¿Cómo describe cada evangelio la buena tierra?

Marcos 4:20 dice que quienes fueron sembrados en buena tierra «oyen la palabra, la reciben y dan fruto», con rendimientos de treinta, sesenta y ciento por uno. Mateo 13:23 reemplaza el verbo «recibir» por «comprender» y ordena las cifras desde ciento hasta treinta. Lucas 8:15 habla de quienes retienen la palabra con corazón bueno y recto y fructifican con perseverancia.

Las diferencias amplían la respuesta. El griego παραδέχομαι (paradéchomai) significa «acoger» en Marcos; συνίημι (syníēmi), «comprender» en Mateo; κατέχω (katéchō), «retener», y ὑπομονή (hypomonḗ), «perseverancia» en Lucas. La buena tierra oye, entiende, sostiene y fructifica.

François Bovon destaca la importancia de la perseverancia en la versión de Lucas. Ruth Anne Foster y William Shiell relacionan esa formulación con la formación de oyentes que mantienen la palabra dentro del camino narrativo de Lucas (estudio). Mi conclusión es que ningún verbo basta por separado: una recepción instantánea que no permanece se parece más al pedregal que a la buena tierra.

Evangelio Acción del oyente Rendimiento Acento
Marcos 4:20 Oye y recibe Treinta, sesenta y ciento Acogida que produce
Mateo 13:23 Oye y comprende Ciento, sesenta y treinta Comprensión fructífera
Lucas 8:15 Retiene y persevera Ciento por uno en 8:8 Constancia del corazón

¿Qué es el fruto que Jesús espera?

El texto no define el fruto mediante una lista. Dentro de Marcos, escuchar a Jesús conduce a hacer la voluntad de Dios (Marcos 3:35), poner la lámpara en alto (4:21) y asumir responsabilidad por la medida con que se escucha (4:24). En Mateo, el fruto suele manifestar una vida coherente con el Reino (Mateo 7:16–20; 21:43). En Lucas, se relaciona con arrepentimiento, generosidad y conducta transformada (Lucas 3:8–14; 6:43–45).

Una interpretación identifica el fruto con nuevas personas alcanzadas; otra, con carácter y obediencia. La parábola no obliga a escoger una sola: la palabra transforma al oyente y, mediante esa vida, alcanza a otros.

Klyne Snodgrass entiende las parábolas como llamados que exigen respuesta, no solo como ilustraciones memorables. Ernest van Eck relaciona la cosecha con la esperanza del Reino dentro de un horizonte campesino concreto (artículo). Mi lectura reúne transformación y misión: fruto es todo resultado verificable que corresponda al gobierno de Dios anunciado por Jesús.

Por eso no debe confundirse fruto con visibilidad pública. Una reconciliación, una renuncia a la injusticia, una fidelidad sostenida bajo presión o una palabra comunicada con verdad pueden formar parte de la cosecha. El relato evalúa fecundidad, no celebridad.

¿Por qué hay rendimientos diferentes?

Marcos y Mateo mencionan tres rendimientos. Algunos intérpretes consideran que ciento por uno sería una cifra extraordinaria destinada a señalar la abundancia final del Reino. Otros recuerdan que una cosecha favorable podía alcanzar resultados altos y prefieren no convertir el número en milagro. James Francis invita a respetar el carácter material y paciente de la imagen agrícola (estudio).

El texto bíblico no reprende al treinta por no ser ciento. Los tres rendimientos pertenecen a la buena tierra. Esa observación limita lecturas que convierten la fecundidad en comparación entre creyentes, congregaciones o ministerios. La diversidad no elimina la responsabilidad, pero impide imponer una medida idéntica a historias y capacidades distintas.

Mi conclusión es que las cifras expresan abundancia diferenciada. La palabra no queda estéril, aunque su resultado no adopte una sola magnitud. La pregunta fiel no es «¿produje más que otra persona?», sino «¿lo recibido está generando el fruto que corresponde a mis oportunidades, dones y decisiones?».

El contraste con los otros resultados se estudia en ¿Qué representan los cuatro terrenos de la parábola?.

¿Cómo se relacionan la gracia y la perseverancia?

