fruto con una lista cerrada. Dentro del evangelio, el resultado se relaciona con seguir a Jesús, hacer la voluntad de Dios, escuchar su enseñanza y participar en la difusión del mensaje.

Algunos intérpretes consideran las cifras extraordinarias y ven en ellas una señal de la abundancia escatológica del Reino. Otros señalan que, bajo condiciones favorables, cosechas elevadas eran posibles y no necesitan entenderse como milagrosas. Van Eck sitúa la abundancia dentro de la esperanza de campesinos expuestos a precariedad, tributos y pérdida. Francis, en cambio, insiste en el proceso paciente que la imagen agrícola comunica.

No es necesario elegir entre una cosecha realista y una promesa teológica absoluta. La parábola trabaja con una experiencia campesina y la orienta hacia el Reino. La progresión supera las pérdidas iniciales sin afirmar que cada semilla produce igual.

Mi lectura entiende el fruto como una vida y una misión transformadas por la palabra. Las cifras excluyen una comparación ansiosa entre creyentes: el texto acepta rendimientos diversos dentro de la buena tierra. Lo decisivo no es igualar el resultado ajeno, sino que la escucha no termine estéril.

El sentido específico de la cosecha se amplía en ¿Qué significa la semilla que cayó en buena tierra?.

¿Cómo debe leerse esta parábola sin convertirla en una prueba contra otros?

Durante más de doce años he enseñado Biblia en educación superior. En la asignatura Teologías del Nuevo Testamento he pedido exposiciones de un máximo de diez minutos sobre «Evangelio» y «Reino», a partir de una lectura de François Vouga. Ese ejercicio responde a una convicción pedagógica: antes de aplicar una parábola, hay que nombrar con precisión qué anuncia Jesús.

El texto dice que todos los terrenos oyen, pero no todos sostienen la palabra. La interpretación puede usar esos terrenos para examinar comunidades, prácticas religiosas y decisiones personales. Mi conclusión es que el primer destinatario del examen debe ser quien lee. Preguntar de inmediato «¿quién de los demás es camino o espino?» evita la pregunta que Jesús plantea: «¿cómo estoy oyendo yo?».

Eso no significa privatizar el pasaje. Las preocupaciones, la riqueza y la persecución también tienen dimensiones sociales. Una comunidad puede crear profundidad o superficialidad; puede acompañar a quien enfrenta presión o dejarlo solo; puede ordenar sus recursos para servir o permitir que la riqueza defina sus decisiones. El examen personal conduce a responsabilidades compartidas.

Para ampliar el método, ¿Cómo leer una parábola en la Biblia? ofrece criterios narrativos. La parábola del hijo pródigo muestra cómo otro relato de Jesús desplaza la pregunta inicial de sus oyentes.

¿Cómo se pasa de oír a dar fruto?

El relato muestra que oír es indispensable, pero insuficiente cuando queda aislado. El camino oye sin acoger; el pedregal recibe con alegría sin desarrollar raíz; los espinos permiten crecimiento sin liberar espacio. La buena tierra combina recepción y duración.

Una respuesta fiel comienza por identificar el obstáculo que el propio texto nombra. Frente a la dureza, hace falta atención real. Frente a la falta de raíz, hacen falta comprensión, comunidad y prácticas sostenidas. Frente a los espinos, hace falta revisar cómo la ansiedad, el dinero y los deseos compiten por la lealtad. Frente a la buena tierra, hace falta paciencia para no confundir fruto con impresión inmediata.

Clara María Díaz señala que la parábola involucra al oyente en el dinamismo de la siembra. Snodgrass insiste en que las parábolas no solo transmiten información: buscan una respuesta. Mi conclusión es que dar fruto no consiste en admirar la imagen agrícola, sino en permitir que el anuncio del Reino cambie acciones verificables: reconciliar, decir la verdad, compartir, perseverar y anunciar esperanza.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es el mensaje principal de la parábola del sembrador?

El mensaje principal es que la palabra del Reino encuentra respuestas diferentes y que la escucha auténtica se reconoce por la perseverancia y el fruto. Jesús explica tanto la pérdida como la cosecha. El relato llama a examinar qué impide que su mensaje arraigue, sin perder la confianza en la fecundidad final de la siembra.

¿Los cuatro terrenos representan cuatro tipos fijos de personas?

No necesariamente. La explicación describe respuestas reales, pero no afirma que cada individuo pertenezca para siempre a una sola categoría. Una misma persona puede resistir una enseñanza, recibir otra superficialmente o dejar que una preocupación ahogue lo oído. La parábola invita al autoexamen y a una escucha que pueda madurar.

¿Por qué Jesús hablaba en parábolas si quería ser comprendido?

Las parábolas comunican y examinan a la vez. Presentan el Reino mediante escenas cercanas, pero obligan al oyente a relacionar la historia con su postura ante Jesús. Marcos 4:10 muestra que quienes se acercan y preguntan reciben explicación. La dificultad no premia una capacidad secreta; revela si existe disposición para seguir escuchando.

¿Qué significa dar fruto en esta parábola?

Dar fruto significa que la palabra recibida produce una respuesta estable en la vida. Los evangelios no reducen ese fruto a éxito numérico. Incluye obedecer a Jesús, perseverar bajo presión, ordenar las lealtades y participar en el anuncio del Reino. Los rendimientos distintos indican fecundidad diversa, no una competencia entre oyentes.

Referencias

  1. Houghton, H. A. G.; Christos Karakolis; David Parker; Stephen Pisano; Holger Strutwolf; David Trobisch; y Klaus Wachtel, eds. The Greek New Testament. 6.ª ed. revisada. Stuttgart: Deutsche Bibelgesellschaft, 2025.

  2. Fitzmyer, Joseph A. El Evangelio según Lucas. Madrid: Cristiandad, 1986–1987.

  3. Bovon, François. El Evangelio según san Lucas. Salamanca: Sígueme, 1995–2010.

  4. Jeremias, Joachim. Las parábolas de Jesús. Estella: Verbo Divino, 1997.

  5. Díaz C., Clara María. «El sembrador». Cuestiones Teológicas 14/39 (1987): 77–92. https://revistas.upb.edu.co/index.php/cuestiones/article/view/6101

  6. Snodgrass, Klyne. Stories with Intent: A Comprehensive Guide to the Parables of Jesus. Grand Rapids: Eerdmans, 2018. Edición en inglés.

  7. Foster, Ruth Ann, y William D. Shiell. «The Parable of the Sower and the Seed in Luke 8:1–10». Review & Expositor 94/2 (1997): 259–267. Edición en inglés. https://doi.org/10.1177/003463739709400208

  8. Francis, James M. M. «Some Reflections on the Parable of the Sower». Rural Theology 19/2 (2021): 79–83. Edición en inglés. https://doi.org/10.1080/14704994.2021.1980657

  9. Gerhardsson, Birger. «The Parable of the Sower and Its Interpretation». New Testament Studies 14/2 (1968): 165–193. Edición en inglés. https://doi.org/10.1017/S0028688500018609

  10. van Eck, Ernest. «The Harvest and the Kingdom». HTS Teologiese Studies 70/1 (2014). Edición en inglés. https://doi.org/10.4102/hts.v70i1.2715

Luis Berner Romero Sánchez, teólogo y magíster en educación.