La semilla llega al terreno antes de que aparezca fruto. La imagen comienza con una iniciativa recibida: el mensaje es sembrado. Al mismo tiempo, Lucas 8:15 atribuye a los oyentes el acto de retener y perseverar. El relato mantiene juntas la acción de Dios y la respuesta humana sin convertir una en sustituto de la otra.

Joachim Jeremias lee la cosecha como confianza en el triunfo del Reino pese a las pérdidas presentes. Birger Gerhardsson subraya que la explicación confronta al oyente con su recepción de la enseñanza de Jesús (estudio). Una lectura que solo hable de esfuerzo olvida quién siembra; una lectura que elimine la respuesta ignora la diferencia entre los terrenos.

Concluyo que perseverar es seguir dando espacio a la palabra cuando la alegría inicial ya no sostiene por sí sola. Incluye volver al mensaje, aceptar corrección, atravesar oposición, compartir la vida con una comunidad y no permitir que otras lealtades ocupen todo el terreno.

¿Cómo explica Jesús la parábola del sembrador? muestra cómo los tres evangelios describen ese proceso con vocabulario complementario.

¿Cómo reconocer una escucha fructífera?

La buena tierra no se reconoce por una emoción específica, sino por una trayectoria. La comprensión se vuelve decisión; la decisión permanece bajo presión; la permanencia produce acciones congruentes con el Reino. Ese recorrido requiere tiempo, por lo que una impresión intensa no debe declararse cosecha antes de que madure.

Clara María Díaz observa que el oyente queda incluido en el dinamismo de la narración («El sembrador»). La pregunta deja de ser agrícola cuando la palabra confronta la agenda, el uso del dinero, la manera de tratar a otros y la disposición a anunciar a Jesús.

Mi conclusión propone tres comprobaciones sencillas: qué comprendí del pasaje, qué lealtad debe reordenarse y qué acción mostrará que lo recibido sigue vivo. Estas preguntas no sustituyen la obra de Dios; permiten reconocer si la semilla está avanzando hacia el fruto.

El marco completo puede consultarse en ¿Qué significa la parábola del sembrador?, donde se explican la siembra, las pérdidas y la promesa de cosecha.

Referencias

  1. Houghton, H. A. G.; Christos Karakolis; David Parker; Stephen Pisano; Holger Strutwolf; David Trobisch; y Klaus Wachtel, eds. The Greek New Testament. 6.ª ed. revisada. Stuttgart: Deutsche Bibelgesellschaft, 2025.

  2. Fitzmyer, Joseph A. El Evangelio según Lucas. Madrid: Cristiandad, 1986–1987.

  3. Bovon, François. El Evangelio según san Lucas. Salamanca: Sígueme, 1995–2010.

  4. Jeremias, Joachim. Las parábolas de Jesús. Estella: Verbo Divino, 1997.

  5. Díaz C., Clara María. «El sembrador». Cuestiones Teológicas 14/39 (1987): 77–92. https://revistas.upb.edu.co/index.php/cuestiones/article/view/6101

  6. Snodgrass, Klyne. Stories with Intent: A Comprehensive Guide to the Parables of Jesus. Grand Rapids: Eerdmans, 2018. Edición en inglés.

  7. Foster, Ruth Ann, y William D. Shiell. «The Parable of the Sower and the Seed in Luke 8:1–10». Review & Expositor 94/2 (1997): 259–267. Edición en inglés. https://doi.org/10.1177/003463739709400208

  8. Francis, James M. M. «Some Reflections on the Parable of the Sower». Rural Theology 19/2 (2021): 79–83. Edición en inglés. https://doi.org/10.1080/14704994.2021.1980657

  9. Gerhardsson, Birger. «The Parable of the Sower and Its Interpretation». New Testament Studies 14/2 (1968): 165–193. Edición en inglés. https://doi.org/10.1017/S0028688500018609

  10. van Eck, Ernest. «The Harvest and the Kingdom». HTS Teologiese Studies 70/1 (2014). Edición en inglés. https://doi.org/10.4102/hts.v70i1.2715

Luis Berner Romero Sánchez, teólogo y magíster en educación.